08 de mayo de 2018
08.05.2018

El significado de las palabras

08.05.2018 | 04:15
El significado de las palabras

Cada palabra tiene un significado, pero una expresión de más de una palabra puede representar cosas diferentes según sus posiciones relativas, o que estén o no separadas por comas o espacios, llegando a representar contenidos muy diferentes. Objetivamente, yo soy un profesor viejo, pero para ser un «viejo profesor» hace años hacía falta algo más, incluso no era necesario ser realmente viejo, según sabemos, al recordar a un famoso alcalde. «Presos políticos» o «políticos presos» tienen diferentes interpretaciones según puntos de vista políticos y sentimentales.

Los niños bien educados no deben nunca usar la palabra mierda; de ser necesario, la alternativa caca es el recurso a que se puede acudir para designar tan natural orgánica substancia. En el mundo político se habla de poner en marcha el ventilador para explicar que todos son o somos iguales. La corrupción (de ahí viene la analogía de lo maloliente) parece que deba ser asumida y aceptada en todos los grupos políticos, casi irremediablemente. Así pues, un poco de corrupción no es más que lo cotidiano que a nadie puede extrañar y que podría ser asumido porque quien esté libre de pecado que tire la primera piedra. Cuando una presidenta de comunidad autónoma se ve implicada en un caso (quizás) de corrupción salen sus defensores o simplemente quienes de destapar escándalos hacen su profesión y razón de vida.

Sería bueno realizar una investigación sobre los currículos verdaderos de todos los electos que viven de los presupuestos públicos. Sin duda, la muestra quedaría muy por debajo de la que se obtendría entre los jóvenes superformados con titulaciones legítimas que aspiran a su primer empleo donde sea, incluyendo el más allá de las fronteras. Porque los listados de méritos para vivir como profesional de la política no tienen por qué ser absolutamente ciertos. Para acceder a un puesto de trabajo del Estado es necesario demostrar fehacientemente que se está en posesión del grado a que obliga la plaza. Allí la falsificación sería un delito, además de la pérdida automática de la condición de funcionario.
Los currículos falsos en política no devienen en sanción institucional alguna. En otros países, la mentira suele llevar a la dimisión automática. Pero en todo caso en la mentira hay niveles. Afirmar tener «estudios de» constituye una mentirijilla de quien no ha culminado los estudios de «licenciado en». Demuestr que nuestros representantes saben que sus propias experiencias y titulaciones son escasas. En conjunto, esa picaresca hace pensar que en general nuestros representantes se saben mediocres. La RAE define como mediocre dos acepciones: (1. adj. De calidad media; 2. adj. De poco mérito, tirando a malo). Con la primera de las acepciones no es despectivo considerar que unos políticos mediocres son el resultado de las elecciones democráticas realizadas por una sociedad mediocre. ¡Qué le vamos a hacer! O quien quiera, pesimista, prefiera usar la segunda acepción, que lo haga.

Pero otra cosa es delinquir o inducir al delito. Falsificar un documento público es un delito mayor que hurtar en un supermercado. Una presidenta o personas de una universidad (la universidad no tiene más responsabilidad que la que corresponda distribuir entre sus funcionarios) deberían, si han cometido delito, reaccionar ejemplarmente: presentándose ante la Fiscalía reconociendo las posibles faltas para así dar ejemplo, de ética recuperada, además de atenuar, en su caso, la pena que pudiera corresponder. La simple dimisión, que parece ser lo que más ilusión hacía a los políticos opositores, ha sido solo una parte menor, accesoria, sin llegar al fondo del problema.

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