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Los mil cismas que abonaron Compromís

De UPV a EUPV pasando por Iniciativa: un libro de Vicent Àlvarez desentraña las luchas de poder que perduran en el valencianismo

Los mil cismas que abonaron Compromís

Los mil cismas que abonaron Compromís

Corría el año 1997. Algunos de los artífices de lo que hoy es Compromís abanderaban una vía ecologista y valencianista en el seno de Esquerra Unida que reclamaba al coordinador federal Julio Anguita una reorientación de sus políticas. La corriente Esquerra i País, a la que se adscribían Mónica Oltra, Pasqual Mollà, Miquel Real o Dolors Pérez, terminó abiertamente enfrentada a la líder de EUPV, Glòria Marcos, un cisma del que surgiría, diez años más tarde, Iniciativa pel poble Valencià, una de las principales patas de Compromís.

No todos estuvieron conformes con esa escisión. En el libro Per un valencianisme d'esquerra, el exconsejero del Consell Valencià de Cultura Vicent Àlvarez pregunta al lector si se le puede considerar un perdedor por haberse quedado en minoría en casi todas las batallas internas en las que se vio envuelto (que no fueron pocas) dentro de la obsesión por construir, a lo largo de una trayectoria política iniciada en la era predemocrática,un proyecto que, frente a la fragmentación de fuerzas, aunara las múltiples sensibilidades del valencianismo y las izquierdas renovadoras.

Como otros integrantes de Esquerra i País, Àlvarez había abandonada UPV -partido con el que lideró la lista al Ayuntamiento de València en 1991- tras una confrontación entre quienes, como él, abogaban por ampliar el discurso de la izquierda a nuevos enfoques como el ecologismo, y el ala moderada del nacionalismo identitario liderada por Pere Mayor, que, de la mano de otros dirigentes como Enric Morera, se fundirían en lo que hoy es el Bloc. La confluencia de UPV con la Convergència de Pujol, junto a otros conflictos con la dirección (incluyendo acusaciones de fraude en votaciones internas), precipitaron la escisión.

Àlvarez desgrana las contradicciones, las luchas de poder y los personalismos que marcaron una larga etapa de turbulencias en el seno del valencianismo, aún hoy vigentes a las puertas del congreso de refundación del Bloc, con el debate candente sobre la relación con Compromís y la dificultad de conjugar las esencias identitarias y las nuevas formas de la izquierda sin caer en la indefinición. Àlvarez acabó apartándose de la política de partido a raíz del sonado naufragio de la coalición electoral EU-Bloc que, en 2008 y bajo las siglas de Compromís, saltó por los aires por el enfrentamiento entre los sectores de Oltra y Marcos, con el nombramiento de un consejero de RTVV como detonante. Algo similar había vivido con UPV.

El factor humano

Una de las conclusiones es que las guerras de liderazgo y las desafinidades personales acaban prevaleciendo en no pocas ocasiones por encima de las ideas y los programas, en medio de pugnas entre familias y culturas políticas diversas. «Sin el conflicto entre Mollà y Oltra con Glòria Marcos no se explica cómo sucedieron las cosas», apunta Àlvarez. «La coherencia me ha llevado a estar en minoría. Desde la vertiente de los resultados a corto plazo, podemos considerar que he perdido casi todas las batallas», reflexiona en el libro el exconsejero del CVC, que, sin embargo, cree que todas las luchas y aportaciones «no cayeron en el vacío», sino que generaron un poso para articular transformaciones importantes desde las óptica de las ideas y los valores, con el Pacte del Botànic como ejemplo de éxito.

Las fuerzas que hace una década estaban condenadas a entenderse para superar la tantas veces insalvable barrera del 5 % y llegar a las Corts, hoy -pese a las fricciones internas- comparten gobierno con el PSPV, una hipótesis que durante la larga travesía del valencianismo por el desierto se veía alejada por las reticencias de algunos sectores. Para Àlvarez, la clave no pasa por una tercera o cuarta vía, sino por «una confluencia de contenidos y sensibilidades que debería ir más allá de la suma de siglas, implicando a la ciudadanía». Y ahí resulta vital la capacidad de los partidos de renovar su cultura política y aumentar el contenido compartido.

De las «trampas» en las votaciones de UPV a una inviable ERC valenciana

Como testigo y protagonista de la evolución del valencianismo desde hace seis décadas, Vicent Àlvarez atesora una perspectiva amplia sobre las transformaciones en el ámbito de las ideas, las estrategias y los liderazgos que plasma en su último libro. Desde su actual desvinculación de la militancia partidista, el exconsejero del Consell Valencià de Cultura (CVC) sostiene que «no se puede hacer de la identidad una verdad absoluta» y ve imposible una ERC o un PNV a la valenciana por la falta de un componente identitario tan fuerte como el que existe en Cataluña o en Euskadi. «El valencianismo no se puede reducir a unas siglas políticas, es un sentimiento que debe ir junto a otros componentes. En el País Valencià el nacionalismo tiene que apostar por converger con otras fuerzas de izquierdas», apunta.

Àlvarez, que fue detenido y encarcelado el 1967 por participar en la primera manifestación del 1 de mayo, atribuye en buena medida la marcha de un sector de UPV a Esquerra Unida en la década de 1990 a las acusaciones de fraude electoral interno y a las «trampas» de la dirección del partido que más tarde se fundiría en el Bloc. «Se nos pidió que no se hiciese público», mantiene. EU sería más tarde un granero de figuras políticas importantes para Compromís, como Pasqual Mollà, Joan Ribó, Mónica Oltra, Dolors Pérez, Joan Francesc Peris o Manuel Alcaraz.

Per un valencianisme d'esquerra, editado por Eixam, recopila varios de los artículos que ha publicado el autor en Levante-EMV entre 1989 y 2012 y también aborda su trayectoria de 15 años en el Consell Valencià de Cultura, un ente en lucha con las trabas y las interferencias políticas por recuperar un legado olvidado.

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