«Qué va, imposible». Así de contundente se mostró Camps al ser preguntado ayer por un periodista sobre si era posible que renunciara a la vida política. La pregunta fue planteada a su salida de la Universidad de Elx después de que el propio Camps afirmara que le haría «feliz» dedicarse a la docencia. A una semana del Congreso Nacional de Sevilla, en el que Mariano Rajoy renovará a su directiva, y donde el presidente Alberto Fabra tendrá un protagonismo especial con la defensa de su ponencia de estatutos, Camps demostró que sigue teniendo seguidores y que sigue activo. El veredicto de no culpabilidad en la causa de los trajes ha dado oxígeno al ex jefe del Consell, quien se vio obligado a dejar todos sus cargos (la presidencia de la Generalitat y del partido) en favor de Fabra a los pocos meses de haber ganado las elecciones con mayoría absoluta. La incertidumbre sobre su futuro político —Génova le busca una salida fuera de la Comunitat Valenciana— ha generado inquietud en el PP valenciano, en especial, en el Palau de la Generalitat que temen un mandato marcado por la sombra alargada de Camps. De hecho, ayer desde el Consell se intentó sin éxito desactivar la cena que un sector de campsistas de Alicante había preparado a Camps en el municipio de Algorfa, en la comarca de la Vega Baja.

A lo largo de la semana, Presidencia había intentado que el acto se suspendiera alegando que Fabra tenía intención de participar, pero le era imposible por cuestiones de agenda. Sin embargo, lo que al final iba a quedarse en una cena más o menos íntima entre Camps y algunos militantes, se convirtió ayer en una suerte de demostración de fuerzas. Algo así, como que el campsismo sigue vivo. De hecho, los seguidores de Camps se emplearon a fondo para movilizar a cargos y simpatizantes. El encuentro fue ganando adeptos a lo largo de la jornada, hasta sumar cerca de un centenar de personas. Presidencia no pudo ni siquiera evitar que asistiera la alcaldesa de Alicante, Sonia Castedo. Entre las caras conocidas que acudieron a la cena estaban el ex conseller y diputado, Mario Flores, los diputados autonómicos Andrés Ballester —el promotor del encuentro—, Pedro Hernández Mateo, Antonio Lorenzo, además de la alcaldesa de Elda, Adela Pedrosa y César Augusto Asencio, vicepresidente de la Diputación de Alicante. El restaurante se cerró ex profeso para los asistentes. El acto ha sentado como un tiro en el entorno de Fabra. Se considera una suerte de desafío al liderazgo del presidente habida cuenta de las gestiones realizadas desde la cúpula popular valenciana para evitar la cena.