26 de junio de 2011
26.06.2011

Discotecas con cascos contra el ruido

Un local de Valencia incorpora de forma fija la "Silent disco", un sistema para escuchar la música sólo por los auriculares - Esta tendencia, que nació como experiencia novedosa, se erige como alternativa ante el exceso de decibelios y los problemas vecinales

26.06.2011 | 02:00
Unos usuarios de "Piccadilly" con los cascos para escuchar música.

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Llegar a una discoteca o a un concierto donde se espera un ambiente ensordecedor y encontrarse con decenas de personas bailando en medio de un silencio casi museístico puede generar una sensación desconcertante. Pero sucede. Es la "silent disco" -discoteca silenciosa-, un fenómeno relativamente reciente que se presenta como experiencia novedosa e innovadora para seducir a nuevos públicos y atraerlos a locales y fiestas.
Este tipo de eventos pueden entenderse como una moda de vanguardia, pero la "Silent disco" también se intuye como una salida real para el problema del ruido, el gran punto de fricción entre el ocio nocturno y los vecinos que obliga a las autoridades a tomar decisiones salomónicas.
Así, los auriculares se han convertido en la salida de emergencia para esta semana con los conciertos del Orgullo Gay en el barrio de Chueca, de Madrid. Ante la ordenanza contra el ruido de la capital, los organizadores del Orgullo han decidido utilizar esta fórmula para que los conciertos sólo pueden seguirse a través de los cascos, de modo que serán inaudibles para transeúntes y vecinos.
Pero el de Chueca no es el primer ejemplo. Desde hace prácticamente un año, una discoteca del centro de Valencia con problemas con el vecindario, Piccadilly, ha hecho de la necesidad virtud. Como si fuesen las audioguías de un museo, en la entrada puede canjearse el carné de identidad por unos auriculares. Ahora mismo, la sala está utilizando dos alternativas: un estilo de música ambiental más suave, limitado a 80 decibelios -que es lo que tiene permitido- y los auriculares, por donde se pinchan dos estilos musicales y, lógicamente, sin límite de sonido. El caso de esta sala es prácticamente pionero en toda España, ya que la mayoría de locales que han acogido esta experiencia lo han hecho de forma esporádica, dentro de promociones de marcas de bebida.
Y tiene ventajas e inconvenientes. Según explica Óscar Iglesias, propietario del local, una iniciativa como esta "requiere una clientela abierta a todo tipo de posibilidades, más alternativo, cercano a la escena 'indi' 0 rock. En otro local no funcionaría". Así, Iglesias apunta que esta idea se convierte "en un gancho para generar un ambiente especial"; y permite, por ejemplo, realizar dos sesiones de 'dj' al mismo tiempo que se escuchan en dos pistas diferentes de los cascos. Algo que en una sala pequeña como Picadilly no podría realizarse de otra forma. "Reinventarse", para "sobrevivir", en definitiva.
Con todo, no es la primera vez que en Valencia la fiesta se vive con unos cascos en las orejas. Desde hace unos años el Festival Internacional de Benicàssim (FIB) programa sesiones de 'dj' en áreas de descanso en las que sólo se escucha la música a través de los auriculares. También se celebró este año por primera vez una sesión de este tipo en el festival "Poliniza", que celebra cada mayo la Universitat Politècnica (UPV). En este sentido, Vicente Pizcueta, portavoz de la Federación Empresarial de Hostelería de Valencia, destaca que la Comunitat Valenciana "es uno de los primeros lugares donde se ha experimentado esta nueva tendencia". Como "reclamo" para atraer clientes y, como se ve, también como solución de futuro al problema del ruido.

"Esto es la máxima incomunicación"
Más allá de las bondades de esta iniciativa para paliar el conflicto generado en torno al ocio nocturno, está por ver la aceptación que tendría entre los clientes si se asentase en la mayoría de locales. Y una primera encuesta en la pista de este club de Valencia demuestra que, como toda tendencia novedosa, la "silent disco" tiene partidarios y detractores. María, joven de La Ribera de fiesta en la capital, se confiesa "indignada" ante lo que entiende como "el fin del ocio nocturno" como lo conocemos. "Si salimos es para desconectar tras una semana de trabajo. Ponerse los cascos de fiesta es la máxima incomunicación". Menos dramático es Carlos, al que le seduce la "curiosidad" por el nuevo fenómeno. "Esto es genial", resume.

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