27 de noviembre de 2016

Aplicación práctica de la Economía del Bien Común en empresas valencianas

La filosofía de Christian Felber va más allá de la RSC. La firma de gestión de residencias Gesmed o de envases Cartonajes la Plana se incorporan a un paradigma que monitoriza no solo las pérdidas y ganancias sino también el cumplimiento de valores éticos

29.11.2016 | 10:24
Manolo Piquer, de Cartonajes la Plana.

Hay un austriaco que quiere cambiar el mundo. Christian Felber lleva ocho años predicando una idea: la Economía del Bien Común. Más que una propuesta económica, es un paradigma, un «ideario para la civilización», dejó dicho en Valencia en una reciente visita. La economía no debe ser un fin, sino una herramienta al servicio de la sociedad.

La Comunitat Valenciana, desde el cambio de gobierno, se ha convertido en uno de los puntos del mapa amigo de esta nueva filosofía. Dos seguidores de las ideas de Felber se encuentran en puestos clave: el de conseller y el de director general de Economía. Rafa Climent y Paco Álvarez llevan año y medio haciendo apostolado de esas ideas.

Pero la nueva filosofía, en muchas ocasiones en medio de una nebulosa difícil de entender desde el punto de vista práctico, está comenzando a penetrar en algunas empresas valencianas. «Nuestra aproximación a la Economía del Bien Común llega por determinado interés en cuanto a tipo de empresa y la forma de ejercer la gestión, que va más allá de la responsabilidad social corporativa», explica Soledad Alonso, gerente de Gesmed.

Gesmed es una empresa dedicada a la gestión de servicios y recursos sociales desde hace 18 años. Son contratistas públicos para llevar centros de personas mayores, de discapacidad intelectual, física, servicios de ayuda a domicilio... Gestionan ocho centros en la Comunitat Valenciana y uno en Castilla la Mancha.

Esta firma, propiedad de varias empresas ligadas a la construcción (Gesfesa, Obinesa) y parte del personal directivo de la compañía, cumple con uno de los requisitos de este modelo económico: un balance del bien común que señala las fortaleces y los aspectos a mejorar según este paradigma.

El balance del bien común mide los resultados anuales de una empresa, pero no desde criterios económicos, sino desde el cumplimientos de valores como la dignidad humana, solidaridad, participación o transparencia. «Eso va a formar parte de las directrices y lineas estratégicas de la compañía», explica Alonso.

Esta empresa, que está iniciándose en el camino de la Economía del Bien Común, está más movida por la curiosidad, por ahondar en modelos de gestión que ya tienen incorporados a su adn, que por un «enamoramiento» de la filosofía de Felber, reconocen desde la empresa. En definitiva, la aventura está en una fase incipiente.

En este punto, desde Gesmed reivindican algunos de esos aspectos. «En conciliación laboral ya estamos en el segundo plan de igualdad, porque nuestra realidad es que el 92% de plantilla son mujeres. No es tanto medidas de discriminación positiva sino que el reto está en conciliación. Hay que equilibrar marcos normativos con negociación en casos particulares», explica. La firma tiene entre 700 y 800 trabajadores de media.

Otra de las líneas que vinculan a la empresa con la economía del bien común es que no han especulado con la propiedad (precisamente en un momento de gran interés inversor en el servicio de las residencias), y reinvierte todos los beneficios en la compañía. «Esta empresa nunca reparte dividendos», señala. Y también reivindican su gestión financiera. «Siempre hemos trabajado con entidades locales y ahora estamos abiertos a trabajar con banca ética tipo Triodos, o Caixa Popular», señala.

En Castelló, la filosofía de Felber también ha encontrado seguidores. «Como empresa familiar, nosotros hemos heredado la filosofía y valores del fundador. Siempre nos ha preocupado el uso que de la empresa debíamos hacer. Para nosotros no se trata de un patrimonio heredado para vivir de la renta. Además, el hecho de ser ocho hermanos ha significado que hemos tenido que dialogar mucho y reflexionar sobre los valores y sobre el modelo de empresa que queríamos», explican Manolo y Susana Piquer, al frente de Cartonajes la Plana.

Se trata de una firma fundada en 1973 y dedicada a la fabricación de envases y embalajes de cartón ondulado. La compañía cuenta con 360 empleados y tres plantas: en Betxí, Onda (Castelló) y la Rioja. Cada día distribuyen dos millones de cajas por toda la península, y en 2015 facturaron 87,7 millones.

«Después de conocer el modelo de la Economía del Bien Común nos dimos cuenta que teníamos una visión que en muchos puntos era común con los planteamientos de este modelo económico, por lo que podía representar una oportunidad para introducir estrategias en la gestión que nos ayudasen a mejorar y avanzar hacía nuestra visión de la empresa. Podemos decir en general que hemos estudiado, o que conocemos la EBC, y ello nos ha animado a emprender el proyecto de implantar el Balance del Bien Común en la empresa e introducir planes de mejora que nos hagan aumentar nuestra aportación como empresa al bien común», añaden.

La empresa se lo ha tomado en serio. Siete directivos están implicados en el informe sobre el trabajo hecho y el plan de mejora para la implementación de las primeras iniciativas que aumenten el resultado del balance. De hecho, para 2017 van a poner en marcha un plan de igualdad y a avanzar en la implantación de un sistema de medición de la huella de carbono de la empresa.

Además, desde hace quince años cuentan con una fundación (Novessendes) para retornar parte de los beneficios a la sociedad. «En 2010 decidimos ceder el control a la comunidad local, dejando de ser una fundación de empresa para convertirse en una fundación cívica independiente, en la que es la población la que participa en su Patronato y por tanto en su gestión y diseño de los planes de actuación, la empresa mantiene el compromiso de aportar una gran parte de su financiación», concluyen.

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