09 de agosto de 2016
09.08.2016

La cruzada de Marzà

09.08.2016 | 04:15
La cruzada de Marzà

El conseller de Educación quiere poner de acuerdo a varias autonomías para hacer un frente común contra la reválida de Bachillerato impuesta por el ministerio. La nueva prueba, una evaluación externa que sustituirá el curso que viene a la selectividad, no logra el respaldo de instituciones ni de centros educativos por presumirle que aumentará el fracaso escolar.

Vicent Marzà ha acusado a Madrid de actuar en funciones en una gestión que debería haber partido del diálogo y el trabajo en común con la comunidad educativa, tan vapuleada en los últimos tiempos. La prueba que impone el Estado condena a la FP Básica a los alumnos que suspendan las dos convocatorias establecidas por curso para la evaluación final de ESO, ya que si no se supera esta reválida el alumno no podrá seguir con los estudios de grado medio ni Bachillerato. Y ahí es donde centros públicos y consellería se rebelan. Porque presumen que aumentará la tasa de fracaso escolar. Un escollo para el alumno innecesario.

El conseller aplicó ya en mayo un procedimiento para elaborar informes de evaluación continua. Una reválida alternativa. Más coherente y con mayor capacidad de análisis del alumnado. Porque se realiza desde el propio centro donde estudian y da más oportunidades de superar las pruebas, que al final es de lo que se trata. Educación al alcance de todos y sin barreras que dificulten los accesos a grados superiores. Sin embargo, este modo de entender el sistema le ha costado el título de extravagante y la amenaza de visitar los juzgados tras acusarle de hacer de la ley una interpretación partidista.

Confieso que le tengo debilidad a la cruzada. Por intentarlo en una autonomía cuyo nivel educativo es el octavo más bajo de España, y negarse a que siga bajando. Y pelear por garantizar a todo niño su educación en las mejores condiciones posibles. Especialmente, cuando se está en un Consell arramblado y se intenta garantizar la igualdad de oportunidades. Más desde la pública. Aunque llamar a la puerta del Ministerio de Educación debe ser como hacer de Lawrence de Arabia en el desierto, no se debe encontrar a nadie a su paso.

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