19 de agosto de 2015
19.08.2015

El chiringuito

19.08.2015 | 04:15

Urge retomar el significado preciso de las palabras. Ya sabemos gracias a M. Foucault que no se puede hacer una taxonomía desde un criterio universal de verdad. Hay un orden mudo que regula el saber y el desorden de las cosas nos desquicia. Confías en el concepto «chiringuito» y acaban metiéndote en la cuenta un sablazo. Esto le ha ocurrido en Formentera a Ignacio Villagordo y señora. Fueron a comer a un sitio híbrido, una suerte de restaurante a pie de playa cuya estética coincidía con la de un chiringuito: mesas de plástico, servilletas de papel, sombrillas... Comieron pescadito al horno, caraballas y ensalada. El montante ascendió a 337,35 euros. Y eso que bebieron con austeridad: un agua, una caña, un tinto de verano y dos cafés, en total 30,50 euros. Esta pareja ha pagado ese potosí por un malentendido semántico. La RAE avala que el chiringuito es un «quiosco o puesto de bebidas al aire libre».

En su memoria Georgie Dann compuso una canción del verano, cuya letra se ajusta perfectamente a la definición. Quiere decirse que este ídolo veraniego respeta las palabras y el orden de las cosas. Cada chiringuito simboliza un lugar inviolable, marco incomparable de la birra de garrafón y la fritanga, ese lugar en el que pasa desapercibido el barrigudo de turno comiendo sin camiseta. El chiringuito por definición debe ser mugriento, cutre y tardón. En caso contrario conviene llamarlo de otra manera. Ajustar el orden de las palabras a las cosas, reitero. De tan cruento modo presento el incidente para resituar el sentido del sinsentido que nos ocupa. Decíamos que no hay verdad universal. El orden mudo de la realidad despista y el hombre reajusta su saber ante esta caótica semántica. Villagordo y su esposa confiaron en una falsa literatura. Sabían que pisaban la cochambre pero se dejaron seducir por una sospechosa parafernalia.
Chiringuito y glamour desencajan y surge la antinomia. La devoción semántica les costó cara. En concreto, 337,35 euros. Por eso decía que nos ciñamos a los conceptos. Hay que saber situarse en el mundo. Incluso en el chiringuito.

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