09 de julio de 2010
09.07.2010

Cheste: "Tie ci oni parolas esperanton"

09.07.2010 | 10:43
Pilar, Miguel, Walter, Augusto, José Julio y Rosa, ayer.

Cuna del esperanto. "Aquí se habla en esperanto". La frase, que da título a este reportaje, cuelga en su versión original en la puerta de una casa de Cheste, una de las cunas de la lengua artificial creada en 1887 para propiciar el entendimiento entre civilizaciones con diferentes idiomas. Presente en Cheste desde 1909, todavía la hablan unos 200 vecinos y hay clases semanales. Mañana acoge un congreso de esperantistas.

-Kiel vi fartas, Walter?
-Bone, dankon!
Ni el diálogo sucede en una ex república soviética ni los parlantes son extranjeros. Tampoco es una performance surrealista. Esto es Cheste y los interlocutores, dos hijos del pueblo, hablan en esperanto. Al forastero le sorprende. Pero es que en Cheste no han cesado las extravagancias de este tipo desde que Francisco Máñez quedara fascinado en 1908 al enterarse de que existía una lengua internacional que predicaba la paz y la amistad entre los pueblos. Tenía 20 años, era agricultor y había dejado la escuela a los 10 años. Pero logró aprender el esperanto de forma autodidacta. Y luego, contagiar su entusiasmo a los hombres que frecuentaban el casino del pueblo, que veían cartas, postales y libros llegados de todo el mundo en una lengua extraña que Francisco sabía descifrar.
Luego, durante el franquismo, las rarezas continuaron. Al pobre alcalde Anselmo Balaguer, adicto al régimen por los cuatro costados, le llegaban paquetes de la URSS -con la hoz y el martillo bien visibles- que contenían revistas y libros de esperanto dirigidos al Ateneo Cultural Esperantista de la localidad. También llegaba al pueblo la publicación El Popola Cinio desde la China maoísta en la inmediata posguerra.
Con todo ello las autoridades locales hacían la vista gorda. Y así se consolidó el uso y conocimiento del esperanto como algo habitual en Cheste en una época de miseria intelectual generalizada. Tanto se "rutinizó" su aprendizaje en el pueblo -especialmente las fórmulas de saludo más comunes- que José Julio Andrés Tarín, hoy con 70 años, recuerda que aprendió a leer y escribir castellano en la sede del club de esperanto al tiempo que se enseñaba la lengua creada por el doctor polaco Lázaro Zamenhof. ¡Hasta un ciego de Cheste aprendió esperanto en braille!
Todo ello ha hecho que "Cheste sea conocido en el mundo entero por el esperanto. ¡Cheste es para el esperanto lo que La Meca para los árabes!". Quien lanza esta exageración con cierto poso de verdad, Augusto Casquero, ha sido profesor de esperanto en la Universitat de València, en Eslovaquia, en Polonia, en China y, dentro de poco, en Vietnam.
La meca del esperanto, es cierto, ha reculado. Aun así, todavía quedan "unos 200 vecinos de Cheste que hablan algo de esperanto", asegura Rosa Zanón. A las clases semanales del grupo esperantista local (Lum Radio) asisten una veintena de personas. Pero ya no hay jóvenes. El entusiasmo del siglo pasado por el esperanto ha decaído entre la juventud. "Hay jóvenes que han venido alguna vez. Pero como este mundo es tan desconocido, han creído que esto era una secta y lo han abandonado", lamenta José Julio.

Un idealismo utópico
De secta, nada. O en todo caso, una secta lingüístico-intelectual que propugna el entendimiento global, el imperio de la paz y, como subraya Pilar Blay, "un idealismo que no entiende de tiempo perdido o de dinero" (todas las clases y algunos materiales son gratuitos). Pilar es de Chiva y se inició en el esperanto al conocer a su marido de Cheste, Miguel Llorens. Miguel, que entiende el esperanto "como una filosofía de vida que fomenta la hospitalidad entre quienes lo hablan", se ha mudado a Chiva y ahora enseña allí la lengua artificial a cinco alumnos. "Esto es una raíz que hemos echadoÉ", presume Miguel.
Sin embargo, la verdadera cuna es Cheste. En un corto paseo por la localidad pueden verse tres calles dedicadas al idioma: calle Doctor Zamenhof, calle del Esperantista Enrique Arnau y calle Francisco Máñez. Y en la fachada de la casa del sobrino de este último, el introductor del esperanto en Cheste, se asoma el famoso azulejo con la estrella verde esperanza de cinco puntas -por la unión de los cinco continentes- y la frase Tie ci oni parolas esperanton ("Aquí se habla en esperanto"). El folleto turístico del pueblo también está disponible en esperanto y, en 1997, en la Iglesia se llegó a hacer una misa en la lengua artificial.
Así pues, Cheste (8.300 habitantes) constituye casi un parque temático del esperanto, con uno de los mayores índices de hablantes por habitante. Mañana, la localidad acoge un congreso autonómico de esperantistas -se calculan 70 asistentes- en el que habrá conferencias en esperanto sobre el cáncer y la pujante situación del esperanto en China, o poemas de Miguel Hernández en la lengua internacional que hace un siglo llegó a Cheste y ya se ha convertido en una seña de identidad local.

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