Cooperativa de Viver: El resurgir de una región vitivinícola histórica

Los vinos y aceites de la Cooperativa de Viver se comercializan en medio mundo. / ED
Vicente Morcillo
Desde su origen, hace más de tres décadas, la Cooperativa de Viver ha lucido con orgullo su condición de cooperativa. Tanto para el equipo gestor de la entidad (con Fernando Marco al frente) como para los cientos de socios que hoy componen el colectivo, ser cooperativa siempre ha sido un plus, un valor añadido. La Cooperativa de Viver comenzó a levantar los cimientos de la entidad hace más de un siglo, en 1915, con la creación de ‘La defensora de Viver’, una cooperativa que comenzó su andadura con la oliva como protagonista. Un siglo después la cooperativa se ha convertido en todo un referente para el sector agrario en la provincia de Castellón, y sus vinos y aceites se comercializan en más de medio mundo. El modelo de gestión de la entidad ha permitido a sus socios incrementar sensiblemente la renta que perciben por sus cosechas, logrando además que se incremente la calidad de la materia prima para elaborar vinos originales y con personalidad que reflejan la esencia de una tierra con siglos de tradición vitivinícola.
Actualmente la entidad cuenta con diferentes secciones en función del tipo de cultivo de cada socio. Así, la almazara procesa la aceituna que aportan los agricultores asociados, principalmente de la variedad Serrana de Espadán, con la que elaboran uno de los aceites de oliva virgen extra (AOVE) de mayor calidad de cuantos se producen en toda Europa, ‘Lágrima’, una marca que se ha convertido en todo un referente para la alta restauración. Nueces, almendras, frutas, hortalizas y otros cultivos como la alubia del Confit complementan un proyecto bien diversificado en el que tratan de poner ahora el acento en la producción de vinos, que en los últimos años ha dado un giro hacia la búsqueda de una identidad propia poniendo en valor no solo el terruño, sino también algunas variedades de uva autóctonas que estaban prácticamente extinguidas como las Pampolat de Sagunt, Mondragón o Morenillo.

Una de las catas organizadas por la Cooperativa de Viver. / ED
Para desarrollar este nuevo proyecto vinícola la Cooperativa de Viver se ha aliado con la consultora enológica Uva Destino & Co. en la que figuran los enólogos Maloles Blázquez y Pepe Mendoza, éste último uno de los enólogos de mejor reputación en todo el país. La bodega presentó el pasado mes de abril los nuevos vinos nacidos del proyecto de recuperación de variedades de uva ancestrales típicas de Castellón que tuvieron gran presencia a finales del siglo XIX y que ahora estaban extinguidas, tras a un arduo trabajo de investigación que ha permitido rescatar clones que se conservaban desde hace más de un siglo en el Registro Nacional de Variedades Vitícolas. Bajo el sello ‘Ochenta y Siete Cubos’, en referencia a los lagares de piedra que desde el siglo XVI existieron en Viver, la cooperativa presentó sus dos primeras etiquetas, elaboradas con Pampolat y Morenillo (la tercera variedad sobre la que se trabaja, Mondragón, sigue en proceso de estudio) y vinificadas en damajuanas de cristal de 50 litros. Las cualidades de ambas etiquetas han quedado refrendadas con la medalla de plata de Morenillo en los Cinve y la nominación como vino revelación del año en la Guía Peñín para Pampolat.
Al margen de este proyecto, la bodega castellonense continúa afinando el resto de vinos que ya comercializan, entre ellos la colección ‘La piel de la vid’, en la que se incluyen Nube sobre la piel, un blanco hecho con uvas de Chardonnay y con cuatro meses de crianza sobre lías y Viento sobre la piel, un tinto madurado 4 meses en barrica de roble y elaborado con uvas seleccionadas de la variedad Syrah cultivadas a setecientos metros de altitud. Junto a estas etiquetas, la entidad también comercializa otra línea de vinos con el sello Odisea, que incluye un blanco y un tinto roble; y La Perdición, un interesantísimo vino tinto hecho a partir de un coupage de Tempranillo, Cabernet Sauvignon, Syrah, Merlot y Garnacha que descansa durante doce meses en barricas de roble.

La Cooperativa de Viver defiende un proyecto de agricultura digna en el que poner en valor los productos agroalimentarios del Alto Palancia. / ED
Al margen de la elaboración de vinos y aceites, la Cooperativa de Viver plantea también un muy interesante proyecto vinculado con el turismo de interior. Bajo el término “agroturismo”, la entidad propone experiencias singulares y también personalizadas en torno al mundo del aceite y el vino. Tras renovar las instalaciones de la cooperativa, estas visitas guiadas suponen una inmersión en primera persona en el mundo de la producción y elaboración de aceite y vino. Además organizan periódicamente eventos de carácter lúdico festivo como Tiempo de Vendimia, en septiembre, el Viver WineFest, que tiene lugar durante el mes de agosto, la Fiesta del Aceite Nuevo en diciembre, o la Feria de la Nuez, otra de las apuestas de la entidad por visibilizar el buen trabajo que realizan los agricultores en los diferentes cultivos que se gestionan en la zona.
Con todo, la Cooperativa de Viver sigue defendiendo un proyecto de agricultura digna para las personas y el territorio y poniendo en valor los productos agroalimentarios de la comarca del Alto Palancia para que la tierra y sus frutos sigan siendo el motor socioeconómico de un municipio que es un orgulloso ejemplo de un sector agrícola vivo y dinámico.

Pampolat, La Perdición y Nube. / ED
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