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Caballos de refresco

Cruz Sierra

 05:30  

Resulta una ironía de la vida que la mayor entidad financiera cien por cien valenciana que va a quedar en la Comunidad Valenciana sea el SIP creado en torno a Ruralcaja y otras 13 cooperativas de crédito menores, conducidas por la batuta de Juan Antonio Gisbert, el mismo que dinamitó técnicamente (no ideológica ni estratégicamente) el último intento serio de fusionar CAM con Bancaja. Primero fue recompensado generosamente en la CAM por los servicios prestados y luego, en Valencia, recibió el mando de un nuevo aunque algo harapiento ´ejército´. Toda una metáfora sobre cómo funcionan y se entienden las cosas en esta latitud. Mientras tanto, en Bancaja y después de las fanfarrias de los primeros momentos, ya se ha procedido al lógico apagón informativo para que los comisionados de la casa puedan afrontar con tranquilidad el cuerpo a cuerpo de la negociación con los madrileños sobre los términos de la capitulación. Aunque así ha sido siempre (observen el retrato magistral de La Rendición de Breda realizado por Velázquez y pónganle caras), no queda por menos que desconfiar del proceso. Lo cierto es que si hubiera alguien con entereza política dentro de esa ´casa´, que sabemos desierta, el seguimiento y control de las negociaciones correspondería a la Conselleria de Economía y su brazo armado (el último que le queda), el Instituto Valenciano de Finanzas, instituciones ambas responsables de que los acuerdos ahora en negociación no perjudiquen más a los ya de por sí magullados intereses valencianos.

Con la Ley en la mano. Así figura en la Ley de Cajas de Ahorro de la Comunidad Valenciana, que señala a esa conselleria responsable última de suscribir y autorizar la fusión de las cajas de ahorro valencianas. En su capítulo III, artículo 13, apartado 6º ,indica que «el conseller de Economía, Hacienda y Administración Pública velará por el cumplimiento y eficacia de los pactos de fusión contraídos o suscritos entre las Cajas de Ahorros que hubieran sido objeto de un proceso de fusión». ¿Tiene previsto el abnegado conseller y vicepresidente del Consell Gerardo Camps velar por «la eficacia» de los pactos de fusión con Caja Madrid? En caso afirmativo, ¿lo hará con mayor o con la misma intensidad mostrada durante los acuerdos generales de fusión entre las dos ex cajas valencianas? Asimismo, cabe preguntar si el Consell, con su presidente al frente, ha cumplido con las funciones que le encomienda la misma ley en el mismo artículo 13, apartado 7º, donde se señala que «cuando se produzca una fusión entre una Caja de Ahorros con domicilio social en la Comunidad Valenciana y una Caja que tenga su sede social en otra Comunidad Autónoma (…) en el acto administrativo que autorice la fusión se determinará la proporción que corresponderá a las administraciones públicas y entidades y corporaciones de derecho público de cada comunidad en los órganos de gobierno de la caja de ahorros resultante». No parece, a estas alturas y con los datos aportados, que el Consell haya intervenido en la determinación del porcentaje del 37,7% que a Bancaja le corresponderá en el futuro SIP que nazca a la sombra de la mayoritaria (52%) Caja Madrid. Más bien podría decirse que se ha entregado la joya de la corona sin que desde la calle Caballeros se haya disparado un solo cañonazo en defensa al menos de las contrapartidas (lo de la sede social es una broma de mal gusto). En el SIP de la CAM al menos quedó establecido que no hubiera nadie con mayoría absoluta y que todos necesitaran de todos para tomar decisiones. Ante la previsible apertura del proceso de privatización de las cajas de ahorro a partir de finales de año no está de más contar con una posición blindada dentro del futuro accionariado que garantice determinadas cuestiones.Pero no existen de salida razones objetivas para pensar que a partir de ahora las cosas se vayan a hacer bien. Rendidos a los pies del Banco de España, de Rodrigo Rato y de la partitocracia capitalina, y aún reconociendo las demostradas virtudes de José Luis Olivas como fajador nato, ya no resta apenas capacidad de maniobra para arrancar nuevas mejoras sustanciales, ventajas ni garantías de Caja Madrid en la letra pequeña de los acuerdos que no fueran tenidas en cuenta cuando se redactó precipitadamente la letra grande sin luz ni taquígrafos. Por ejemplo, el nivel de autonomía que quede en Pintor Sorolla para las decisiones de inversión crediticia, o el tipo de asuntos que necesitarán mayorías cualificadas y no simples para ser aprobados en el consejo del futuro SIP, entre otras múltiples cuestiones. Una negociación alambicada en la que va a resultar difícil para los valencianos encontrar elementos de negociación suficientemente pesados para presionar ahora a Rato y los suyos (recuerden, entre ellos se encuentran los expertos ´samurais´ de Faes) una vez que desde nuestra débil Generalitat se hayan lanzado las campanas al vuelo sobre las excelsas virtudes de la operación y desde sus lobbys adheridos señaladas las ventajas de estar «más cerca» de Madrid (¿«más cerca» de Madrid? No, ya estamos financieramente «en» Madrid...).

Adiós a la melancolía.Pero al margen de que estas negociaciones sigan de mejor o peor manera su curso natural, tampoco vale la pena quedarse atrapados melancólicamente en el cenagal del fracaso colectivo y el victimismo habitual. Tras la reflexión y diagnóstico de lo ocurrido, en muy poco tiempo, cuanto antes mejor, deberá abrirse el gran debate sobre el proyecto de futuro para este singular territorio y sus habitantes. De fabricar consensuadamente un plan estratégico que contemple las debilidades, fortalezas y oportunidades aún presentes en esta potente comunidad de cinco millones de ciudadanos (más que Madrid) y preparar un resto de siglo del que el conjunto de los valencianos pueda participar o al menos sentirse ilusionados y orgullosos. Pero esta vez pensado con la cabeza y no con los pies. Se dice que las crisis son antesala de las oportunidades. A la Comunidad Valenciana, que atraviesa una dura crisis en la mayoríía de sus ´ratios´ económicos y sociales, así como en su propio concepto como comunidad, se le abre por delante un esperanzador periodo de rediseño y reconfiguración de sí misma, de búsqueda de un nuevo papel en esta maldita función que le ha tocado representar. Bien, preparémonos para ello. Todo está abierto y todos caben. Sin embargo, para esta carrera que está a punto de comenzar, queda claro que no sirven los mimbres que la hicieron perder la anterior. Hay que cambiar de caballo y retirar el cojitranco porque ya no ofrece confianza a nadie. Si ya estaba ´tocado´ antes del abrazo del oso, éste le ha dejado definitivamente inservible para acometer desafío alguno. En las cuadras aguardan impacientes otros corceles de refresco. Que tengan su oportunidad para intentar el liderazgo.

Periodista
[cruzs@arrakis.es]

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