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Entrevista

José Luis Villacañas: ´España no es una nación completa; le falta reformar la Constitución sin violencia´

Villacañas asegura que el PP da por perdida la Generalitat, por lo que el Gobierno no tendrá ninguna consideración con los valencianos

27.07.2014 | 02:32
José Luis Villacañas: ´España no es una nación completa; le falta reformar la Constitución sin violencia´
José Luis Villacañas: ´España no es una nación completa; le falta reformar la Constitución sin violencia´

Villacañas es doctor en Filosofía por la Universitat de València y profesor en la Universidad Complutense de Madrid. Fue director de la Biblioteca Valenciana entre 1999 y 2003 y es colaborador semanal de Levante-EMV. En «Historia del poder político de España» explica cómo se ha construido la España actual de la lucha entre las diferentes élites. Considera el modelo institucional español el «más arcaico y primitivo» de las sociedades avanzadas. Apuesta por una España federal donde se cuente con los ciudadanos y tengan libertad las minorías territoriales.

«Historia del poder político en España» tiene una tesis que, seguro, levantará ampollas. «La llamada historia nacional es un producto imaginario», asegura. ¿No es España una de las naciones más antiguas del mundo?
No. España es de los estados más antiguos del mundo, es decir, tiene una estructura de poder político que nace a partir, más o menos, de 1480. Y no sólo tiene esta estructura política central sino un dispositivo político de extraordinaria modernidad y poder que es la Inquisición. La emergencia de España como poder estatal está íntimamente ligado a dotarse del dispositivo de la Inquisición que genera un poder político. Mi tesis se basa en que ese Estado central, que tiene intereses imperiales y la Inquisición intereses políticos, sociales y religiosos, no genera nación. No es un poder integrador lo suficientemente fuerte para generar esa homogeneidad, esa disciplina social, esa estructura educativa, que son las formas en las que se constituye la nación moderna.

Pero esa estructura del Estado sí que se pensó para homogeneizar, incluso para uniformar.
Al estar el dispositivo pensado para una estructura imperial, no tiene un diseño específicamente nacional. Por una razón, porque ese diseño pasa exclusivamente por la unificación católica, que per sí sola, no es suficiente para construir nación, porque el catolicismo es internacional. Segundo, porque la estructura imperial está basada en la heterogeneidad, en la integración de territorios. Donde ha existido un modelo imperial, la definición de nación es enormemente compleja y problemática.

¿Es España una nación?
A día de hoy España es una nación existencial, una nación tardía. España más tardíamente que otros pueblos se configura como nación existencial, que es aquella que identifica de forma unánime la diferencia entre amigo y enemigo. España no dio este paso hasta la guerra del Francés de 1808. Francia e Inglaterra surgen como naciones existenciales en los siglos XIII y XIV.

Antes de la guerra del Francés, según explica en su libro, España es un compendio de enfrentamientos civiles cuyo vencedor se impone gracias a otros conflictos internacionales. Como, por ejemplo, pasó en la guerra de Sucesión de 1701 a 1714.
Así es, no hay un movimiento en España unánime hasta la llegada de Napoleón. En 1714 el ejército francés es el de unos (borbónicos) y el inglés el de otros (austracistas). España todavía no es una nación completa. Para que la nación política sea una nación completa ha de superar la versión existencial del binomio 'amigo-enemigo' y tener un poder constituyente. Y eso significa un consenso suficiente y hegemónico como para identificar un forma institucional y de Estado suficientemente solvente y compleja. Lo que define el poder constituyente no es hacer una constitución, España ha hecho muchas, sino que esa carta magna pueda ser reformada por los mismos actores y con las mismas bases originarias.

Entiendo que España no será una nación completa hasta que se reforme la Constitución de 1978 y se retomen los consensos que la alumbraron.
Eso es. España da un paso importante al convertirse en una nación existencial en 1808, pero en 1812 fracasa en el proceso constituyente. También en las posteriores constituciones. España por primera vez es una nación constituyente con posibilidades de autotransformarse en 1978, pero todavía está por ver que sea capaz de encontrar esos consensos.

Las élites políticas no parece que estén tan de acuerdo en esa reforma de la Constitución de 1978. ¿Por qué se está frenando?
La reforma de la constitución se está frenando por un complejo llamado «estilo político hispánico», basado en un sentido patrimonialista de las posiciones de poder con una voluntad de eternizarse.

Habla en su libro de que la clase política española «ha desconfiado de su pueblo durante toda su historia». ¿La soberanía no emana del pueblo?
Nadie ha logrado a lo largo de siglos generar transiciones políticas subinclemente pacíficas y ordenadas. La prohibición, el tabú, del uso de la violencia política para cambiar el poder es muy reciente en este país. La Segunda República está atravesada por esa inhibición del tabú. Hay una violencia terrible a la hora de propiciar el cambio de poder. El estilo hispánico es muy arcaico. La clase política tiene mentalidad de señor y no de servidor público, que es la concepción moderna. El espíritu moderno pasa por ahí y en España no ha entrado de una forma fehaciente porque ha generado una continua desconfianza por parte de las instituciones respecto de su propio pueblo.

