06 de mayo de 2016
06.05.2016

Jesús Álvarez: "Letizia sabía lo que quería y cómo conseguirlo"

El periodista deportivo sopla 40 velas en Televisión Española

06.05.2016 | 10:30
Jesús Álvarez: "Letizia sabía lo que quería y cómo conseguirlo"

Jesús Álvarez Cervantes (Madrid, 1958), el hombre y el nombre de los Deportes de Televisión Española (TVE), cumple 40 años frente a las cámaras del canal público inaugurado por su padre, Jesús Álvarez García, en octubre de 1956, cuando la televisión era un aparato «para servir a Dios y a la política española» y un lujo en blanco y negro que pocos se podían permitir.

Reportero de cuna, testigo privilegiado de espléndidas victorias y de frustrantes derrotas deportivas, hijo de la también locutora Beatriz Cervantes, yerno de Emiliano Revilla, secuestrado por ETA, y compañero de telediario de la periodista Letizia Ortiz, Álvarez lo ha vivido todo en la tele durante cuatro décadas que le han llevado a recorrer el mundo.

En tan larga y fecunda trayectoria, el día más feliz de su vida profesional fue cuando la selección española de fútbol ganó el Mundial en 2010; el más triste, la masacre de Heysel que cambió el rumbo del fútbol; y el más difícil cuando conoció el secuestro del padre de su esposa, que se pasó 249 larguísimos días encerrado en un zulo infecto de humedad, caluroso y estrecho.

«Apenas tuve la oportunidad de aprender de mi padre la profesión porque murió cuando yo tenía 12 años», relata el periodista que perdió también a su madre, locutora de Radio Peninsular, en un accidente de tráfico cuatro años después. «Mi hermana y yo solíamos esperar juntos cada tarde, antes de salir para el colegio, a que comenzara el telediario de las tres para ver a nuestro padre», rememora con nostalgia. A su madre la veían incluso menos, pues llegaba a casa a las diez de la noche, cuando ellos ya dormían.

Huérfano y acompañado por su hermana Bárbara, también periodista, Jesús Álvarez tuvo que espabilarse a marchas forzadas. Primero pensó en hacerse ingeniero, pero finalmente su ADN periodístico se impuso y con 19 años se colocó por primera vez delante de una cámara para ofrecer los 30 segundos de información deportiva que pautaban los telediarios de media hora de la época en la que se combinaba aún la imagen en blanco y negro con algún toque de color. «La sección de deportes era una especie de subdivisión informativa», recuerda con sonrisa irónica Álvarez, y en aquellos años era la única información permitida a los que aún no se habían licenciado en periodismo. «Yo estaba todavía haciendo la carrera, sacando fotocopias para los jefes e incluso llevándoles el café», añade el hombre que lleva en la pequeña pantalla más años incluso que el «inmortal» Jordi Hurtado, el presentador de Saber y ganar de La 2.

La revolución en la información deportiva del ente público se produjo en 1992 con la celebración de los Juegos Olímpicos de Barcelona. La mascota Cobi se coló en los salones de todos los españoles que empezaron a sentirse más que orgullosos de unos deportistas que lograron 22 medallas de oro después de desfilar con elegancia marcial en la inauguración siguiendo al abanderado Felipe de Borbón y Grecia, quien 12 años después se casaría con la periodista Letizia Ortiz, compañera de telediario de Álvarez. «Letizia prefirió apartarse de la imagen para estar en los lugares en los que se producía la noticia», comenta elogioso. Álvarez define a la Reina de España en su faceta de periodista como una «polvorillas» capaz de provocar una tensión especial en el espectador cuando daba las noticias. «Sabía lo que quería y cómo conseguirlo», añade convencido.

Años de alegrías
Con el gol de Iniesta en 2010 que hizo a España campeona del mundo de fútbol, Jesús Álvarez pensó que ya se podía morir tranquilo o, al menos, dejar la profesión. «¡Menudos años de alegrías!», celebra aún emocionado por el triplete histórico de La Roja con la Eurocopa de 2008, el Mundial de 2010 y de nuevo la Eurocopa de 2012.

