10 de octubre de 2015
10.10.2015

Dos aniversarios

Ahora se cumplen tres años de la muerte de Gómez Llorente. Su legado y sus valores están cada día más presentes y son más necesarios e imborrables entre nosotros. La democracia y la escuela están en deuda con él.

10.10.2015 | 04:15

Ahora en que la Filosofía está pasada de moda para las instancias oficiales (basta ver la Lomce) y cuando se celebra, allá donde se haga, el aniversario del día del maestro (el 5 de octubre), me viene a la memoria la figura de este modesto profesor de filosofía, dirigente socialista y brillante parlamentario llamado Luis Gómez Lorente.

Afiliado al PSOE y a la UGT a finales de los 50, su figura se engrandece con los años al observar la ramplona, miserable, y a veces obscena, panorámica política en la que estamos instalados. Sobrio y desaliñado en el vestir, estoico hasta la médula y machadiano en sus costumbres, su vida discurrió entre las aulas y las tribunas, virtudes para las que estaba formidablemente dotado. Apóstol de la democracia y de los valores del socialismo español, muñidor de ideas y escultor de la palabra, admirador y discípulo de Pablo Iglesias (quizá el más comprometido y mejor dotado de todos ellos) nos legó a través de su figura y su obra un considerable patrimonio de vivencias, libros, conferencias y artículos de prensa.

Militante clandestino contra Franco, comprometido ideólogo y defensor de las libertades, la escuela pública le debe su más encendida defensa y la Constitución parte de sus contenidos. La política le llevó a ser vicepresidente de las Cortes y parlamentario español por Asturias en dos legislaturas entre 1977 y 1982. Ahora se cumplen tres años de su muerte. Su legado y sus valores están cada día más presentes y son más necesarios e imborrables entre nosotros. La democracia y la escuela están en deuda con él. Baste esta columna como una referencia contra el olvido.
Los alumnos en la Secundaria y en el Bachillerato le adoraban por su talante, su capacidad de entrega, su recta conducta y su dominio de la labor docente. Sus aportes a la participación de la comunidad escolar fueron con precisión y tenacidad su mejor aval en defensa de la escuela y los valores de la educación como vía emancipadora de los más necesitados. Muchos de sus principios quedaron recogidos en las primeras leyes de la democracia en ésta materia. Jamás la labor docente y la persuasión como tribuno alcanzaron más valor y más nivel que con las aportaciones y la figura de este ejemplar y modesto profesor de instituto.

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