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La "MSN" valencianista

"Mario, Lobo y Johnny eran fieras"

"Con los tres delanteros nos bastábamos para infundir un miedo impresionante, pero la constancia no fue nuestra mejor arma", evoca Arias

"Mario, Lobo y Johnny eran fieras"

"Mario, Lobo y Johnny eran fieras"

En 1976 era en Mestalla donde se disfrutaba del equivalente al trío formado por Leo Messi, Neymar Junior y Luis Suárez, que se presentan esta noche en Mestalla habiendo marcado 125 de los 160 goles del Barcelona en 2015. En aquella época la «MSN» estaba formada por los valencianistas Mario Kempes, Carlos Diarte y Jonny Rep. «Tenerlos era lo máximo a lo que se podía aspirar en la época. Mario, Lobo y Johnny eran tres fieras. Simplemente con ellos tres nos bastábamos para ser un equipo que infundía un respeto y un miedo impresionantes».

Quien habla es una voz autorizada como Ricardo Arias. El legendario exlíbero del Valencia asomó la cabeza en el primer equipo en el verano de 1976, en una escuadra que conservaba el eco de la Liga ganada en el 71 (Valdez, Jesús Martínez), pero que sobre todo era conocida por su abrumador tridente atacante. Ni los coetáneos en el Barcelona, con Cruyff, Clares y Rexach, ni el Real Madrid con Santillana, Jensen y Roberto Martínez, acumulaban una delantera tan temida e incluso tan mediática, de tanta fama y confeti, con la icónica estética setentera de melenas al viento que lucía aquel Valencia.

Rep (fichado con 24 años en 1975) y Diarte (incorporación estrella previo pago de 70 millones en 1976) llegaron a Mestalla ya como estrellas consagradas por su papel en el Ajax tricampeón de Europa y en el Zaragoza, respectivamente. Y Kempes, reclutado por Pasieguito de Rosario Central, fue la pieza que completó el puzle de ensueño de Ramos Costa con la Liga como objetivo. «El arranque fue espectacular, con una tremenda racha de unos 15 partidos», rememora Arias. El Valencia firmó un gran inicio apoyándose en su demoledora pegada y se aupó al liderato tras ganar con autoridad tres partidos (2-0 al Celta, 4-1 al Espanyol y 1-4 en Elche) y ceder sólo un polémico empate en Atocha ante la Real Sociedad. Diarte se colocaba como Pichichi al marcar dos goles al Betis y sufrió un amago de salir a hombros del estadio por parte de una hinchada entregada.

Pero el globo, en su máxima altura, pinchó. «Perdimos 6-1 en el Camp Nou, visitando al Barça como líderes. Era el primer partido que le televisaban en color al Valencia», evoca el escritor y socio valencianista Rafa Lahuerta. El equipo blanco entró en una dinámica irregular por un cúmulo de circunstancias que lastraban su competitividad: las divergencias de la plantilla con el técnico Heriberto Herrera, destituido a mitad de campeonato, y la grave lesión de Diarte contra el Sevilla, que le mantuvo dos meses fuera. Arias, con perspectiva, encuentra la explicación: «De la gran racha se pasó al desencanto, digamos que la constancia no fue nuestra mejor arma.Ni en aquel trío ni, en general, de todo el equipo». «No se tuvo continuidad, al Lobo le afectó la grave lesión, había partidos internacionales de por medio...». El Valencia entró en una dinámica viciada. La acusada irregularidad en los partidos fuera de casa irritaba el domingo siguiente a Mestalla, pero la bronca se acallaba goleando como local al rival de turno. Era un equipo de impulsos, sostiene Arias, para diferenciar a aquella delantera valencianista respecto a la ambición sin límites de Messi, Neymar y Suárez: «Johnny venía de la Holanda que marcaba escuela con Cruyff y el Lobo puede que fuese más parecido a Luis Suárez, era un delantero completísimo. Pero los jugadores de ahora están educados en muchos parámetros físicos y tácticos. En nuestra delantera primaba la espontaneidad y la intuición».

Lahuerta describe que la «gran frustración» fue no volver a ver al mismo Diarte tras la lesión: «Al principio todos los niños de la época queríamos ser Diarte, que era un portento en Zaragoza. Pero acabó siendo desesperante ver cómo buscaba el choque una y otra vez con el portero. Parecía el día de la marmota». Entre el bajón de Diarte y el efectismo intermitente de Rep emergió un actor inesperado, Kempes, máximo goleador del torneo: «Es Kempes quien estalla y acaba haciendo, y mejorando, todo lo que se esperaba del Lobo», afirma Lahuerta. Arias coincide con esa visión: «Al final Mario, que era el nuevo, acabó convirtiéndose en el jugador franquicia, el que más tiempo aguantó con ese caché y estatus».

La estela se fue apagando si bien el trío continuó arrastrando la leyenda nocturna de sus expediciones a la discoteca Samy. El Valencia acabó séptimo y, en el verano de 1977, Rep era traspasado al Bastia: «Lo que pudo ser aquel año y aquella delantera se quedó en anécdota», concluye Arias.

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