Fue en Johannesburgo donde confirmó que su equipo del alma iba a ser en adelante la selección española de fútbol. Allí fue precisamente también donde no pudo ocultar la sana envidia que sintió por el sorprendente tándem que sellaron con un espontáneo beso de leyenda Iker Casillas y Sara Carbonero, compañera en la competencia de Telecinco y una de las grandes protagonistas involuntarias de aquella competición. «No hay un caso igual: que tu cadena retransmita el Mundial, que tú estés a pie de campo para informar y que tu chico sea el capitán del conjunto que gana ese Mundial», recuerda emocionado.

El 29 de mayo de 1985, por el contrario, entró en shock tras asistir al fatídico partido de Heysel (Bruselas) entre el Liverpool y la Juventus de Turín en el que murieron 39 aficionados tras una avalancha provocada por los hooligans ingleses poco antes de la final de lo que entonces se llamaba Copa de Europa, hoy Liga de Campeones de la UEFA. «Los cuerpos se amontonaban contra las vallas y en décimas de segundo me vi contando cadáveres», rememora con amargura Jesús Álvarez, quien aún tendría que vivir una experiencia casi igual de traumática tres años después: el secuestro por parte de ETA de su suegro, el industrial Emiliano Revilla. «Fueron ocho meses complicados, difíciles, llenos de incertidumbres, angustia y desesperación», admite el periodista, quien para evitar conflictos de intereses se hizo a un lado, rechazó ser el portavoz de la familia Revilla y se limitó a «contar lo que podía contar sin mentir nunca». El larguísimo encierro de su suegro le sirvió a Álvarez para descubrir «quién es quién» en el a veces proceloso mundo del periodismo. «Muchos compañeros se volcaron y no interfirieron en la investigación, pero otros se veía que iban solo a por la noticia inventando cualquier tipo de vericueto para conseguirla», comenta ya sin resentimiento.

Han pasado casi 30 años de ese secuestro y la vida en España, como la televisión, ha cambiado muchísimo. «Yo empecé casi en blanco y negro, con las ondas hertzianas y ahora todo es digital y puedes hacer un directo con solo un teléfono móvil», celebra al tiempo que deja clara una idea de propiedad: la palabra telediario solo la puede emplear Televisión Española. «Es una marca registrada», avisa no sin antes reconocer que la crisis económica y la retirada de la publicidad del ente público han afectado a un canal que ve tambalearse su financiación cada vez que se produce el menor contratiempo. «Hacer buena televisión significa tener dinero», advierte el veterano periodista al que la crisis también ha afectado, «ya casi no viajo», se lamenta. A pesar de los problemas económicos es un firme defensor de la tele pública, pues es la única cadena que ofrece una información objetiva, aséptica y «nada trufada de espectáculo», asegura.

En sus álbumes personales guarda como un tesoro centenares de fotografías que atestiguan sus agitados cuatro lustros en antena. Son testimonios de sus emisiones con la que luego sería la Reina Letizia, de su amistad con el «campechano y castizo» Miguel Muñoz, de sus encuentros con Vicente del Bosque, «todo un caballero» que azuza al equipo con un: «salid chicos al campo y divertíos», de sus más y sus menos con Helenio Herrera o de sus charlas con el recientemente fallecido Johan Cruyff, «quien trajo a España un toque de calidad futbolística que no se había visto nunca antes». Y conserva como un recuerdo imborrable la entrevista que le hizo en Rotterdam en 1984. De Leo Messi dice que es «alma, pulmón y corazón» del Barça, un futbolista «irrepetible» y de Cristiano Ronaldo que se gana a base de sudor y esfuerzo lo que cuesta al Real Madrid. Los futbolistas sufren como nadie el furor que siente la sociedad por ellos, reflexiona. «Los estropeamos, los idolatramos en exceso y al final, los echamos a perder». «¿Quién puede perder un partido cuando cuenta con Messi, Neymar y Luis Suárez?», se pregunta refiriéndose al Barça. Al Real Madrid de Zidane le augura también grandiosas victorias, pero no se corta al aconsejar al presidente merengue, Florentino Pérez, más paciencia con los entrenadores.

Si tiene que quedarse con algo, lo hace con la «humildad» de Rafa Nadal, la osadía de Carolina Marín, la persistencia de Fernando Alonso o el compañerismo de las selecciones españolas de fútbol y baloncesto. «No tengo un deportista favorito porque todos ellos, de una forma u otra, nos han dado y nos dan grandes satisfacciones y nos han hecho sacar pecho en el resto del mundo», concluye imparcial.

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