Cuando las Fallas se quemaron en septiembre
La vacunación devolvió la fiesta a las calles de València dieciocho meses después de su suspensión

La «cremà» del busto de la Meditadora marcó el final de un ciclo que pasará a la historia de la ciudad. f.bustamante / POR Moisés domínguez
Moisés Domínguez
La vida de una ciudad gira en torno a sus acontecimientos cotidianos. Pero en un tiempo extraordinario como el actual, en 2021 hubo uno por el que más se recordará. Porque nunca, en más de dos siglos, se había dado. Será recordado como el tiempo en el que las Fallas se plantaron y se quemaron en el mes de septiembre. Hubo que esperar a la salvaguarda de la vacunación. La fiesta se malogró nuevamente en marzo porque los indicadores eran malos. Pero tras una intensa campaña realizada por la llamada Mesa de Seguimiento para establecer con Sanidad sus límites, los monumentos volvieron a salir tanto de los talleres como de Feria València y fueron destruidas por el fuego 18 meses más tarde de lo que tenían previsto. Las comisiones tuvieron que aceptar un programa de festejos recortado, sin nocturnidad, sin «mascletà» en la plaza y una Ofrenda con sesión matinal, toda ella con mascarilla (y por un recorrido nuevo a causa de las obras en la plaza de la Reina). Pero las fallas se plantaron. Y la fiesta habría sido mejor si la mayor de las tormentas imaginables no hubiese descargado la noche de la «plantà», malogrando algunos de los monumentos y dañando bastantes más. Una vez coronada Convento Jerusalén, tanto en falla grande como en infantil, la fiesta se desarrolló rebasando generosamente los 30 grados. Las órdenes sanitarias obligaron a quemar más pronto para respetar el toque de queda: a las ocho y a las diez de la noche. Una novedad que se ha quedado ya en el programa oficial. Ardieron todas las fallas, incluyendo lo que quedaba de una maltrecha Meditadora, se eligieron nuevas falleras mayores y la fiesta afronta ahora 2022 confiando poder volver a marzo sin más sobresalto.
Y entre tanto, la ciudad continúa con su ritmo. Incluyendo el pulso entre los socios de gobierno municipal y sus chispazos cada varias semanas. Las elecciones municipales se van acercando y los compañeros de equipo empiezan a mirarse de reojo. Y mientras, la ciudad vive su día a día. Avanza la peatonalización del centro (incluyendo la normativa de acceso vigilado y sancionado), y se proyectan nuevos corredores verdes en el futuro Parc Central. Botellón, delincuencia y droga han movilizado a vecinos en plaza de Honduras, Benimaclet, Orriols y Malva-rosa. Además, la EMT y su ruina económica siguen en el centro del debate.
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