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La dependencia a las redes causa un gran estrés a los "influencers"

Un informe de la UV sobre esta nueva profesión ligada a internet avisa de los altos niveles de ansiedad que viven los creadores de contenido

Dos jóvenes consultan sus teléfonos móviles en la calle. | DANIEL TORTAJADA

Un informe de la Universitat de València (UV) analiza la figura de los influencers, una nueva profesión surgida de internet y de las redes sociales que la Cátedra de Economía Colaborativa y Transformación digital de la UV pone bajo la lupa para conocer sus características y saber qué se esconde detrás de los post de Instagram o vídeos de TikTok con viajes de ensueño; habitaciones decoradas como en las mejores revistas; looks perfectos y desayunos «fit» ya preparados a las 6:00 de la mañana.

Luminita Patras y Adrián Todolí han elaborado el informe «Ser influencer hoy: posibilidades y obstáculos de una nueva fuente de empleo» que, entre otras cosas, analiza una figura que, desde hace una década, «revoluciona el mercado digital, la publicidad y el marketing centrado en el consumidor», en áreas como, por ejemplo, belleza y moda, política y actualidad, historia, desarrollo personal, salud y fitness.

El informe se centra en los creadores de contenido que en muchos casos reciben una remuneración por su trabajo, «que consiste en compartir momentos de su vida diarios, u ofrecer consejos en diferentes áreas», a veces respaldados por marcas; y se basa en una treintena de entrevistas en profundidad a influencers de diferentes plataformas como YouTube, Instagram, TikTok o Twitch, entre otras.

Entre las cuestiones analizadas, los autores concluyen que no todo es de color de rosa en el caso de las y los creadores de contenido. Según han detectado Patras y Todolí —consultora y profesora en Psicología Organizacional y codirector de la cátedra y profesor de Derecho del Trabajo y la Seguridad Social, respectivamente—, sufren un «alto nivel de estrés y frágil salud mental», debido a una ocupación que se considera «volátil», ya que los resultados de su trabajo no recaen sobre ellos, sino en la audiencia y sus followers, la comunidad de usuarios que les sigue.

En concreto, han detectado que «muchas personas de las entrevistadas remarcan los altos niveles de activación y de ansiedad, sin tiempos de recuperación, ya que están conectados a las redes continuamente». Además, se trata de un trabajo que sufre «continuos cambios».

Como se puede leer, «crear y publicar contenido online necesita mucha dedicación, consistencia, constancia y aprender continuamente» pero esto «no garantiza el éxito, ya que depende en gran medida del algoritmo, de la plataforma y de las tendencias del mercado».

Además de la inseguridad del trabajo y la falta de control sobre él, la causa del alto estrés entre los influencers que revela el informe también se debe a la «presión continua de estar en la red y falta de desconexión, falta de descansos y de vacaciones, invasión en otras facetas de la vida (familia, amigos, hobbies), exposición continua al escrutinio público...», cuestiones que no siempre son reconocidas.

Publicar sin descanso

El informe «Ser influencer» diferencia entre dos tipos de creadores de contenidos: los que se dedican de forma exclusiva a este trabajo, «que sienten la presión de estar conectados siempre y de crear contenido y publicarlo continuamente; y aquellos que lo son de manera parcial, ya que la compaginan con otro trabajo o con estudios.

Son estos últimos quienes, según se apunta, viven en una combinación que es «la receta perfecta para el burnout o estar quemado». Con esto, los altos niveles de ansiedad que han constatado los investigadores —además, sin tiempos de recuperación, ya que están conectados a las redes continuamente—, les lleva a concluir que es necesario hablar de salud mental también en este ámbito.

Opacidad en internet

El informe se presentó la semana pasada en una jornada en el centro de innovación Las Naves del Ayuntamiento de València. Aunque resulte paradójico, Patras asegura que han notado «la necesidad que tenían los creadores de contenidos de ser escuchados»; mientras que Todolí destaca que en las redes sociales «falta transparencia en el funcionamiento del algoritmo, no hay regulación en las condiciones laborales ni protección frente al acoso».

En esta línea, el informe concluye que se debe mejorar su «transparencia». Asimismo, también creen que la Administración debería ofrecer «más claridad y un poco de asesoramiento en temas de tributación», ya que la mayoría de las personas que desempeñan esta labor «ha tenido dificultades con la declaración de los ingresos realizados».

Adrián Todolí, coautor del informe, afirma la necesidad de denunciar y frenar el acoso que especialmente sufren las mujeres que se dedican profesionalmente a las redes sociales. Ante esta discriminación de género que han constatado en las entrevistas, el informe propone en las recomendaciones que la Administración elabore «un plan estatal para reducir el acoso mediante la educación, pero también la persecución de los casos más graves, para que ser mujer no se convierta «en un impedimento para poder desarrollarse profesionalmente en las redes». «Ojalá te mueras» u «Ojalá te violen» son algunos mensajes de odio que se han recogido de los testimonios. Además, también hay casos de cyberbullying o racismo.

Precariedad: un mercado muy competitivo, cambiante y sin ingresos asegurados

El informe de la UV considera que el trabajo de creador de contenido es «precario». Entre los argumentos, los escasos ingresos pese a la alta cantidad de trabajo y la inseguridad de mantenerlos siempre; la dependencia de las plataformas; el hecho de cotizar como autónomos; además de un mercado «muy competitivo». Muestra de su delicada situación laboral es que los influencers más pequeños (nano y micro) ven positiva la idea de unirse para tener «mayor poder de negociación con las plataformas para decidir las condiciones de monetización y condiciones laborales en general», mientras que los macroinfluencers —que ya viven de su trabajo—, no se lo plantean. Asimismo, hay que recordar que algunos son menores de edad.

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