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ESTUDIO DE LA OCU

Uno de cada tres usuarios de aplicaciones de citas se considera enganchado a ellas

Los expertos reconocen que estas plataformas pueden ser un complemento válido para encontrar experiencias nuevas, pero que también hay que conocer sus riesgos

Dos jóvenes muestran su perfil de Tinder. ZOWY VOETEN

La pandemia disparó el uso de aplicaciones de citas, que ya suponen un negocio de 41 millones de dólares solo en España. Según un estudio de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), uno de cada diez españoles usa aplicaciones de citas de forma habitual y el 21% la ha utilizado en alguna ocasión. Como casi todo, estos servicios tienen su cara y su cruz. La cara, sin duda, es que permiten conocer a gente de forma rápida y sin invertir grandes esfuerzos. La cruz, que su uso continuado puede acabar descontrolándose y desembocando en una adicción.

De hecho, según este mismo estudio, uno de cada tres usuarios de aplicaciones de citas se considera adicto. Asimismo, nueve de cada diez admiten haber utilizado estas plataformas en el trabajo al menos una vez, siendo la media diaria de unos 30-45 minutos.

Los expertos explican que este consumo adictivo no es casual, sino buscado a través del diseño de diversos mecanismos conductistas y psicológicos que estas aplicaciones emplean para “fidelizar” a sus usuarios y conseguir que se suscriban a sus funcionalidades de pago. En concreto, los desarrolladores se valen de técnicas como la gamificación, propias de los videojuegos, que “enchanchan” al usuario.

Deslizar los perfiles o el “swipe” infinito puede pasar rápidamente de ser una forma más de pasar el rato a la necesidad de búsqueda incesante ante lo que se denomina FOMO (del inglés ‘fear of missing out’, “temor a dejar pasar” o “temor a perderse algo”) o una adicción. En este sentido, la psiquiatra Sandra Bravo, miembro de Top Doctors, alerta del alto nivel adictivo de estas aplicaciones, que provocan en el cerebro un efecto similar al de las tragaperras, las apuestas y algunas drogas.

“Es un mecanismo muy primario de nuestro cerebro, en el que un estímulo nos produce placer y, por tanto, tenderemos a buscar ese estímulo nuevamente para obtener ese bienestar que nos produjo inicialmente. En este caso concreto, en nuestro cerebro hay un chute de dopamina cuando deslizamos un perfil y hacemos ‘match’, cuando recibimos un mensaje de alguien que nos ha gustado o cuando la ‘app’ nos avisa de que le hemos gustado a alguien”, dice.

Daniel Novoa. FDV

"Si se ha convertido en adicción esto puede hacer que otras necesidades básicas queden sin cubrir”

Daniel Novoa - Psicólogo

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Es lo que se denomina refuerzo intermitente, término desarrollado por el psicólogo y filósofo social B.F. Skinner: la incertidumbre con respecto a obtener una recompensa es más adictiva que la certidumbre de tener un premio por una actitud positiva.

“Una de las explicaciones más aceptadas a la hora de entender una adicción es que se ha construido un patrón de refuerzo variable. Entiendo que en este caso ese refuerzo es quedar o tener la opción de quedar o interactuar con alguien interesante y atractivo”, explica Daniel Novoa.

El psicólogo vigués alerta de que la adicción a estas plataformas puede tener serias repercusiones en distintas áreas de la vida de la persona. “Puede hacer que otras necesidades básicas queden sin cubrir, como las relaciones sociales. Otro indicador es dedicar unos recursos desproporcionados para mantener ese refuerzo, en este caso suscripciones premium o estar en múltiples plataformas”, dice.

Hay perfiles más vulnerables que otros a la hora de quedar enganchados a estas aplicaciones. Concretamente, los mileniales son un 125% más propensos que generaciones previas y los hombres, un 97% más vulnerables a engancharse que las mujeres, según Match, la empresa matriz de la ‘app’ de citas estrella, Tinder.

“Veo más probable que esto les suceda a personas que no tienen una vida social muy rica, y proyecten sobre estas ‘apps’ su única forma de poder tener interacciones con personas interesantes para ellos. Por tanto, las habilidades sociales y la capacidad de construir y mantener un mundo social enriquecedor son variables relevantes”, sostiene Novoa.

