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La iglesia que salvó Renau

La Basílica del Sagrado Corazón de Jesús alberga un lienzo del padre del cartelista, que habría impedido su incendio en 1936

La iglesia que salvó Renau

La Historia del Arte alberga sorpresas en cualquier esquina. O en cualquier iglesia. La Basílica del Sagrado Corazón de Jesús de València, en la plaza de la Compañía, cercana al Mercado Central y La Lonja, conserva un cuadro de temática religiosa, por supuesto, en cuya firma se puede leer «J. Renau». A poco que el lector conozca algo de Historia sabrá que Renau no se caracterizaba precisamente por su religiosidad. Militante del Partido Comunista y director general de Bellas Artes durante la República, Josep Renau fue uno de los artistas que más defendió la causa republicana. Entonces, ¿por qué una obra religiosa? Porque sencillamente no era Josep Renau, el cartelista, sino su padre: José Renau Montoro.

La restauradora, doctora en Bellas Artes y profesora de la Universitat de València María Gómez acaba de recuperar este lienzo, Las lágrimas de Santa Mónica con su hijo San Agustín, de cuatro metros de alto, realizado en 1913. La pieza tenía un «navajazo hecho a propósito, seguramente en 1936», sostiene la experta. Se trata de un corte cuya forma responde al gesto de la mano. Lo que le llama la atención es que la iglesia, sin embargo, se salvó de la quema de aquellos tiempos. «A pocos metros los Santos Juanes ardió completamente», recuerda. «¿Entonces, por qué se salvó esta? Una teoría es que el propio Josep Renau medió para que no ardiera el templo que albergaba la obra de su padre», sospecha Gómez.

La experta ha trabajado durante un mes aproximadamente en la restauración del cuadro de Renau. Sus grandes dimensiones imposibilitaron que se llevara la obra al laboratorio por lo que trabajó en la propia iglesia a la vista de los fieles y visitantes. Solo unos bancos la protegían de manos curiosas. El cuadro presentaba, además de ese gran navajazo, un par de cortes más, suciedad y problemas en el bastidor, que no sujetaba bien el lienzo. «El bastidor estaba en peligro y crujía al moverlo. Lo hemos sustentado y los navajazos se han sellado con gasas muy finas, después se retocó con estuco y pintura», explica Gómez.

En cuanto a la imagen, la obra representa a Santa Mónica con su hijo San Agustín y ambos personajes aparecen «muy potentes» en primer plano, fundidos en un abrazo. «Al fondo se ven ángeles con coronas de laurel porque él fue un importante filósofo y otros en el cielo, de muy buena factura. Los detalles son perfectos, hay un rompimiento celestial al fondo, muy difuso, en colores amarillentos. Llama la atención que los dos personajes tienen rostros y manos nada espirituales, son muy de la Tierra. Debieron ser modelos que él cogió de familiares. No están idealizados», señala Gómez.

Actualmente, la obra se encuentra a la izquierda de la iglesia, pero su lugar original está a la derecha del templo, en una hornacina específica para ella, pues la obra se hizo ex profeso para la hoy basílica. Gómez espera que en los próximos días, el cuadro pueda volver a su espacio original, donde ha estado expuesta desde 1913.

Gómez lamenta que la obra de Renau padre sea «poco conocida» ya que «era un gran pintor». Su obra «es inédita y escasa. No sé qué ha pasado con ella porque debería conocerse más, fue profesor de la Escuela de Bellas Artes y restaurador del Ayuntamiento de València. Fue un gran pintor y tuvo que pintar mucho. Esta obra es todo un acontecimiento. He visto algunas de sus obras restauradas y no tienen la calidad de esta. Hacía, sobre todo, temas religiosos y por encargo», sostiene la restauradora.

Gómez revela que no existen cartas o fotografías de Josep Renau con su padre. «Choca que ideológicamente fuera, quizás, tan diferente a su hijo». «Creo que no había mucha relación y que el padre debió sufrir bastante», dice la experta.

En su tesis, Gómez recoge que Renau padre fue uno de los «salvadores» de las obras de la Catedral de València durante la quema de iglesias. «Tengo documentos que aseguran que Renau protegió esas piezas. Cuando se quemó la catedral, él entró y las cubrió con papel de periódico. Lo hizo desesperadamente, con lo que tenía a mano. Cuando vi esos documentos, me sorprendió mucho que fuera Josep Renau el que protegió esas obras, hasta que descubrí que se trataba de Renau padre», concluye.

Un navajazo hecho a propósito. 1 La restauradora María Gómez trabaja sobre el lienzo «Las lágrimas de Santa Mónica con su hijo San Agustín» (1913) en la Basílica del Sagrado Corazón de Jesús. F

2 La obra, ya restaurada, espera volver a su lugar original en el templo de la plaza de la Compañía. F

3 Detalle del navajazo que sufrió la obra, aunque se salvó de ser quemada dentro de la iglesia. F

4 El lienzo está firmado como «J. Renau» y datado en 1913. F

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