Martirio seguro

26.11.2013 | 05:30

Emili Piera

Tomamos el avión con el ánimo listo para el martirio: aquella ruta sólo la servía Ryanair y lo mismo a la ida que a la vuelta „y eso ya no era responsabilidad de la aerolínea, ni del humor resfriado y sumario de sus aeromozos/as„ padecimos los trámites de rigor que incluían el paso de todo el equipaje por el escáner, el vaciado de los bolsillos y el aflojamiento y liberación del cinto que sujeta los pantalones, a modo de oportuna metáfora. Aún así no nos hicieron descalzarnos, como en Munich hace unos años, pero sí que nos cachearon mediante meticulosa palpación de todo el cuerpo, es por nuestra seguridad o eso dicen. Una abogada canaria se enfadó muchísimo, pero los del cacheo murmuraban si es que «pretendía mandar más que la autoridad aeroportuaria».
Como yo no reconozco otra autoridad aeroportuaria que la Virgen del Loreto y la Guardia Civil, sufrí las vejaciones de ordenanza tratando de pensar en otra cosa, con un rechinar de dientes: un día de estos, armaré la marimorena. Pero al dejar el carril del escáner y el arco detector, se abrieron ante nosotros las puertas de la fabulosa Bagdad, fuimos invitados a las bodas de Camacho, caímos de bruces en un palacio de la Ruta de la Seda. Había bebidas de todos los colores y chocolate de Centroeuropa, se ofrecían catas de ron miel y bombones de licor, las tiendas de ropas y perfumes lucían con más esplendor que los comercios de la Milla de Oro y ya no importaba que cargases en el avión una botella de formato magnum. La abundancia era mareante y uno no sabía si pedir lonchas de pantalón ibérico o mojo con botones. Sonaba una deliciosa folía.
O sea, que te retienen un botellín de plástico de agua sin gas y luego te meten en una Babilonia donde, con los alicientes debidos, no sería nada complicado comprarse un combatiente o un buen explosivo plástico, no entiendo la manía que le tienen a los líquidos en habiendo bombas sólidas, gaseosas y de plasma. En el aterrizaje de vuelta, un frenazo brusco sacudió el avión y a punto estuvo de acabar con esta y cualesquiera otras consideraciones.



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