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Voluntarios de Sueca recurren a fundas de trajes de fallera para crear mascarillas

La escasez de materiales ante la alta demanda obliga a buscar alternativas para mantener la producción

Voluntarios de Sueca recurren a fundas de trajes de fallera para crear mascarillas

Voluntarios de Sueca recurren a fundas de trajes de fallera para crear mascarillas vicent m. pastor

El movimiento «Coronavirus maker», un ejército de voluntarios que se ha volcado en producir desde casa y con medios propios elementos de protección que distribuyen entre sanitarios y fuerzas de seguridad, ha puesto al servicio de la causa sus conocimientos técnicos y también su imaginación. El grupo constituido en la Ribera no sólo ha perfeccionado prototipos de viseras que circulaban por la red parar mejorar sus prestaciones hasta el punto de producir varios modelos sino que, ante los problemas de movilidad por el confinamiento y escasez de materias primas, ha experimentado con materiales que tenían a mano para acabar reutilizando fundas de trajes de fallera y de caballero para producir mascarillas. En el caso de Mar, vecina de Sueca que participa junto a su marido en el movimiento -ella cose mascarillas y él imprime en 3D soportes para viseras-, ha reciclado todas las fundas que tenía en casa y también las que le han hecho llegar otros miembros de su comisión fallera. Agotada esta materia prima, ha recurrido a un material que utilizan en los restaurantes como manteles: Novotex.

El boca a boca es fundamental en esta cadena solidaria y para comprobar la eficacia de un tejido de cara a la elaboración de mascarillas la «prueba del agua» resulta un primer paso para valorar la impermeabilidad. «Si lo mojas y no traspasa, se puede utilizar», expone Davit, mientras detalla que, en el caso del Novotex, si es demasiado fino, «se están poniendo dos capas y hay quien también sitúa entre ellas un pañuelo, una compresa o cualquier elemento que ayude a filtrar». «Una enfermera nos explicó además que estas mascarillas no hace falta lavarlas, se pueden desinfectar en el microondas», agrega.

Davit Talens es ingeniero. Su mujer, Mar Ros, no se encuentra profesionalmente en activo, pero sabe coser. La activación en la Ribera del movimiento «Coronavirus maker» provocó que ofrecieran sus servicios. Hablan en nombre de un grupo formado por decenas de personas que trabajan de forma anónima desde diferentes municipios y a las que, mayoritariamente, ni siquiera conocen, aunque desde hace unos días mantienen un contacto permanente a través de los grupos creados en las redes sociales para compartir información. Talens entró en el grupo de la mano de otro técnico de Algemesí con el que, también por WhatsApp, compartía información sobre la impresión 3D y que en una ocasión le suministró filamento para fundir. «Cada 'maker' sabe las posibilidades de su máquina y fabrica el tipo de máscara que mejor se acopla para optimizar el rendimiento de su impresora», comenta Talens. El ingeniero suecano detalla que se trata de un proceso «muy lento» y, a la vez, «superadictivo» porque, según relata, «puedes fabricar lo que te imagines, el límite es tu imaginación». «Nos gusta trabajar con estas máquinas, se nos pasan las horas sin darnos cuenta», comenta. Este trabajo, a la vez que ayuda a pasar los días de confinamiento de una forma activa, sirve para ayudar a los profesionales que están en primer línea en la lucha contra el coronavirus.

Los voluntarios reciben peticiones de profesionales de su entorno y distribuyen el material entre personal de hospitales, centros de salud, cuerpos de seguridad, auxiliares de ayuda a domicilio e incluso alguna unidad del SAMU. La Policía Local se ha ofrecido en algunos pueblos para hacerles llegar el material que necesitan para mantener la producción.

Se trata de un labor que realizan de forma altruista. «Nuestra satisfacción es el agradecimiento de la gente, la cara de descanso, entre comillas -apostilla Talens- cuando les entregas una protección para que puedan trabajar con más seguridad. Es la satisfacción de poder ayudar, de contribuir a evitar contagios, sobre todo al personal sanitario que están arriesgando su vida mientras nosotros estamos en casa y nos están diciendo que les hace falta».

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