07 de septiembre de 2015
07.09.2015
Fútbol sin fronteras

Balones de solidaridad

Dos puntos distintos en África, pero el mismo objetivo: enseñar los valores de la vida a través del deporte a los más necesitados

07.09.2015 | 04:15
Niños marroquíes en el campo de fútbol del barrio Betana de Salé, junto a Campos.

En eso se basa la importante labor que viene realizando la entrenadora de fútbol valenciana Patricia Campos durante el último año

«Lo hago porque me hace feliz y es una satisfacción». Con esta claridad contesta Patricia Campos (Onda, 1977) cuando se le pregunta por qué decidió dejar la vida común que llevaba „a caballo entre Carlsbad (California), Valencia y Onda„ para emprender una nueva aventura lejos de casa y en solitario.

Con unas botas de fútbol en la maleta y un balón, la entrenadora valenciana puso rumbo a Uganda, concretamente a Kjitende, donde llegó con la ilusión de transmitir a los más necesitados todos los conocimientos futbolísticos que había adquirido en sus etapas como mediapunta en equipos como Las Panteras, Villarreal CF y Universitat de València.

«Allí no hay leyes ni valores y su vida no vale nada, por eso el ver un brillo especial en los ojos de los niños cuando estás jugando a fútbol, o enseñándoles español, te hace valorar más las cosas», apunta.

Y es que Patricia, además de ser futbolista, es también la primera mujer europea entrenadora de un equipo de fútbol en Estados Unidos. Un rango que le sirvió para que la ONG ´Soccer without borders´ (´Fútbol sin Fronteras´) contactara con ella y le propusiera participar en uno de sus proyectos solidarios en África. Ella no se lo pensó: pidió una excedencia en el ejército (es la primera mujer piloto del ejército español) y viajó hasta Uganda como una voluntaria más.

«Vivía en una casa de voluntarios y todas las mañanas recorría hora y media hasta el colegio donde daba clases de español por la mañana a niños de entre 2 y 21 años y, por la tarde, enseñaba a jugar a fútbol. Tenía más de cien pequeños entrenando y, además, también un equipo exclusivamente de mujeres y niñas con sida», recuerda.

Ver a los más pequeños jugar a fútbol descalzos o con balones hechos con tela, en campos de piedra y arena, pasaron a ser imágenes cotidianas para Patricia, quien quedó muy sorprendida por «la fuerza física» de todos ellos. «Son grandes atletas. No tienen mucha técnica pero sí mucha fuerza física y velocidad sin zapatos», comenta.

Lucha por sobrevivir
Una fuerza física que en muchos casos no les sirve para sobrevivir ya que la mayoría de sus alumnos sufría algún tipo de enfermedad „mayoritariamente sida„ y otros eran huérfanos. «No veo solución a sus problemas: pobreza, enfermedades, corrupción... Pero, por lo menos, les he abierto la mente y he conseguido que algunos vean la vida de otra forma», asegura con cierta melancolía.
Después de estar tres meses en Uganda, con todo lo que ello comporta, Patricia regresó de nuevo a casa. Aunque poco ha durado su estancia aquí. Porque, meses después, la entrenadora ondense ha decidido afrontar un nuevo reto, también en África, pero esta vez en Marruecos.

El paisaje ha variado en muchos aspectos en comparación con Uganda. En Marruecos hay menos enfermedades aunque también mucha pobreza, pero los más afortunados practican fútbol en campos de césped artificial. Aun así, la entrenadora valenciana tiene mucho trabajo por delante para cumplir uno de sus objetivos, como es enseñar los derechos de las mujeres también a la sociedad marroquí: «Defiendo los derechos humanos y quiero hacerles ver a los niños y niñas que tienen que luchar por su vida y que se merecen todo el respeto».

Mujer y deporte
Hacer ver a una sociedad de marcado carácter machista como es la africana que las mujeres «con deporte y estudios están más formadas» es tarea complicada pero Patricia cree que si ya lo consiguió en Uganda también lo hará ahora en Marruecos. «Les daba quince días de prueba para que vieran cómo entrenábamos y cómo jugábamos y, al final, todos venían a vernos. Yo ponía el material, mi tiempo y cariño y, aunque al principio no fui bien recibida, acabé convenciéndoles», recuerda desde Salé, una ciudad al norte de Rabat que se ha convertido en su nueva casa.

En esa parte de Marruecos tampoco tiene que estar repitiendo a todas horas aquello de que «no soy un hombre, soy una mujer que hace deporte» para justificar su labor y Patricia puede transmitir con más libertad su pasión por el fútbol. Un deporte que para ella es «como el abrazo de un amigo incondicional que me aporta mucha felicidad y me provoca hasta cierto nerviosismo».

Fans del Valencia y de Soldado
África es un continente muy grande y, en función de la zona en la que uno se mueve, las aficiones por uno u otro equipo son diferentes. Así, Patricia comprobó que en la zona de Uganda los más pequeños eran seguidores, sobre todo, de la Premier League (en su día fueron una colonia inglesa) aunque también vio a algunos vestir la camiseta del Valencia o del Betis.

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