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La ruta de los santuarios: Albocàsser y Sant Mateu

Hay en Castelló un rosario de grandes santuarios, que con independencia de su fundación y precedentes, crecieron en los siglos cesáreos: del XVI al XVIII.

La ermita de la Mare de Deu dels Angels de Sant Mateu. L-EMV

Santuarios que van, con toda naturalidad, del Renacimiento al Barroco, con pinturas polícromas, cerámicas muy bien compuestas pinturas negras y hasta grafitti. Los dos están fuera de los cascos urbanos, pero a no mucha distancia —el peregrino valenciano no suele ser de aliento muy largo, pero el castellonenc lo tiene un poco menos corto—, los dos acogen romerías, los dos tienen orígenes prodigiosos: una imagen hallada y curaciones milagrosas en el caso de la Mare de Déu dels Àngels —cuya colina ocupó, antes, una ermita de Sant Antoni y Sant Pau— y la aparición del mismo apóstol, transfigurado en romero, que cura a dos hombres coixos i tolits, amb aigua de la seua carabasseta.

Pero el milagro mayor es que hayan llegado hasta nosotros, que conserven su funcionalidad piadosa y que estén abiertos a otros usos festivos y culturales pues a punto estuvieron de ser borrados del mapa por incendios casuales (en el caso del santuario de Sant Mateu) o provocados por la insania sectaria (en ambos casos).

Ermita de Sant Pau de Albocàsser. L-EMV

No conocí Sant Pau hasta el 2005, año en el que culminó una verdadera restauración global que le devolvió el esplendor mozo: es una posibilidad que siempre tiene la piedra. Era uno de los puntos de visita sugeridos por el ambicioso proyecto Paisatges Sagrats y, desde entonces, he repetido un par veces la intensa experiencia de recorrer este santuario de gran formato, con espadaña de tres campanas, hospedería, dos alas porticadas y una gran campa arbolada (seguramente un antiguo aiguamoll), para solazarse los peregrinos —las romerías de los vecinos de Torre d’en Bessora y Albocàsser tienen lugar en torno a Pentecostés—y celebrar una feria de ganado. Hasta la hiedra de los muros tiene carácter monumental.

'Los dos están fuera de los cascos urbanos, pero a no mucha distancia, los dos acogen romerías, los dos tienen orígenes prodigiosos'

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El caso de la Mare de Déu dels Àngels es distinto: conozco el santuario desde hace varias décadas y el ascenso hasta la colina en el que se levanta es un delicioso paseo desde Sant Mateu, con el pueblo al fondo reposando sobre una plana escueta y seca, y trepando por un camino sinuoso con viejos olivos que aparecen como sorpresas monumentales detrás de algunos de los muchos recodos y que, según se asciende, van cediendo su lugar a los pinos en pleno verdor: es el trayecto que recorren los vecinos de Sant Mateu el segundo sábado después de Pascua y el 21 de agosto (fiesta de San Mateo).

Altar mayor de Sant Pau, en Albocàsser. L-EMV

También aquí hay una hospedería con un comedor muy señorial que ha cambiado unas cuantas veces de cocinero, pero donde se come un poco mejor de lo que uno espera, si no lo conoce en absoluto, pero menos de lo que se echa en falta si uno considera las extraordinarias posibilidades del lugar. En el conjunto llama la atención el campanario que se quedó chaparro (pero entrañable) en relación a los desarrollos constructivos en horizontal.

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