24 de abril de 2016
24.04.2016
Opinión

¿Quién tendrá la culpa del 26J?

Tanto Sánchez como Rajoy se juegan su carrera política si no logran formar Gobierno ni mejorar sus resultados electorales

24.04.2016 | 00:16

Escenario complejo. Los principales partidos afinan su estrategia de cara a unas más que previsibles elecciones en junio y se intensifica el cruce de reproches mutuos.

A dos meses de que se repitan de nuevo las elecciones generales, Felipe VI llevará a cabo una última ronda de diálogo con los líderes de las fuerzas políticas del Congreso. Será la última oportunidad para que el líder del PSOE, Pedro Sánchez, pueda presentar un improbable acuerdo «in extremis» que, por sorprender, dejaría con la boca abierta a toda la clase política, incluidos los barones de su partido, con Susana Díaz a la cabeza. Sin embargo, esta posibilidad parece remota.

En cuanto a un posible pacto de «gran coalición» entre el PP y los socialistas y Ciudadanos se vio el jueves que era imposible tras aclarar Mariano Rajoy que no iba a llamar a Sánchez porque «no quiere» el pacto. Por todo ello, los estrategas de los partidos han acelerado sus tácticas para posicionarse mejor de cara a las previsibles elecciones del 26 de junio.

La última propuesta «extravagante» la realizó el líder de C's, Albert Rivera, al sugerir que tanto Rajoy como Sánchez dieran un paso al lado para encargar el Gobierno a un tecnócrata de consenso. Una oferta que duró lo que tardaron el presidente en funciones y líder del PSOE en rechazarla. Rajoy replicó al líder naranja que «¿por qué no se va él primero?». Sánchez fue más diplomático y reiteró que no tira la toalla en su idea de formar un ejecutivo con C's y Podemos.

Preparativos electorales

Sin embargo, el líder del PSOE ha utilizado la base de su acuerdo de legislatura con C's como si fuera el yelmo de Mambrino: un documento que le hacía inexpugnable y que tarde o temprano obligaría a Podemos a abstenerse o a sentarse a negociar sobre su base Pero lo cierto es que el proyecto de Sánchez y Rivera fue derrotado en el Congreso, en febrero, por 131 votos a 219 en contra.

Entre tanto, en los cuarteles generales de los cuatro grandes partidos ya trabajan con la convicción de que habrá que ir a elecciones el próximo 26 de junio y actúan como si estuviéramos en precampaña con el objetivo principal de evitar que los votantes identifiquen sus siglas con el fracaso de los pactos. Quién tiene la culpa de los más de seis meses perdidos parece ser la cuestión central.

Los líderes engrasan el discurso de que lo han intentado todo, pero que no ha sido posible por culpa de los rivales. En los últimos días han crecido estas acusaciones cruzadas y se espera que se recrudezcan una vez se constate que Sánchez no tiene los apoyos necesarios tras la reunión con Felipe VI del martes.

Todo es estrategia electoral. Rivera, ha venido presionando sin éxito para que Mariano Rajoy dejara paso a otra cara renovada en el PP para propiciar un gobierno a tres con PP y PSOE. Los populares han rechazado desde el principio tal posibilidad y sus estrategas lo fían todo a un avance del centro-derecha (PP y C's) que logren poder gobernar o, al menos, forzar a Pedro Sánchez a negociar la «gran coalición» que desea Bruselas.

En el PSOE apuntan a Podemos para justificar que no haya prosperado el Gobierno progresista y reformista que pretendía junto a C's. Y lo personalizan en Pablo Iglesias. El exceso de soberbia del líder del partido del círculo, su enfrentamiento con su número dos, Íñigo Errejón, y recientemente con los periodistas juegan a favor de esa estrategia. Aunque la volatilidad del electorado y el hecho de que más del 91 % de sus simpatizantes apoyaran a Iglesias en su afán de un ejecutivo progresista «a la valenciana» (con PSOE, Podemos, Compromís e IU) no aseguran una caída de escaños como casi todas las encuestas prevén.

La «sorpresa» Podemos-IU

Al contrario, el acuerdo previo al que habrían llegado Iglesias y el líder de IU, Alberto Garzón, para formalizar una coalición electoral podría dar un vuelco y producir el «sorpasso» temido por los socialistas. Desde Podemos y sus confluencias –que esta vez podrían extenderse a Andalucía, Madrid o Aragón, además de Cataluña y Galicia–, el mensaje será culpar al PSOE, representado en su Comité Federal, como artífice que ha impedido el acuerdo de izquierdas, y en el propio Sánchez, por no haber doblegado a sus barones. En cuanto a la Comunitat Valenciana, renovar el pacto Compromís, Podemos con la inclusión de Esquerra Unida será complejo, ya que la formación valenciana querrá asegurar un grupo propio en el Congreso.

Con todo, hay voces que no dan por perdida la batalla de la formación de un gobierno en el último minuto. Sánchez podría presentar un gabinete sobre unas bases mínimas de acuerdo con apoyo externo de Podemos y C's. Aunque es un rumor muy improbable. El político socialista sabe que se juega su futuro si se llega al 26J y su partido bate el récord negativo del 28D. Si es así, la líder socialista andaluza, Susana Díaz, lo fulminaría. Un dramático destino que Rajoy comparte con Sánchez: si no gobierna, habrá acabado su carrera política.

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