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Alicia Miyares

"El sexo, que visibiliza la desigualdad de las mujeres, es irrelevante en la ley trans"

«Detrás de lo ‘queer’ hay negocio»

Alicia Miyares, ayer,
en la Nau de València.  m.a.montesinos

Alicia Miyares, ayer, en la Nau de València. m.a.montesinos

¿Qué son las distopías patriarcales?

Aquellos discursos que buscan decirnos en las mujeres cuál es nuestra posición en el mundo o qué nos define, algo que implica plantear canales de desigualdad y discriminación. A lo largo de la historia ha habido muchas de estas vías patriarcales. Aristóteles ya nos definía como varones mutilados y durante siglos hemos sido definidas como el sexo débil.

¿Cuál es la distopía actual?

El cuestionamiento de lo que somos las mujeres. La irrelevancia del sexo como una categoría que nos ha discriminado, que alguien designe lo que las mujeres somos y que tengamos que aceptarlo.

La ley trans ha pasado finalmente por el filtro del Consejo de Ministros con el aval del PSOE y fuerte rechazo del feminismo. ¿Decepcionada?

Sí. Me da muchísima tristeza. El PSOE se ha equivocado y lo pagará porque ese cambio de opinión genera una desafección profunda, no solamente de las feministas, sino de las mujeres en general. El Partido Socialista ha conseguido siempre un voto mayoritario femenino, porque generaba confianza. Se ha traicionado a sí mismo y traicionado a las mujeres al traicionar al feminismo.

¿Por qué cree que esta ley es tan nociva para las mujeres?

Lo es en la medida en que se te dice que el sexo se puede elegir libremente. La categoría sexo, que era a través de la cual podíamos visibilizar las desigualdades que sufríamos las mujeres, deja de ser operativa, es irrelevante. Ya empieza a no haber estadísticas desagregadas por sexo. Según el último borrador se pueden incorporar varones que se sienten mujeres y además sin cambiar el nombre. Es un despropósito. ¿Se pueden legislar los sentimientos? ¿Por qué no la autodeterminación nacional o la de edad?

¿Qué consecuencias ha tenido en otros países?

Empezamos a salir porque nos llegaron los ecos de lo que estaba sucediendo en otros países. Vimos los efectos de las legislaciones sobre el sexo y la hormonación a menores. Nos ponen como ejemplo el tema de las legislaciones autonómicas previas, pero entonces no había una contestación y las consecuencias de la ley no son inmediatas.

Afirma que la personalidad transgénero borra a las mujeres pero también la transexualidad. ¿Por qué?

Si el sexo se determina libremente, ¿por qué ante una elección libre que, además, afirman, no tiene que ver con salud, el sistema público se tiene que hacer cargo de todo el tratamiento de hormonación o de reasignación de sexo. Es una contradicción. Reasignar el sexo sería como una cirugía estética, pero las personas transexuales experimentan un malestar de salud profundo.

En una sociedad en la que todo es fluido, ¿por qué el sexo, el género no puede serlo?

Me encantaría llegar a esa sociedad donde fuera todo fluido y líquido y no hubiera desigualdad estructural. Cuando lleguemos a esa sociedad, quizá podamos plantearnos un tipo humano distinto. El sexo podrá ser muy fluido para aquellos que gozan de todos los beneficios sociales: me socializo como varón y a los 20 o 30 años, con la mayor parte de mis bienes profesionales que he obtenido como varón, transmuto. ¡Por favor!.

¿Qué daño cree que las acusaciones de transfobia han hecho al movimiento feminista?

En este momento, la acusación de transfobia es una demagogia emocional, porque lo único que hacen es, ante un argumento , contestar con un juicio de valor. Espero que con el tiempo se vuelva contra ellos. Se usa para mermar la libertad de expresión.

Cuando habla de ellos. ¿ A quienes se refiere?

Al movimiento que yo defino como ‘transgenerismo queer’.

¿Pero hay mucha contestación al discurso feminista? ¿Qué hay detrás de ese movimiento?

El origen es la base teórica que se conforma a partir de los años 90 y que ya presenta una agenda contraria a la feminista. Y ahí hay un pulso. No en vano lo que hay detrás es dinero. Queer no defiende solamente al sujeto transgénero, es favorable a la práctica del alquiler de vientres, a la regularización de la prostitución como trabajo, a la hormonación temprana. Digamos que hay intereses económicos muy reales, hay negocio.

Pero el colectivo lgtbi está con la nueva ley...

Está generando división en el colectivo. Toda esta vindicación ha usado la transexualidad y la intersexualidad como excusa. Es una manipulación total de estos dos colectivos que está generando también homofobia, contribuyendo a la invisibilización de lesbianas y gays.

¿Gana fuerza el discurso del no?

Justo cuando las mujeres estamos a punto de consolidar la agenda de igualdad, surgen movimientos reactivos profundos: estamos acostumbradas a luchar contra la derecha ultraconservadora, de la que surgió el primer relato del no, de negar que existe la violencia de género, pero la reacción a día de hoy también está instalada en la izquierda. En realidad, nunca han sido excesivamente feministas, pero acompañaban. Se veía venir cuando algunos sectores avalaban la explotación reproductiva y sexual.

¿Cuál sería el desafío del feminismo ahora?

Poner en valor otra vez la agenda feminista y todo lo que este Gobierno prometió que haría través del Ministerio de Igualdad. Simplemente le dio la espalda a las mujeres. Llevamos año y medio donde lo único que existe es lo trans.

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