Joan Llinares

´La corrupción ha abierto en canal el sistema. La ´basura´ ha puesto en alerta al ciudadano´

Gestor cultural. Licenciado en Derecho, Joan Llinares (Alzira, 1953) fue administrador del Institut Valencià d´Art Modern (IVAM) entre 1989 y 2000, posteriormente pasó a ser administrador del Museu Nacional d´Art de Catalunya, hasta 2009 cuando fue nombrado director general del Palau de la Música de Barcelona tras el escándalo Millet.

01.04.2013 | 05:30
Joan Llinares, en el despacho de su casa.
Joan Llinares, en el despacho de su casa.

De secretario en un ayuntamiento como Sumacàrcer, tres meses después de la pantanada, a la gestación del museo que dio renombre internacional a Valencia, el IVAM. Su trayectoria continúa construyendo durante 9 años el Museu Nacional d’Art de Catalunya y asume el reto de reparación y puesta a punto del Palau de la Música de Barcelona después del escándalo de corrupción y fraude de Felix Millet.

Del Ayuntamiento de Sumacàrcer postpantanada a gestor cultural, ¿cómo fue el camino?
En el año 88 se creaba el equipo fundacional del IVAM, fue el primer museo en España que funcionaba como una empresa pública, con autonomía de gestión. De hecho el modelo fue innovador y era similar al de cualquier museo americano y marcó la hoja de ruta que han seguido otros museos.

Participó en el nacimiento y gestación del IVAM. ¿Cómo lo ve ahora?
En una situación muy lamentable.

¿En la gestión, en la visión artística…?
A nivel de todo. No se sabe exactamente hacia dónde va, le falta un proyecto. No tiene nada que ver con lo que se concibió. El IVAM colocó a Valencia en el mapa internacional de la cultura. Su rigor lo colocó muy rápidamente en los circuitos artísticos de todo el mundo,...

Se ha perdido con el tiempo el espíritu público de las entidades culturales como el IVAM y otras similares.
Habría que definir el espíritu público. Como entidad cultural pública, creo que en estos momentos no responde al interés de las necesidades culturales sino a los intereses particulares de quien lo dirige, el IVAM actual está muy alejado del sentido que se debe dar a una inversión pública en el ámbito museístico.

Después de 13 años en el IVAM se fue a Cataluña como administrador-gerente del Museu Nacional d’Art de Catalunya. ¿Fue una huida?
Cuando me llegó esta oportunidad en el IVAM yo ya estaba barajando abandonarlo porque sucedían cosas que no tenían nada que ver con lo que yo entendía por gestión pública. Esta discrepancia con el quinto director del museo me animó a buscar otras salidas laborales.

Y cuando está a punto de cogerse un año sabático, le llaman para dirigir el Palau de la Música tras el escándalo de Felix Millet.
Fue un reto al que no me pude negar. A finales de julio de 2009, calculé que iba a ser una tarea de entre 3 y 6 meses..

¿Lo que encontró superó sus expectativas?
Cuando me hice cargo pensé que todo estaba descrito en la querella de la fiscalía, que hablaba de una apropiación de 2,3 millones de euros. Pero pronto empezaron a salir más cosas…

¿Cómo se explica que se cumpla a rajatabla la fórmula de: «per on passa deixa» en la administración pública y de cantidades tan grandes y durante tantos años?
Por la falta de control profesional y la naturaleza política de muchos gestores que no tienen más méritos que el carnet del partido que los ha puesto.

Pero se supone que esos organismos de control existen y se hacen auditorías.
No siempre. Si los que han de controlar la gestión son cargos de obediencia política, aunque haya buenos auditores profesionales, los informes no trascienden y se quedan entre los papeles que se amontonan en las sindicaturas .

El caso Millet abre un nuevo capítulo en la corrupción al tratarse de un caso que implica a gestores que en principio no estaban en la primera línea de la política...
Millet fue un personaje muy influyente en la política catalana. Sus desmanes estaban asociados a un partido en particular. Este caso, junto con el de la SGAE, entidades culturales que en teoría deben dedicarse al arte y a los artistas, surgen de una picaresca secular muy transversal y antigua.

Y la corrupción continúa…
Los casos que se destapan también son porque algo funciona y deben ser revulsivos para que la gente pida explicaciones y sea exigente. La corrupción ha abierto en canal el sistema y la inmensa basura que se ha visto dentro, ha puesto en alerta al ciudadano.

La conclusión de una gran mayoría respecto a la corrupción es que todos los políticos son iguales y quien se mete en política es para sacar algo.
Afortunadamente en política hay muchas personas honestas, pero la gente no las vota. Hemos visto sacar mayorías absolutas a personajes absolutamente corruptos. El ciudadano tiene más responsabilidad de lo que piensa cuando ejerce su derecho de voto. Ahí está el papel de la cultura, las sociedades cultas también tienen casos de corrupción pero mucho menos y las consecuencias son contundentes borrando a los corruptos de la vida pública. Desde la cultura surge el concepto de ciudadano, no en balde la modernidad nace con la Enciclopedia, la gran obra del siglo XVII. Con la cultura, el ciudadano se hace crítico, incrédulo, se arma contra los déspotas y aumenta la autonomía para decidir, valorar las cosas sin el peso del dogmatismo ni la superstición. Blasco Ibañez repetía constantemente que los problemas de España eran dos: la superstición y la incultura. Y por eso se maltrata a la cultura más necesaria que nunca cuando el cóctel de corrupción y crisis está abriendo vías muy peligrosas para la democracia, como el odio hacia todo lo político.

¿Está curado de espanto, no le extrañan los casos de corrupción actuales?
No, lo sorprendente es que no hayan salido antes. La corrupción ha formado parte del sistema. Una de las causas ya la he dicho, ha sido la sustitución de los profesionales independientes y rigurosos por personas de carnet político en los ámbitos de gestión pública. Es una herencia que nos viene del franquismo: funcionarios leales a los partidos políticos en vez de al principio de legalidad. Por eso se han creado superestructuras de asesores responsables de áreas desde las que se difumina el control, se margina a los profesionales independientes a la vez que se desprestigia todo lo público. Es la inercia del franquismo y su administración de partido único, ineficiente y corrupta. Frente a ello loan la gestión privatizada, exaltan que lo público se ha de gestionar como la empresa privada y de estos polvos aquellos lodos… La empresa privada la gestiona su dueño como quiere, él es el único responsable. Trasladado a lo público, toman lo que es de todos por su cortijo particular, como si de sus negocios se tratara y ya sabemos que en el ámbito de los negocios particulares, las comisiones son una tradición mercantil muy consolidada, el 3 %, el 4 % el 5 %… Solo que en lo público esto significa repartirse el dinero de nuestros impuestos, estafar a la sociedad.

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