08 de junio de 2010
08.06.2010

Tormenta perfecta

08.06.2010 | 07:30

Fermín Bocos

Antes que Zapatero fue Clinton —«es la economía, estúpido»— quien se dio de bruces con una realidad que corre paralela a la política condicionándola hasta límites que, en ocasiones, desafían la independencia de los sistemas democráticos y la autonomía de los gobernantes respecto de los poderes económicos. La recta final de la Presidencia europea está siendo todo menos un camino placentero para Rodríguez Zapatero. El Gobierno que preside está bajo mínimos: vigilado por las instituciones financieras europeas; agobiado por el vencimiento de los intereses de la deuda; presionado por los sindicatos para que no dé un paso más en el camino de los recortes sociales ni acuda al decreto para cambiar la normativa laboral y desahuciado, además, por una oposición que le ha declarado «cadáver político» y le niega otra salida que no sea la convocatoria anticipada de elecciones.
Si buscáramos una analogía en el mundo de la mar daríamos con la tormenta perfecta: la conjunción de presión atmosférica, velocidad del viento y mal estado de la mar que de manera ineluctable provoca el naufragio de la nave. Y es entonces —cuando arrecia la tormenta— cuando, tanto en la mar como en la política, la última solución para intentar evitar el hundimiento consiste en soltar lastre; en lanzar por la borda el peso muerto. Que en el caso de Zapatero vendría a ser cambiar el Gobierno. Deshacerse de seis o siete ministros; amortizar dos o tres ministerios y fusionar otros tres o cuatro. Los cambios entretendrían al personal, ahorrarían dineros y transmitirían la idea de que la incompetencia no puede seguir viajando eternamente en coche oficial. Si cambia a unos cuantos ministros ganaría tiempo y el tiempo en política es un gran aliado. Aunque, digámoslo todo, esta fórmula no garantiza la permanencia del PSOE en el poder, pues el propio Zapatero es percibido por una parte importante de la población más como problema que como solución a la crisis que padecemos. Pero, ya digo, en política, ganar tiempo es disponer de margen para que los demás también se equivoquen. Creo que ZP se lo está pensando.

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