¿Eso está pasando en la actualidad?
Está pasando desde todos los puntos de vista. Es la pretensión del Gobierno actual de que en el fondo él es quien nos sacará de la crisis. Esa actitud tiene un discurso implícito: 'dejaros gobernar por los que sabemos'.

Una visión muy paternalista.
Paternalista y patrimonialista. Patrimonio es algo que se concentra en el padre. Una visión autoritaria y exige la disciplina de la obediencia, e incluso, el pago determinados impuestos. Todo esto es una magnifica coartada para disponer del sistema institucional más primitivo, más simple y más arcaico de las democracias modernas. El sistema español es el que tienen menos contrapesos, menos liberal y el que se escandaliza cuando se produce complejidad política. El que manda manda y tiene que dejar claro que lo hace. En España coinciden dos factores contrapuestos, unas élites muy arcaicas y una diversidad y heterogeneidad de representaciones políticas.

Y por ese choque entre élites arcaicas y diversidad política vamos a parar al problema catalán.
Y valenciano. Toda la historia de España es el eterno retorno. El problema catalán ha nacido por esa carencia de articulación institucional. En la segunda legislatura de José María Aznar (2000-2004) está el origen de todo lo que está pasando. Hizo una política de recentralización. Cataluña se vio que podía estar amenazada sin ninguna defensa. El problema del sistema institucional español es la concentración del poder en el Gobierno. Esto es lo que mueve a Cataluña a buscar alguna protección jurídica sobre sus competencias e impulsar la reforma de su Estatuto. En ningún país con minorías, éstas están tan expuestas al arbitrio de las decisiones del aparato gubernamental como en España. A Obama no se le ocurriría interferir en una decisión de California.

¿Plantea usted que el modelo autonómico está superado?
El modelo autonómico está superado por la misma razón que comenzó haciéndose sin saber a dónde iba. Es un modelo que concede libertades. Ese modelo no está protegido. Un presidente de la Generalitat puede cerrar una televisión o un Gobierno central obligar a estudiar castellano en Cataluña. Cuando se habla de imposiciones en Cataluña se olvida que fue Aznar quien supuso que podía alterar todas las leyes que quiso. Esta debilidad es la que debe superar un estado federal, que añade a la división de poderes convencional la territorial. No se pueden alterar las competencias de un territorio sin su consentimiento.

¿Ese «corsé» aplicado por el Gobierno a Cataluña es equiparable al que está sometiendo en materia económica y financiera a la Comunitat Valenciana?
La política es más importante que la economía porque habla del futuro. No creo que el problema fundamental catalán sea el económico. El mayor problema de España es que no se haya dotado de instituciones legitimadas por todas las partes, por ejemplo en la redacción de las balanzas fiscales. ¿Alguien ha sido llamado a configurar de manera colaborativa esa balanza o es un 'diktat'? El futuro económico no está totalmente en nuestras manos porque dependemos de un sistema mayor. El político sí. Si alguien es capaz de imponer que todos los territorios son iguales y homogéneos a Castilla-La Mancha y la Rioja, si alguien impone eso, Cataluña, Valencia, el País Vasco y Galicia perderán toda posibilidad de reconocerse.

¿Pero no es eso lo que intentó el «café para todos»? Diluir esas nacionalidades históricas...
Allí se dieron cita dos cosas. Gracias al arrojo se Adolfo Suárez se dio libertad a los territorios para que iniciaran ese proceso sin ningún objetivo. Pero eso se mezcló con la emergencia de Andalucía. El café para todos surge desde el momento en que Andalucía desde un referéndum aprueba impulsar su estatuto desde el artículo 152 de la Constitución. Se convierte en nacionalidad histórica y abre la vía para ese café para todos. Pero esa situación permite una estructura federal futura. Pero eso no significa homogeneidad. Implica articular las diferencias. Debe conceder garantías a que las minorías nacionales van a ser respetadas y van a cambiar su estructura interna con su propio acuerdo. Esta posición es la que las élites centrales no están en condiciones de ver. Desde la segunda legislatura de Aznar las élites centrales pensaron que los estatutos eran reversibles.

¿Puede ser que el problema de las actuales élites sea desconocer, o no querer ver lo que ha sido la historia de España?
Las élites españolas acarrean vicios históricos que no saben percibir. No saben hasta qué punto están reproduciendo el pasado. No conocen la historia de su país y de su pueblo.

La izquierda española siempre ha tenido más sensibilidad por la pluralidad territorial que la derecha. ¿Está totalmente desarmada en la polarización del debate catalán?
En la situación actual, el problema catalán, que ha emergido por una inseguridad existencial y la falta de articulación institucional, coincide con una crisis económica que ha asustado a la burguesía catalana, que teme una emergencia del anarquismo y la extrema izquierda. Eso es lo que ha unido a CiU y ERC para impedir una salida populista de extrema izquierda. Cataluña ha sufrido tanto como Valencia, pero sus instituciones nacionales han resistido. Es una magnífica escuela de lo que es hacer política. El resto de España no ha sabido hacer esto.

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