Urdangarin se evade en Suiza

Matías Vallés

15.09.2013 | 05:30

Una vez aclarado que la injusticia es igual para todos, las últimas mudanzas de los duques de Palma de Mallorca demuestran que el título de imputado conlleva una mejora sustancial de las condiciones de vida. Si un presunto corrupto como Ignacio Urdangarin, por no hablar de la esposa que se embolsaba la mitad de las ganancias, puede campar a sus anchas por Suiza, más de un cargo político se replanteará su honradez para acceder cuanto antes a tan descansada existencia. Cabe recordar el nimio detalle de que la seguridad y una parte sustancial de los gastos del matrimonio son sufragados con cargo a los Presupuestos Generales del Estado. En este terreno, España es mucho más generosa con sus supuestos delincuentes de la Familia Real que el Reino Unido con sus inocentes royals. A principios de septiembre, la posible reina inglesa Camilla Parker-Bowles veraneó en Mallorca con un único oficial de seguridad. La protección del capricho suizo de una hija secundaria de los Reyes obliga a un desembolso suplementario y más abultado a los contribuyentes exhaustos.
Las pruebas documentales sobre la renacida felicidad suiza de Urdangarin constan en los sucesivos reportajes publicados en la prensa del corazón. No se ha evadido a Suiza, pero se evade en Suiza. Mientras el Estado malgasta los presupuestos en espiar al juez, que será apartado del caso si aparca en doble fila o tiene por vecino a un republicano, ¡Hola! presta otro servicio impagable a la democracia. Si en la Casa del Rey anidara un resto de racionalidad, habría prohibido expresamente la fijación de la residencia en Ginebra de una infanta que no ha cancelado sus derechos sucesorios. En lugar de solventar el patio de Monipodio orquestado por el duque em-Palmado según su propia definición, La Zarzuela urde la patraña de una separación geográfica del matrimonio, desmentida por las revistas rosas.
Wilfred Martens, primer ministro flamenco que no belga, insistía en que «soy republicano, excepto en Bélgica». Esta aparente disfunción ha definido durante las últimas décadas a millones de españoles. Con el impagable auxilio de Cristina y Urdangarin, la Casa del Rey disolverá la unión de conveniencia entre un monarca y su pueblo. La instalación en Suiza de la afortunada pareja ha coincidido con la publicación de las fotos del palacete de Pedralbes, sufragado también con fondos públicos. Dado que se trata del chalé caro más horroroso de España, cabe interpretar la evasión en Suiza como un rasgo humanitario hacia una familia obligada a habitar en este reducto del mal gusto. A propósito, la aparición en prensa de las imágenes de pésimo interiorismo hubieran disparado acusaciones de atentar contra la seguridad del Estado. Con dinero de por medio, no hay Estado que valga.
El establecimiento de Correa o Bárcenas en Ginebra obligaría a enarcar alguna ceja, mientras que el yerno del rey se instala en el paraíso fiscal con la costosa protección estatal. El más privilegiado de los ciudadanos ha desarrollado una codicia que ha puesto en peligro los cimientos de la convivencia social. Cuántas parejas españolas, no sólo corruptas, desearían aislarse en Suiza de las incertidumbres de la contingencia nacional. La burla que la infanta Cristina inflige a sus conciudadanos sólo podría agravarse si hubiera elegido Gibraltar como lugar de residencia.
Mientras La Zarzuela decide el nombramiento de Urdangarin y Cristina como Duques de Ginebra, los contribuyentes deberán replantearse si la investigación judicial de la pareja „perceptora de seis millones recaudados de la Comunitat Valenciana y Balears sin contrapartida aparente„ resultará más costosa que los congresos que asombraron a personajes como Matas, Camps o Barberá. Subsiste la posibilidad de que la hija del rey haya sobrevalorado el amparo que le brinda últimamente la fiscalía anticorrupción. Sin embargo, el delicado balance se desequilibra porque ninguno de los responsables activos o subsidiarios ha comprometido la entrega de uno solo de los euros obtenidos gracias al saqueo de las arcas autonómicas.
Una vez que Urdangarin sea absuelto de todos los cargos en su periplo por los tribunales españoles „un cortafuegos que afecta por lo visto a Bárcenas y los EREs andaluces„ su estancia en Suiza favorecerá su ingreso en el COI, donde por fin se encontrará a sus anchas entre dignatarios que comparten su brújula moral. La promoción del duque al Comité Olímpico fue auspiciada por quienes hoy lloran la falta de confianza del citado organismo en Madrid.

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