El «Prestige», único culpable

17.11.2013 | 00:42

Matías Vallés

Ningún síntoma permite concluir que Mariano Rajoy gobierne desde La Moncloa con una pasividad menos hiriente que la desplegada por el mismo gobernante en la crisis del Prestige. Se desentendió del petrolero a la deriva y ha entregado el país entero al mismo albur, según denuncian personajes de la reputación de Aznar. Entre otras cosas, en noviembre de 2011 se votó la gestión del hundimiento del petrolero. El presidente del Gobierno salió absuelto por una abrumadora mayoría, no hace falta repasar los saldos de votos en las circunscripciones gallegas. Es deshonesto pretender que la Justicia descargue el castigo que los ciudadanos han rechazado en una consulta plebiscitaria.
En consonancia con la voluntad popular que absolvió a los responsables políticos de la catástrofe medioambiental, la almidonada sentencia de la Audiencia coruñesa ha eliminado cualquier mancha que pudiera ensombrecer a los políticos implicados en la pésima gestión de la catástrofe. Para ello, el inmaculado pronunciamiento antropomorfiza al petrolero. El Prestige es declarado único y absoluto culpable de su desgracia, por cuanto no se advierte ningún motivo para la fractura y subsiguiente vertido de sus entrañas. Poco importa que Repsol o BP tuvieran descalificado al buque «por no cumplir con los estándares de seguridad exigibles». También se acusa al barco de no haberse hundido a las primeras de cambio, porque su errabunda peripecia generó una situación incómoda para el PP.
El tribunal denigra las «ucronías» sobre lo que hubiera ocurrido en caso de atraer el Prestige a la costa. Al margen del uso erróneo del vocablo, la sentencia incurre en otra ucronía al enfatizar que el barco debería haberse hundido de inmediato de acuerdo con la ley de probabilidades. Este hecho no se produjo, y está en la raíz del desastre medioambiental. La resolución sobre el petrolero hundido abunda en lecciones de náutica, biología, medicina y teoría de catástrofes, en detrimento de la justicia. Queda demostrado que para expulsar las opiniones científicas, basta con multiplicar los peritajes hasta que se anulen mutuamente y el árbitro pueda imponer su santa voluntad. Los clásicos no se referían exactamente a esto, cuando proclamaban peritos peritorum a los jueces.
La Audiencia coruñesa fue más lejos de lo que esperaba el PP, según demuestran las contenidas y perplejas declaraciones de Arias Cañete al difundirse la sentencia exoneradora. El PP se había resignado a aceptar tácitamente el reproche social, con tal de no verse obligado a pedir perdón públicamente. El texto en sí transmite un evidente desdén hacia el sentimiento masivo y solidario despertado por una catástrofe que, a juzgar por el fallo, no fue gran cosa.
Explorando con paciencia una construcción novelística, se localiza el punto en que se desmorona. Así ocurre con la sentencia del Prestige en un párrafo antológico. «Al parecer, los efectos de los hidrocarburos sobre los ecosistemas de las costas expuestas al mar son de corta duración y la flora y la fauna vuelven a colonizarlas rápidamente». Pasando por alto la jocosa expresión «costas expuestas al mar», como si las hubiera en otra ubicación, la vacilante partícula «al parecer» anula todo lo posterior, jurídica y sobre todo científicamente. La exploración de este aberrante manifiesto disculpa la muerte de un ser humano porque «al parecer, los efectos del fallecimiento sobre las personas humanas „costas expuestas al mar„ son de corta duración y la vida vuelve a ocuparlas rápidamente». Así lo subscriben miles de millones de creyentes en la vida eterna de todo el planeta. Más cerca del caso en cuestión, «al parecer» la sentencia no disuadirá a ningún barco en mal estado de la mafia del petróleo de acercarse a las «costas expuestas al mar» español. Sale gratis.
El consenso de la crítica literaria prohíbe delectarse con los errores ortográficos del escritor. Sin embargo, plantea alguna prevención el valor científico de una sentencia que escribe incorrectamente en decenas de ocasiones palabras como shiping „por shipping„, martime „por maritime„ o owers „por owners„ en referencia a los propietarios y aseguradores del buque. Se advierte un punto de temeridad en que un texto con este grado de dislexia se atreva a decidir sobre las consecuencias del desastre del petrolero. A cambio, cabe agradecer al tribunal su visión edénica en tiempos de pesimismo acendrado. De hecho, a su relato sobre el condenado Prestige sólo le falta una frase. «España ha salido de la crisis».



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