13 de noviembre de 2017
13.11.2017

Tontos de remate

13.11.2017 | 04:15
Tontos de remate

Recuerdo que, cuando leí el 'Origen y fundamento de la desigualdad entre los hombres' de Rousseau, me sorprendió que el contenido respondiera con tanta exactitud al título: sólo hablaba de los hombres y de las mujeres nada decía (una tontería en el prefacio que podría haberse ahorrado). Ahora existe una insidiosa y malaya campaña (malaya porque no cesa; insidiosa porque no es franca) contra el adoctrinamiento escolar, y a mí me sorprende que se circunscriba a la escuela pública, que sólo se denuncie el "escolar" y que no se opongan al adoctrinamiento en general, y que la denuncia no salga de sus sufridos protagonistas. Efectivamente: en los medios, en las cartas al director (el Señor bendiga a los lectores, porque ¿qué sería un periódico sin lectores? Como las contorsiones de un striper en un congreso de ciegas, donde igual da ocho que ochenta), incluso en la calle: los padres y no tan padres sostienen que el adoctrinamiento de sus hijos es de su incumbencia exclusiva y de aquellos a quienes ellos elijan y se oponen a que esa maldad se cometa en la escuela pública. Me sorprende incluso que alguien se oponga al adoctrinamiento cuando éste, al ser nosotros sociales y políticos, es inevitable en la escuela y más allá de la escuela. Me sorprende también la negativa opinión que tienen de los jóvenes sus progenitores, a quienes perciben como tontos manipulables sin criterio propio o sin capacidad de alcanzarlo. Es más, no me parecería mal alguna manifestación de adolescentes protagonistas activos denunciando la manipulación y estulticia de sus mayores. También me sorprende la falta de respeto y la malvada opinión que algunos tienen de maestros y profesores, a quienes imaginan como brujos removiendo en el caldero de la inocencia de sus hijos.

En fin: adoctrinar no es otra cosa que impartir doctrina o teoría; también difundir creencias. En su peor sentido, engañar a otro por interés propio. Resulta curioso que quienes no se oponen, sino todo lo contrario, al adoctrinamiento religioso en la escuela, que no parece el lugar más adecuado para la difusión de las creencias religiosas, sean los más furiosos enemigos de quienes se limitan a transmitir información y conocimiento o, con excepcional fortuna, algo de ocasional sabiduría. Digámoslo sin ambages: quien piense que está en la intención de los profesores amaestrar papagayos sin voluntad ni criterio o quien piense que los alumnos pueden (o se dejen) ser amaestrados sin decir la suya, es que es tonto de remate.

- Iba yo el otro día, xino xano, manifestándome contra la violencia, cuando, a la altura de El Corte Inglés, una pareja de sobrada madurez y crispación, con la permanente un tanto ladeada él y el bigote hirsuto ella, apenas contenidos ambos por los señores policías, nos gritó con exquisita educación: "Iros a la mierda, golpistas". Me quedé de piedra, cavilando si no hubiera sido mejor "idos" que "iros". Ellos no se fueron y nosotros pasamos.

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