18 de noviembre de 2016

De 'Cuéntame' y 'Velvet' a pedir para comer

18.11.2016 | 04:15
De 'Cuéntame' y 'Velvet' a pedir para comer

«El llanto es un perro inmenso», dice el poema de Lorca que Carlos Olalla, un actor de 59 años curtido «en cien series», recita ahora en los vagones del metro de Madrid acompañado de su madre, de 83, «no solo para poder comer» sino para denunciar la precariedad en su profesión y «mantener la dignidad». Su madre, la poeta y actriz Cristina Maristany, recibe una pensión de 600 euros de la asociación de Artistas Intérpretes y él una ayuda asistencial de 400, que le dan tres meses dos veces al año, «y eso es todo».

Está «contento» porque a raíz de hacerse pública su decisión de hacer „ironiza„ «microteatro con ruedas» desde el pasado día 8 en los vagones del suburbano madrileño, ha recibido una oferta para rodar una serie y ayer y hoy estará grabando un anuncio para Pescanova para el que había hecho un casting previo. «Me siento como James Stewart en la película 'Qué bello es vivir'», bromea el artista, que ha hecho en una larga carrera cine, teatro y, sobre todo, televisión. «Soy un secundario que ha hecho cien series de televisión „Cuéntame, Velvet o El tiempo entre costuras„ pero son papeles sin continuidad. Hace tres años, me llamaban cuatro o cinco días al mes, y ahora uno o dos y, además, pagan la mitad. Hago lo que yo llamo 'la meadita del perro' pero digo que sí a todo», cuenta.

Hace un tiempo se vio en «una situación parecida» y decidió ir al vestíbulo del metro y leer poemas acompañado de un músico brasileño, pero, se ríe, «fue un absoluto desastre porque debían pensar que éramos algo así como telepredicadores y en tres horas sacamos solo dos euros». Ahora, que vuelve a atravesar «una situación crítica», es decir, que él y su madre, con la que vive, no tenían «ni para comer», pensó que pediría, pero dentro del metro. Cuando se lo dijo a su madre, ella, «que es muy del 15M», se «empeñó» en acompañarle.
Así que, resume, se montan en un vagón, «de los modernos, porque son más anchos y uno se puede agarrar mejor mientras lee», y ella recita alguno de los poemas de su libro Fuimos (Huerga y Fierro, 2015), el intercambio de versos que hizo con «su amor» de 24 años, Rafael Lorente, del que ayer se cumplieron 26 años de su muerte.

Olalla a veces «responde» a su madre con uno de los poemas del «excepcional caballero» que fue Lorente y otras recita poemas de Mario Benedetti y José Agustín Goytisolo o Casida del llanto, de Lorca, que siempre presenta diciendo de él que «no es uno de los más conocidos, pero sí de los más necesarios».

Ella, que interpretó en el Real la versión que hizo Peter Hanecke de la obra de Mozart Cosí fan tutte, fue ayer al cementerio y él tiene trabajo con el anuncio, así que hasta el lunes no volverán a «ofrecer función» en la línea 2 del metro (Las Rosas-Cuatro Caminos) de 11.00 a 13.00 y de 17.00 a 19.00 horas.

«La gente se vuelca y hay quien te da hasta 20 euros. No se nos caen los anillos por hacer esto. Las cosas se han de hacer por dignidad y así nos presentamos a los pasajeros, diciéndoles quiénes somos y por qué estamos allí y que, si quieren, pueden echarnos una mano para que los artistas puedan vivir de su trabajo».

Lo hacen, insiste, no solo para poder comer sino para denunciar una situación «tremenda»: «Esta es la profesión más sexista que existe. El machismo es tremendo. Todos los papeles de secundarios de 50 años para arriba son para hombres, las mujeres no existen. Si yo estoy así, cómo estarán ellas», se pregunta.

Siempre se ha negado a trabajar por debajo del convenio y, por eso, Olalla decidió que no haría más teatro hasta que no se acabara con el 21 por ciento de IVA.

«Estuvimos llenando salas alternativas pero cuando hacíamos la división entre el tiempo que le dedicábamos y lo que ganábamos, salíamos a cincuenta céntimos la hora. El teatro es un acto de resistencia y yo quiero seguir resistiendo», concluye.

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