Los colegios han terminado y los más pequeños tienen más de dos meses por delante para disfrutar de las vacaciones. Se acabaron los madrugones y las rutinas y comienzan los viajes y los campamentos.

Y todo se relaja. Hasta los horarios y la composición de las comidas. Pero lo que no se puede relajar, advierten los alergólogos, es la vigilancia continua para aquellos niños que sufren alguna alergia alimentaria. Porque un descuido puede arruinar unas vacaciones familiares o un campamento de verano.

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Por ese motivo, los expertos de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC), recuerdan algunas sencillas pautas y recomendaciones a los padres para evitar problemas mayores mientras los niños disfrutan de viajes, vacaciones y campamentos.

Antes de viajar: aunque probablemente este año todavía no disfrutemos de una un verano ‘normal’ a causa del coronavirus, serán muchos los que realicen sus desplazamientos en avión o tren, o pernocten en hoteles. Así que antes de viajar la SEAIC recomienda:

Llévalo siempre encima porque nunca se sabe cuándo ni dónde va a hacernos falta.

En el caso de que nuestros hijos tengan alguna alergia, los alergólogos indican la importancia de «informarnos de las medidas de seguridad que nos ofrecen, si hay personas responsables de su vigilancia y si tienen algún protocolo o experiencia en el manejo de estos niños».

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Una vez que tenemos la seguridad de que todo está previsto, la familia debe botiquín de emergencia del campamento.

Por ejemplo, podemos llevarlos escritos en una tarjeta plastificada y enseñarlos cuando nos sentemos a comer. Así no tendremos dudas de que nos han entendido.

Recuerda que los países de la Unión Europea tienen la obligación de informar si el alimento contiene alguno de los 14 alérgenos de declaración obligatoria (leche de vaca, huevo, cacahuetes y frutos secos, pescado, crustáceos, moluscos, cereales con gluten, apio, mostaza, sésamo, soja, altramuz y dióxido de azufre y sulfitos).