Doctores en leyes

27.10.2010 | 07:30

Jesús Civera

Base el crucero en yate por Ibiza, que todavía posee destellos de aquel lujo dorado de los Onassis y la Riviera Francesa. ¿Pero ensuciarse (Enrique Beltrán) por dos viajes a Andorra? ¿Por tres trajes? ¿Por un Mini Cooper de segunda mano? A Andorra acudían las masas valencianas a comprar azúcar y queso y a abastecer la despensa. La alcaldesa de Alicante, dice el fiscal, también escaló los Pirineos. Y viene a añadir que la excursión turística se la pagó el empresario Enrique Ortiz a cambio de dibujarle un Plan General a medida. No sé. Huele como muy cutre: un Plan General por dos viajes a Andorra y un mini. Los planes generales se cotizan cada vez menos. Cosas de la crisis, que trastoca valores e intereses. El fiscal sostiene que la alcaldesa ha podido incurrir en delitos de cohecho, tráfico de influencias y revelación de secretos. Algunos delitos de esa cartografía son ya como el catecismo de los valencianos. Los valencianos han pasado de ser expertos en filología —cada alma valenciana, desde la batalla de Valencia, poseía un diccionario catalán/valenciano dentro— a doctorarse en leyes, sobre todo en algunas inciertas figuras jurídicas en las que no hay establecido un paradigma científico y sobre las cuales los cátedros discuten efusivamente. Eso sí, el cohecho (propio o impropio) ya es tan popular hoy en esta periferia como la Santa Faz, el Micalet o los trajes rojos de Rita Barberá. El ex fiscal Beltrán, por ejemplo, que estuvo con el PSOE y con el PP, coincidía con las tesis de Alfonso Rus: exigía devolución de favores para aceptar el primer enunciado. Flors, al parecer, no. En fin. En las ferias de los pueblos el personal polemiza sobre estas figuras jurídicas como si vociferara a las vedettes.
Castedo, en todo caso, enseñó facturas. Se ve que se las guarda. No como otros. Por los despistes en la conservación de los papeles, está en cuestión Camps. Luna también, pero sólo de forma tangencial: cuando ocurrió la trapisonda no ejercía como cargo público. Castedo es más previsora. Se nota a la legua. Desempolvó las facturas en un santiamén.
Lo cual no confiere, si ensanchamos el plano escénico, absolutas garantías. Las peripecias del supuesto intercambio no son anecdóticas. Sobre las renuncias a determinados agasajos también se cimenta el entramado democrático. Pilar Miró pagaba sus vestidos con fondos públicos. Lerma no consentía que saliera un libro de su despacho. Son dos conceptos de la ética pública, a elegir. De ambos modelos parte la higiene y sobriedad o la descomposición y la corruptela. Un dirigente no se puede dejar embadurnar ni por el tacón de un zapato. Si la tentación vive en su cabeza, que se dedique a otra cosa. La frontera público/privada, en un gobernante, ha de aceptar el inevitable muro de cemento.
Aunque para austeridades, las de María Dolores de Cospedal, número dos del PP. Declara un sueldo de más de 241.000 euros. Hay que apretarse el cinturón, sí. Pero algunos deberían comenzar antes que otros.

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