14 de mayo de 2018
14.05.2018

El sueño pendiente de un misionero valenciano

14.05.2018 | 04:15

Misionero activo 52 años en Zimbabwe. Pero de los de antes. De los que recorrían de norte a sur y de este a oeste la selva africana, primero a pie, luego en «vespa» y finalmente en coche utilitario? cuando disponía de combustible. Para visitar y atender a su numerosa feligresía a lo largo y ancho de una extensa y abrupta superficie de terreno. Y levantando por doquier con troncos y ramas múltiples capillas dedicadas a patronos y santos valencianos, como a San José, San Vicente Ferrer, San Vicente Mártir, San Luis Bertrán, la Virgen del Oreto (en memoria de l'Alcúdia, su pueblo natal) ? Y años más tarde, también, colegios con ayudas misionales y de algunos benefactores.

Conocido como father Alexander (el Padre Alejandro), fue el misionero más popular y admirado de todos de cualquier nacionalidad y confesión religiosa en aquellas tierras. ¿Razón? Haber conseguido lo que ningún otro intentó jamás: estudiar minuciosamente la lengua hablada en la región donde desarrollaba su labor pastoral, la tribu Nambya, hasta lograr componerle una gramática -que no tenía- con todas sus normas. Y su diccionario.

Una verdadera revolución cultural en el campo de la literatura Nambya a la que dotó de sus primeros libros escritos, lógicamente de temática cristiana. Primero un catecismo, luego un devocionario, más tarde un misal, siguiendo con el Nuevo Testamento y los libros del Antiguo, hasta alcanzar la traducción completa de la Biblia. Con la dificultad añadida de tener que idear nuevas palabras y giros de los que carecía esa lengua, para que resultase correcto el sentido del texto bíblico. Un excepcional trabajo de ingeniería literaria.

Pero sin que en su tarea misionera y como valenciano de pro omitiese introducir, ya en el entorno parroquial que regentaba al fin en la ciudad de Bulawayo, similar a nuestra València y la segunda en importancia del país africano, la devoción a la Virgen de los Desamparados con propósito de erigirle una capilla en su iglesia.

Contaba para ello con una ventaja; y es, que la tribu Nambya, la tercera del país en importancia de las cuatro que conforman la población de Zimbabwe, tiene como patrona a la Virgen bajo la advocación de Santa María del Pueblo. Y la palabra pueblo, para esta tribu, significa «desamparado»; que es como se siente una población con acusado paro laboral, escasez de alimentos básicos y materias primas. Más otra ventaja añadida: que en la imagen representativa de esta patrona figura una pareja de nativos, arropados bajo su manto, como los dos «innoscents» que bajo su manto igualmente ampara nuestra Mare de Déu dels Desamparats.

Así que, decidido a cumplir su propósito, lo puso en conocimiento de su parroquia, que prestó su conformidad con dos condiciones: que la imagen de la Virgen fuera negra; y que, en lugar de corona y joyas sobre su cabeza, solo figurase una corona de rosas, signo de la suprema belleza y virtud en este país africano.

Pero esto, que llegó a convertirse en el sueño del misionero valenciano, se truncó al sobrevenirle una enfermedad. Porque hubieron de intervenirle de urgencia sin los medios adecuados y luego remitirlo a València para una nueva intervención correctora.

Y aunque ya repuesto, pero físicamente mermado, quiso volver a lo que ya consideraba su tierra y su gente para terminar sus días allí, se lo impidieron los médicos aquí; ya que precisa de una vigilancia y atención continuas que en su parroquia africana no le pueden prestar.

Si bien, por otra parte, en nuestra ciudad donde ahora reside ha encontrado continuidad en su admirable labor misionera; y es la de proporcionar atención a todo africano que llega a València y no tarda en averiguar su domicilio. Para darse a conocer y pedirle ayuda con la seguridad de obtenerla, que tal es su fama. Aunque tampoco esto debería ser óbice para ver realizado su viejo sueño.

Porque siempre encontraría tiempo para realizar un corto viaje de ida a Bulawayo portando a nuestra Virgen de los Desamparados –negra-, entronizarla en una capilla y regresar después. Pues son muchos los amigos y conocidos que, además de colaborar en la empresa, estamos seguros le acompañarían en esta peregrinación.

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