La cesta de la compra

Antonio Pérez Collado

06.02.2014 | 00:54

La verdad es que, por mucho que intenten convencernos del crecimiento negativo de los precios, la vida está cada vez más cara. Otra cosa sería si habláramos del decrecimiento de los salarios, pero eso no parece políticamente correcto en estos tiempos de recortes y sacrificios impuestos desde el poder a los menos pudientes.
Pero volviendo a lo que nos cuesta surtir la despensa familiar, nada mejor que fijarnos en el pastón que ha tenido que gastarse el presidente Fabra para tener a mano las viandas imprescindibles para pegar un bocado dentro de su larga y dura jornada laboral en el Palau de la Generalitat. Porque estas compras, cuyas facturas firma su secretaria autonómica, corresponden a productos para la cocina palaciega; no a la de su domicilio privado, hacia donde se supone que el Molt Honorable también tendrá que acarrear pesadas bolsas del supermercado.
Si esos 3.000 euros los ha cargado a las cuentas de la Generalitat, es de suponer que el resto de los contribuyentes „con mucha más razón los que menos cobramos„ también debemos tener el derecho a que la tesorería del Gobierno valenciano nos pague el bocadillo del almuerzo en la obra, el menú del día en el bar del polígono o el comedor escolar de nuestros hijos. Estaríamos ante un pago en especies (sobre el que el Gobierno del PP ya ha decidido aplicar retenciones) o frente al salario en diferido, como gratificación simulada, que tan bien conocen los del PP.
Cierto que estos dispendios facturados al erario público son calderilla, comparados con lo mucho que se ha defraudado y despilfarrado en esta tierra en proyectos faraónicos de dudosa utilidad pública e hinchados presupuestos para compensar a los amigotes. Pero si esos abultados gastos menores hay que imputárselos a quien ha cerrado Canal Nou alegando que lo hacía para ahorrar y no verse obligado a recortar en escuelas, hospitales y ayudas a la dependencia (a los que se sigue ahogando, a pesar del apagón de la radiotelevisión pública) pues entonces la cosa suena a tomadura de pelo.
Si lamentable es que se practiquen estas presuntas irregularidades, más bochornosa aún resulta la reacción de los afectados. Estas cosas en cualquier país del entorno al que dicen pertenecemos ya habrían supuesto varias dimisiones. Aquí no es sólo que se aferren al sillón como lapas cuando son pillados; en esta democracia de vodevil, lo que se hace es perseguir al que los descubre y procurar cargarse al mensajero, ya sea juez ecuánime, periodista independiente o funcionario escrupuloso.
Lo estamos viendo de forma continuada en el mapa y los despachos valencianos, pero también menudea en el resto de comunidades: ahí tenemos a la UGT y al PSOE de Andalucía, molestos con la juez Alaya, los ataques a jueces y fiscales dispuestos a tirar de la manta en los casos Nóos, Gürtel, Bankia, Mercasevilla, Palau, ITV, etcétera. Vamos, que la corrupción parece afectar a todos los partidos que tocan poder. Evidentemente; cuanto más poder, más riesgo de corromperse. Igual va a ser que ya toca cambiar de sistema.



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