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Tú y yo somos tres

La crítica de Monegal: El niño que de mayor quiere ser comisario Villarejo

Concluye la temporada 2021-2022 (septiembre-julio). Repaso lo que ha sido, a modo de recordatorio y balance. Ha habido momentos televisivos de un éxito de audiencia bárbaro, como la noche que Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, fue a divertirse a ‘El hormiguero(A-3 TV, noviembre 2021). ¡Ah! Fue una jornada espectacular.

El jacuzzi estaba tan bien preparado; el agua en su temperatura adecuada; las burbujas brotando alegres e imparables; el chiquipark del público, exultante; y el masajista perfectamente adiestrado; que consiguieron el record absoluto de esta temporada: llegaron a alcanzar el 28,3% de cuota de pantalla y 4,2 millones de espectadores absolutamente entregados. Hay quien dice que esa fue la noche en que Pablo Casado comprendió que le quedaban dos telediarios. Pero quisiera resaltar, como máxima expresión y ejemplo de la potencia de la tele sobre la condición humana, ese ‘sketch’, tremendo, implacable, que construyó José Mota en su especial de Nochevieja. Aquí se lo conté al inicio de 2022.

Nos enseñó Mota un domicilio común y corriente, normal, habitado por una pareja que contaban, completamente asustados, lo que pasa con su hijo de diez años. Resulta que el niño, de mayor, quiere ser como el comisario VillarejoTal cual. Y aprovecha todos los días para entrenarse. Lleva una gorra como la de Villarejo; lleva la cartera tapándose la cara; lleva un parche en el ojo; y circula por la casa colocando micrófonos por todas partes. Graba a su madre, a su padre, a las visitas, pilla momentos íntimos, y amenaza con tirar de la manta y sacarles los colores a todos, poniendo la grabadora llena de comentarios peliagudos y vergonzantes. De hecho lo hace. Extorsiona a todo ‘quisqui’ sobre la marcha con su colosal archivo de grabaciones domésticas. Y los padres, derrotados y desbordados, explican resignados: "Quiere ser Villarejo. Lo ve cada día en los informativos de la tele, y está entusiasmado". O sea, la tele ha entrado en el tierno cerebro de este niño, y ha quedado impregnado de ese magma intoxicante, ese engrudo audiovisual en el que ya ni los mayores distinguimos entre héroes y villanos.

La popularidad todo lo enrasa. Todos somos niños cuando estamos pegados al cristal del artefacto. Este ‘sketch’ de Mota fue fundamental. Les deseo un feliz verano, dentro de lo que permita el cristal.

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