Obra pública irreflexiva

Editorial

14.11.2013 | 01:01

Dos de los tres casales falleros construidos con los fondos del Plan Zapatero en sendas zonas verdes de Silla han tenido que ser tapiados para evitar los actos vandálicos y frenar la degradación que sufren pese a que nunca han sido utilizados. Los tres inmuebles, que costaron en conjunto 896.000 euros, son el vivo espejo de la desastrosa gestión del no menos desventurado reparto de subvenciones que el último presidente socialista improvisó en un intento de reactivar la ya entonces decadente economía española. A la irreflexiva ocurrencia gubernamental se unió la imprevisión y la desgana de muchos alcaldes que, en el escaso plazo que marcaba la normativa, diseñaron proyectos disparatados sin meditar lo suficiente ni la utilidad de la obra ni el empleo que podía engendrar. El resultado está hoy a la vista: en unos casos, no se cumplieron los fines previstos, y en otros, se construyeron infraestructuras que no han podido aprovecharse al restringirse la financiación de los ayuntamientos que debían dotarlas de personal y medios. En el caso de Silla, la primera autoridad local, entonces tan militante del PSOE como Zapatero, se empeñó en construir los casales falleros sin atender la repulsa que generaba edificarlos en tres parques urbanos ni el recelo que despertaba la ruidosa actividad festiva en terrenos concebidos para el ocio y la relajación vecinal. Hoy, los edificios, inacabados por una sucesión de rectificados de obra tan inexpicables como todo lo anterior, están a merced de los vándalos y han tenido que tapiarse. Un final tristísimo.



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