El momento vital que viva la persona o ver la aplicación como el único medio para conseguir un fin aumenta también el riesgo de caer en una adicción a la misma.

Como cualquier otra adicción, para desengancharse, lo primero que hay que hacer es reconocer el problema. “Esto puede parecer obvio, pero a veces este paso es el más importante”, matiza. Lo segundo, dejarse ayudar si la persona ve que no es capaz de hacerlo por sí mismo. “Otro factor que suele ayudar es poner tierra de por medio y buscar otro medio que pueda dar satisfacción, ya sea en la misma línea: más interacciones sociales, pero estas de tipo tradicional, o incluso buscar placer y satisfacción en otras cosas que no sean las ‘apps’ de citas”, sostiene.

Intenciones deshonestas

Las intenciones de quienes se descargan la aplicación son muy diferentes. Según la OCU, un tercio busca sexo ocasional, otro tercio busca una relación seria o cierta estabilidad y el último tercio solo quiere divertirse. De hecho, el 50% de los usuarios han tenido encuentros sexuales gracias a estas aplicaciones. Ahora bien, el anonimato, como puede pasar con otras redes sociales, puede derivar en faltas de respeto e incluso en acoso. De hecho, una de cada siete personas se ha sentido acosada a través de estas aplicaciones.

No todo el mundo en estas ‘apps’ tiene intenciones honestas, lo que puede llevar a que otros usuarios se sientan engañados, frustrados o con ansiedad. “Ser ingenuo en la vida tiene un precio y esto no es una excepción –comenta Novoa–. Las ‘apps’ de citas pueden ser un complemento perfectamente válido para encontrar experiencias nuevas, pero, como todo, hay que saber dónde te metes, en el sentido de ser consciente de que van a intentar que pagues lo máximo por un servicio eficaz, y que algunas de las cosas que puedes ver son falsas o no buscan lo que tú pensabas. Hay muchos perfiles que no buscan una relación o un encuentro, sino elevar su autoestima o tener más seguidores en redes sociales”.

La triada oscura

Por su parte, la doctora Sandra Bravo destaca que en estas 'apps' se desarrolla una tormenta perfecta, porque hay una conjunción de dos perfiles de usuarios: la Tríada Oscura y las personas dependientes o inseguras. La llamada "Tríada Oscura está compuesta por gente con rasgos narcisistas, antisociales o maquiavélicos. A esas personas les gusta aumentar su ego y este es un buen lugar para conseguirlo, ya que usan las apps para encontrar sexo casual o para lograr ese subidón de ego. Por otro lado, encontramos personas, especialmente mujeres, aunque también hombres en menor medida, huyendo de la soledad, con apego ansioso, y que usan las apps para conectar emocionalmente. Por ejemplo, alguien que desea tener hijos y considera que está siendo tarde para hacerlo y no tiene pareja.

“Se cocina una bomba a punto de explotar: por un lado, individuos poco empáticos, muy centrados en sus propias necesidades, deseos de aumentar su ego, buscando relaciones casuales o muy superficiales, que pueden mentir para satisfacer sus necesidades y otras, con miedo a estar solteras, más dependientes, y, en muchas ocasiones, estas últimas acaban con parejas con menos implicación y en relaciones en la que la otra persona no está dispuesta a dar lo mismo que ellas”, manifiesta la especialista de Top Doctors.

La adicción o la ansiedad relacionada al uso de estas plataformas es, cada vez más, un tema del que hablan en consulta pacientes de prácticamente todas las franjas de edad. “El problema en sí no es la 'app' de citas. La cuestión es que estas 'apps' nos están dando esa posibilidad de conocer a gente a un clic y aumentan nuestras posibilidades de encontrar a alguien, pero también el número de rechazos, de vínculos fallidos, de miedo a no ser suficiente… y esto de forma constante porque llevamos esa app todo el día con nosotros, por lo que se hace aún más evidente", señala.

Las personas en estas 'apps' muchas veces actúan sin tener en cuenta el impacto en la persona al otro lado de la pantalla y, algunos usuarios, podrían jugar el papel de detonantes para los problemas de otros (falta de empatía o de compromiso, críticas…).




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