06 de mayo de 2018
06.05.2018

La ciudad gobernada

06.05.2018 | 00:40
La ciudad gobernada

«Darrere de la façana de les ocultacions/
resideixen las fites i els moixons que ens defineixen». Enric Martínez Piera-Aiora (1959)

mayo del 68 fue un hito en la lucha urbana al grito existencialista de «mis deseos son la realidad». Estos días, Alejandro Mañes me recordaba desde el campo de exterminio nazi de Auschwitz, la frase, de Jorge Santayana, oriundo de Reus, que figura en el frontispicio: «Aquellos que no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo». Los valencianos estamos de enhorabuena. Ante tanta insensibilidad que nos rodea, una joven generación de intelectuales e historiadores, alumbra con sus estudios solventes. La semana próxima se presentará en La Nau un libro, editado por la Universtitat, de Juan Carlos Colomer Rubio, que trata de «Gobernar la Ciudad. Alcaldes y poder local en València (1958-1979)». Rincón de Arellano, López Rosat y Miguel Izquierdo nutren la nómina dictatorial tras la rebelión de 1958 que dio al traste con el II marqués del Turia,secundado por Joaquín Maldonado y Martín Domínguez.
Luz giratoria. Es un ensayo, valiente y sereno, esclarecedor por su texto. Que cuenta con un prologuista experto en el acontecer municipal, Josep Sorribes. Será glosado por la rectora, Mariví Mestre y por tres personajes que han presidido y preside el actual Ayuntamiento de València, con marchamo progresista. Denominador común que los define y los sitúa en el devenir de la ciudad. Fernando Martínez Castellano, efímero edil asaeteado en los albores democráticos. Ricard Pérez Casado, su sucesor y finalmente dimitido en la maraña cainita del fragor político. Alcalde del renacimiento urbano con visión de país. Y Joan Ribó quien, en virtud de la aritmética electoral, recuperó democráticamente la vara de mando en una ciudad digna de mejor destino.

Maremagnum. Si vemos cuanto ocurre en el Ateneo Mercantil de València, de Carmen de Rosa, distante de sus raíces liberales. La Cámara de Comercio pierde su pedigrí y sus principios. Los rescoldos de Feria València en titánico esfuerzo de recomposición a cargo de José Vicente González. El Consell Jurídic Consultiu de Margarita Soler, condenado con costas e intereses a cargo del contribuyente, por negar la antigüedad que le debe a la magistrada Marisa Mediavilla. Una vergüenza al borde de la prevaricación. La Sociedad de Garantías Recíprocas que ha tenido que cambiar de nombre, por Afín, para borrar su ignominioso pasado. Entidades financieras autóctonas -CAM, Bancaja y Banco de València- devoradas por la avaricia delictiva de dirigentes políticos. Batallas secesionistas y fratricidas para defender posiciones lingüísticas trasnochadas entre el Consell Valencià de Cultura, la Acadèmia Valenciana de la Llengua y la Real Acadèmia de Cultura Valenciana. «Tres per el sac i el sac en terra».

Zapatiesta. En el Puerto de València, donde una fantasmagórica asociación de directivos, se erige en portavoz de los intereses de la comunidad portuaria, para interferir en el brumoso proyecto de convertir los viejos astilleros en muelle de arribada de cruceros. No actúan con ecuanimidad quienes lanzan al vocero, para intimidar y ocultar sus intereses espurios. Si Paco Prado y los suyos lo que saben es confeccionar boletines y gacetillas, no es prudente utilizarlos para otra misión, en la que además de estrellarse, pueden hacer el ridículo. La APV es omnipotente -depende del ministerio de Fomento- pero necesita licencias municipales de actividad. ¿Se va Aurelio Martínez sustituido por Inmaculada Rodríguez Piñero, ex secretaria de Estado de Infraestructuras?

Dos de Mayo. Para carroñeros ya tenemos otros especímenes que -apoyándose en la ideología centralista- abundan en sus corruptelas. Cuatro expresidentes de la Comunidad de Madrid encausados, unos, y presos otros, han llevado al Partido Popular, a confiar en un suplente la celebración de su particular 2 de Mayo. Ni Cristina Cifuentes debería haber escalado tanto, ni la autonomía de la capital de España, distrito federal, podía caer tan bajo. Apellidos que se encumbraron, contribuyen al descrédito de una autonomía cuestionada y de una formación política, el PP: Cifuentes, González, Granados, Aguirre y Ruíz Gallardón. Ante la indignación del resto de españoles que han de soportar el esperpento cuando no el escarnio.
El libro de J. C. Colomer es una luz en la obscuridad de cómo una autonomía de 1982, engendrada en 1978, comenzó a dar sus primeros pasos en calidad de nacionalidad confirmada histórica en 2006. Los inicios fueron difíciles. Se explica en el libro, por qué los primeros alcaldes, socialistas -los dos del inicio-, tuvieron que soportar y sortear las dificultades de un territorio que casi nadie quería libre y con vida propia. Ni el mismo PSOE. Al que se tuvo que vincular el PSPV, con los calvarios que hubieron de soportar Fernando Martínez Castellano y Ricard Pérez Casado, en el Ayuntamiento y Josep Lluís Albiñana, primero y Joan Lerma después, contra el guerrismo, en el Palau de la Generalitat. Tensión y desgarros que ahora emergen.

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