Los españoles creen más en la religión que en la política

Matías Vallés

10.11.2013 | 05:30

Los encuestados por el CIS en su barómetro de octubre se pronuncian a favor de votar al PSOE sobre el PP. Por tanto, el citado organismo concluye que el PP ganaría al PSOE. Y no por un margen ajustado, sino por la friolera de 7,2 puntos, en aplicación de la misma ciencia estadística que le llevó a garantizar la mayoría absoluta del PP en las autonómicas andaluzas del año pasado. Se alegará que los ciudadanos mienten con contumacia, y que en su recuerdo de voto en las últimas generales aseguran haber respaldado a los populares en una proporción muy inferior a su triunfo electoral. En tal caso, la mendacidad que invierte el sentido de unas elecciones al Congreso, nada menos, desautoriza la encuesta en su conjunto. La solución más honrada consiste en no dar a la luz un estudio que sus autores consideran falso desde las raíces.
Los encuestados, contra quienes se debería actuar judicialmente, han hecho todo lo posible para ocultar al CIS que finalmente votarán al PP. Por fortuna, el centro los ha desenmascarado para proclamar un triunfo abrumador de los populares, por mucho que el pálpito acientífico contradiga esta verdad irrefutable. Para empezar, un 14,4 % de los aviesos sondeados alardean de su filiación socialista, la opción ideológica con más adeptos y complementada además por el 4,8 % de los hermanos menores socialdemócratas. En la valoración de líderes, los taimados ciudadanos otorgan un 3,13 a Rubalcaba y solo un 2,42 a Rajoy. Para rematar su encubrimiento, han puntuado a los ministros con una media inaudita de 2,3, que en sí misma obligaría a disolver el Gobierno de inmediato. Para rematar su ignominia, los cobayas estadísticos se han declarado de izquierdas en una proporción que cuadruplica a la derecha. A la hora de manifestar su intención directa de voto, apuntan un 13 a 11,4 % para el PSOE. También han simulado que experimentan una mayor simpatía por los socialistas, los muy contumaces.
Cabe agradecer enfáticamente al CIS que haya destilado la verdad entre la maraña de mentiras vertidas por los encuestados. La conclusión absoluta del barómetro, la comparación que ascenderá a los titulares, reza que el PP se impondría al PSOE por 34 a 26,8. Para rematar tan espectacular victoria, ha habido que triplicar el voto directo a los populares confesado por los encuestados, mientras que los sufragios socialistas solo se doblaban. Con objeto de soslayar las críticas, el pronóstico se expende con una advertencia del tipo de «El tabaco mata», solo que aquí se lee que «la aplicación a los mismos datos de otros modelos podría dar lugar a estimaciones diferentes». Hoy es jueves, salvo que usted decida otra cosa. De momento, las ecuaciones que invierten el resultado no se aplicarán al recuento de votos en las urnas, salvo que sea estrictamente necesario.
Pasando de la falibilidad a la fiabilidad, cabe acampar en territorios marginales del barómetro. Por ejemplo, en el apartado donde se demuestra que los españoles creen más en la religión que en la política. De cero a diez, puntúan a lo divino con un 4,01, y a la gestión de lo humano con un paupérrimo 3,66. Es el aspecto menos valorado de una tabla donde la familia llega al 9,68, hasta el punto de que la actividad pública no solo es extemporánea, sino que está considerada una patología social. La propia encuesta del CIS explica el decantamiento hacia lo religioso, ya que el materialismo retrocedería ante las evidencias sobre su deficiente manufactura.
El barómetro se muestra pletórico en indicadores que refrendan la mayor estima de la religión respecto a la política. La proporción de ciudadanos que participa en «una parroquia» o asimilados casi triplica a los militantes en un partido político, que además huyen de la afiliación. Al agregar la participación en organizaciones altruistas, el bipartidismo tiene motivos para inquietarse. De remate, un setenta por ciento de encuestados se declara católico aunque ajeno al culto. Superan notablemente la participación vaticinada para las próximas elecciones. PP y PSOE han conseguido que la política se haya hecho más increíble que la religión, mientras se envuelven en discursos apolillados bajo el mantra de que «la mayoría de políticos no son corruptos». En fin, la interpretación de la encuesta de la revista filosocialista Temas, que promete la victoria al PSOE, eleva el barómetro del CIS a la categoría de un trabajo solvente.



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