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Miradores que dejan sin habla

La denominada ‘ruta de los miradores’, en la Marina Alta, nos ofrece una excursión de día en la que asomarnos a la costa desde una perspectiva inigualable. Además, nos invita a disfrutar sin límite del tornasolado azul de las limpias aguas del Mediterráneo que bañan playas y acantilados.

Vista majestuosa desde el mirador de La Falzia,con l’Illa del Portitxol  en primer término y el Cap de Sant Antoni al fondo.  | A.H.S.

Vista majestuosa desde el mirador de La Falzia,con l’Illa del Portitxol en primer término y el Cap de Sant Antoni al fondo. | A.H.S. A.H.S.

Recién estrenado el horario de verano, que nos permite disfrutar de más horas de luz, y antes de que llegue en su pleno apogeo la temporada estival con temperaturas más elevadas y mayores afluencias de visitantes, es el momento ideal de aprovechar una jornada para recorrer -si no completa, al menos sí los hitos más destacados- la ruta de los miradores que se extiende entre el Cap de Sant Antoni y la Granadella. Un recorrido que sirve de recordatorio de que nuestra costa es mucho más que esa imagen preconcebida de playas y comprende también impresionantes acantilados y perfiles rocosos.

Si iniciamos temprano el viaje y llegamos desde el norte, no olvidemos hacer una primera parada en Dénia y aprovechar para dar un paseo por su casco antiguo o su marina antes de tomar rumbo a Xàbia a través de la vieja carretera que lleva a les Rotes y después transcurre por las faldas del Montgó en un sinuoso trazado de montaña que hará las delicias de los amantes de la conducción pausada. Esa ruta nos conduce directamente al Cap de Sant Antoni, parada obligada para cualquiera que desee asomarse desde un balcón inigualable sobre la bahía y con vistas hasta mucho más allá, hasta el Cap Negre, otro de los hitos de la ruta y desde el que después podremos volver la vista hacia atrás y contemplar a la vez este primer mirador.

La cala de Ambolo, a vista de pájaro desde la imponente altura del mirador que la corona. | A. H. S.

Seguimos camino y descendemos hasta Xàbia. Aprovechemos para recorrer con tranquilidad su casco antiguo en perfecto estado de conservación y remozado. Y en hora temprana, antes de la afluencia más intensa, podemos aprovechar para comer en cualquiera de las innumerables terrazas con vistas al mar. Después, reanudamos viaje acercándonos a Cala Blanca y les Caletes. A partir de aquí volveremos a recuperar las alturas, que ya no abandonaremos hasta el final de nuestro recorrido.

Emprendemos el ascenso del Portitxol y tras dejar la Creu a mano izquierda, nos acercamos hasta La Falzia, quizá uno de los tesoros más desconocidos de esta ruta. Para llegar a este mirador hay que atravesar una inmensa urbanización. De hecho, hay que llegar hasta el final de su vía central, que concluye en un angosto y diminuto cul de sac de donde parte un corto recorrido a pie que nos permite acceder a este impresionante mirador. No se trata un punto único, sino que en realidad es una pequeña senda que bordea el acantilado, con bancos para descansar o simplemente sentarse a contemplar el paisaje, que según hacia dónde se mire dista de ser infinito: desde un extremo, la vista se topa con el Cap de Sant Antoni, y desde el otro con el Cap Negre.

La tranquilidad todavía reina a estas altunas del año en la cala de la Granadella. A.H.S.

Éste es el siguiente destino de nuestra excursión. Atravesando también entre urbanizaciones y residencias a través de una carretera fiel reflejo de las peculiaridades orográficas de la zona, llegamos a esta punta que se introduce en el mar y cuyos recovecos son aprovechados por numerosos lugareños para montar sus mesas y sillas y disfrutar de un picnic con vistas casi particulares por lo reducido de los espacios. Sin embargo, el mirador central nos ofrece una vista amplia y limpia de toda la costa al norte, delimitada al fondo por el Cap de Sant Antoni y la impresionante silueta del Montgó.

Desde aquí, la ruta sigue hacia el sur. Y llegamos al Cap de la Nau, otro de los hitos geográficos de nuestro territorio. Aquí el paisaje es muy distinto si nos abocamos al precipicio desde la vertiente sur o desde la norte. Esta última es, desde lo alto del promontorio en que culmina el cabo, un punto en el que detenerse todo el tiempo que haga falta para recuperar el sosiego que el día a día nos arrebata a ritmo trepidante.

miradores que dejan sin habla

Proseguimos la excursión hacia el sur hasta el Ambolo. Es quizá el punto de acceso más complicado en coche y puede necesitar de cierta destreza en la conducción hacia atrás para sortear la ratonera en que se convierte el acceso al mirador. Sin embargo, merece la pena llegar hasta aquí por la panorámica privilegiada sobre el faro y el conjunto del recién visitado Cap de la Nau, así como la vertiginosa vista de pájaro sobre la cala a los pies del acantilado.

Dejamos atrás el Ambolo y nos dirigimos a la última parada de nuestra excursión: la Granadella. Transitando otra carretera de impacto, podemos acceder al castillo, último mirador del día, antes de descender hasta la cala. Un remanso de paz a estas alturas del año, donde podemos tomarnos también un respiro y disfrutar en alguna de sus terrazas, por ejemplo, de una mistela de la comarca contemplando el atardecer, antes de emprender el regreso. Y si el excursionista es de los que piensan que toda carretera, sobre todo si es de montaña, tiene un recorrido de ida y otro de vuelta completamente diferentes, no dude en regresar de Xàbia a Dènia por la misma ruta del Montgó: los nuevos paisajes le dejarán boquiabierto.

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