21 de abril de 2017
21.04.2017

La debilidad del macho

21.04.2017 | 04:15
La debilidad del macho

Estamos en la era del declive del hombre. Ser macho ya no está de moda. El hombre-hombre ha perdido popularidad. La mayoría de ellos no quieren, ni por asomo, que se les cuelgue la etiqueta de macho. Porque el estereotipo masculino se está desacreditando a pasos agigantados. Y tanto es así que lo de sexo fuerte se ha desgastado hasta el punto de poner en vilo su capacidad reproductora. Caballeros, les recomiendo que lean lentamente lo que viene a continuación: las células germinales masculinas han disminuido en número y motilidad. O sea, que los espermatozoides cada vez son más lentos. Y más sensibles a agentes externos. Sin ir más lejos, algo tan usual como la radiación procedente de los móviles parece tener un efecto negativo en la producción de esperma.

Bueno, ¿y qué es lo que les pasa a los pobres espermatozoides para comportarse de esta manera? ¿Acaso tienen miedo a no dar la talla y eso reduce las defensas y su voluntad de actuación? ¿O es que temen a la clonación humana? Pues no sería de extrañar, porque cuando ésta se lleve a cabo van a quedar excluidos de la reproducción, al poder reemplazarlos por un gameto inmaduro o por una célula somática.

La verdad es que con este achicamiento de la fuerza masculina los penes españoles tienen que estar que trinan. Sobre todo los que presumen de grandes y potentes, esos que creen que su sola presencia rendirá de amor a cualquier mujer. ¡Pobrecillos! ¿Y los más débiles, los que no levantan cabeza? Ahora que podían contar con tratamientos y artilugios para salir a flote..., porque son muchos los que fallan. Al menos, eso es lo que ponen de relieve los expertos. Y muchos de ustedes lo saben muy bien. Y eso les complica su existencia.

Por eso, caballeros, es una pena que no se hayan dado cuenta de que lo femenino está en auge, y ya son muchas las que se han hartado de las relaciones en las que el coito es lo primordial. Además, prefieren calidad y buen uso a cantidad y rapidez. O sea, que se habrían evitado mucho dolor de cabeza si se percataran de que los juegos preliminares y la incorporación al sexo de elementos extragenitales permiten disfrutar plenamente de la corporalidad sexual. Porque el verdadero acto amoroso implica entrega mutua y delicada. Y en él el egoísmo y las prisas no tienen cabida.

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