08 de febrero de 2019
08.02.2019

Una adicción permitida

08.02.2019 | 21:21

Una máquina tragaperras es un objeto en el que echas una moneda con la intención de que te devuelva tres, porque ganar esas tres monedas va a provocar una sensación placentera dentro de ti. La diferencia entre este aparato y los campeonatos de fútbol es que para apoyar a un equipo y desear que gane no es obligado pagar por ello, pero es una opción que está disponible, ya sea yendo al campo a ver el partido en directo, comprando camisetas o bajando al bar a tomar unas cervezas mientras ves el partido con tus amigos. En los últimos años hemos creado la sensación de que la televisión y la radio son cosas gratis y que no cuesta esfuerzo que lleguen hasta nosotros. Lo que olvidamos muchas veces es que para que haya una infraestructura organizada que consiga que puedas escuchar por la radio a un señor mientras narra el partido de tu equipo hace falta que haya detrás una empresa organizándolo. Y por supuesto, que todo ese esfuerzo y trabajo el consumidor lo tiene que pagar de alguna manera porque a los empresarios les suele gustar poder comer todos los días. Entonces la forma de ingresos está en la publicidad, en la incitación a la compra de una determinada marca que es quien paga los sueldos en las empresas organizadoras de los campeonatos de fútbol. La última novedad es la introducción de las casas de apuestas al público masivo que ha conseguido que la gente pague para ver el partido de una manera más emocionante, lo que hace de este acontecimiento se esté convirtiendo en un conjunto de sensaciones cada vez más intensas y que recuerdan a las que buscan experimentar los ludópatas cuando meten la moneda una y otra vez en la máquina y les invaden las lucecitas de colores y la música repetitiva.

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