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"Estamos cansados y tristes porque la gente no responde ante el sufrimiento ajeno"

Paco Valls, mejor médico rural en 2016, relata la dura lucha contra la covid en el centro de salud de Benigànim, con más de cien seguimientos diarios

El doctor Paco Valls cuando recibió la primera dosis de la vacuna el pasado 11 de enero. | LEVANTE-EMV

El doctor Paco Valls cuando recibió la primera dosis de la vacuna el pasado 11 de enero. | LEVANTE-EMV

A sus 67 años Paco Valls tendría que estar jubilado, pero su compromiso con el paciente le impide abandonar el barco cuando más necesarios son médicos como él. Premiado en 2016 por su trayectoria como médico rural, ahora lucha diariamente contra los efectos de la covid en el centro de salud de Benigànim, municipio con una incidencia acumulada de 2.122 casos por cada 100.000 habitantes y que hasta esta semana permanecía confinado. «Mi responsabilidad me dice que tengo que seguir peleando por la salud de los ciudadanos», asegura Valls, pero tiene claro que por más que se esfuercen, «luchando contra viento y marea», solo con la colaboración ciudadana se podrá frenar este drama que sigue cobrándose vidas.

«Cansados, tristes y asustados», así reconoce que se encuentran tanto él como todo el personal sanitario que lucha en primera línea contra las consecuencias de la pandemia. Cansados por el volumen de trabajo, ante el aumento de los contagios —124 en los últimos días en una localidad que no supera los 6.000 habitantes—. Según explica, en Benigànim hacen una media de 80 pruebas PCR diarias y cada médico de familia realiza el seguimiento de un centenar de pacientes al día. Y a la vez asustados, «no por nosotros, que lo tenemos más o menos asumido, sino por la situación en la que se encuentran los hospitales, al borde del colapso, y las durísimas decisiones que podrían tener que ser tomadas».

Pero es el sentimiento de tristeza al darse cuenta de que los ciudadanos «parecen no haber aprendido nada después de meses confinados y más de 70.000 muertes por encima de las esperadas para este 2020», lo que más desalienta a los sanitarios. «No son números, son personas que han dejado a sus familias y amigos, sanitarios a los que les ha costado la vida su entrega a los demás, vacíos irremplazables», remarca Paco Valls, quien hace un llamamiento a la población para que de una vez por todas se conciencien de la situación. «Estamos cansados y tristes porque la gente no responde ante el sufrimiento ajeno», reconoce con pesar.

Así, lamenta que no se haya conseguido hacer llegar a gran parte de la población la gravedad de la situación y la necesidad imperiosa de seguir medidas de protección para salvaguardar vidas, «olvidándose de otras apetencias que deberían ser totalmente prescindibles». «Si no cambia la dinámica, los hospitales se colapsarán, y es muy duro decirle a un paciente que no puede ingresar porque no hay camas», advierte el facultativo.

El trabajo telefónico

Como médico de familia de un centro de salud, «desde atención primaria estamos viendo a diario la progresión de casos y el esfuerzo titánico que significa su seguimiento y control». Valls considera vital esta labor, y lejos de lo que puedan pensar algunos sobre el trabajo de seguimiento telefónico que realizan los médicos, como si tuviera menos valor que la atención presencial, explica que se intentan controlar desde primaria los casos, con vigilancia y seguimiento permanente, para no colapsar los centros hospitalarios. «Salvo que aparezca una disnea tratamos de mantenerlos en casa, con tratamientos indicados que pensamos que les van bien, para intentar evitar la derivación al hospital y el colapso del sistema, siempre que no haya riesgo de neumonía».

Este veterano médico valenciano considera que después del confinamiento se llevó a cabo «una desescalada descerebrada y precipitada, donde lo que menos importó fue la protección de la salud pública». Así Valls defiende que sería necesario volver al confinamiento domiciliario, permitiendo solo actividades esenciales. «Cuando la responsabilidad se ha demostrado que no funciona, el único camino es imponer medidas drásticas de obligado cumplimiento. Si se habla de salvar vidas, no valen medias tintas».

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