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Género

"Las mujeres rurales tenemos que estar regularizadas y poder entrar a tomar decisiones"

Un foro de la Diputación de València reúne a siete mujeres emprendedoras del interior donde destacan la necesidad de "visibilizar" sus roles para las generaciones más jóvenes

Mujeres emprendedoras y rurales en la diputación

Mujeres emprendedoras y rurales en la diputación

Ser legales, estar dadas de alta en la Seguridad Social, pagar las cuotas de autónomos y hacer valer su trabajo. Todo ello es indispensable si eres mujer y vives en una zona rural para "figurar" en el entorno, en el sentido estricto de la palabra: "Destacar o ser considerado importante". De lo contrario, el trabajo queda invisibilizado y la mujer, aunque está y es indispensable, no se le ve. Pongamos un ejemplo: una mujer tiene un terreno, que trabaja su marido aunque ella comercializa las hortalizas. Solo él está dado de alta como productor, por lo que él entra a formar parte de la cooperativa local. Ella, que es la dueña del campo y distribuye la mercancía, es invisible a todos los niveles, pero sobre todo, en uno de los fundamentales: el de la toma de decisiones.

Es solo una de las conclusiones extraídas dela III Foro Dipu, dedicado en esta ocasión al "Entorno rural: Mujeres indispensables", donde una quincena de mujeres aportaron su visión sobre el género en zonas de interior. A través de la experiencia personal de siete emprendedoras reconocidas por Fademur y la diputación, todas ellas con un negocio desarrollado en la provincia de València, se ha puesto en valor lo necesario que resulta ser visibles para las generaciones de niñas que van por detrás y animarlas así a desarrollar su labor en los pueblos.

En este sentido intervino Clementina Domingo, apicultora en Miel Samel. Fue la primera que levantó la bandera de la necesidad de que las mujeres "dejen de ser acompañantes" en los negocios de padres, abuelos o maridos y comiencen a ser ellas las propietarias. "Tenemos que contar, y para eso debemos estar dadas de alta fiscalmente y legalmente, que no solo estén ellos regularizados. Si la explotación agraria también es mía y entramos en una cooperativa agraria, no cuenta mi trabajo, no estoy", señaló Domingo.

Ella se ha encargado de digitalizar toda la empresa y ocupa la posición de venta y comercialización de la miel que producen en Gestalgar. Haber sido reconocida por la diputación y Fademur le hizo recordar a todas las mujeres de su familia que pasaron desapercibidas "o que tuvieron que demostrar constantemente lo que eran".

Por eso, para Mercedes Cuesta, de Aloha Turia, cada pequeño paso que una mujer da, tiene que hacer ruido. Apeló a la "doble compensación" que necesitan las mujeres para avanzar, porque para llegar lejos "nos hace falta creer mucho más en nosotras mismas". "Mientras los hombres tienen una red de apoyo en casa que les facilita todo, nosotras no", apuntó la hostelera de Pedralba.

Mujeres emprendedoras y rurales en la diputación

Todas ellas trabajan en buena parte de las ocasiones en sectores muy masculinizados. Es el caso de Mercedes Gozálvez, que dirige una empresa de autocares en Ayora. Ella encarna la tercera generación del negocio familiar. Lidia con hombres en casi cualquier encuentro laboral y ella ha tenido que demostrar que valía tanto o más como sus predecesores. Ahora que eso ya estaba superado, una pandemia ha puesto en jaque el negocio que depende entre el 70 y el 80 % de los viajeros. Se han tenido que reconvertir en transportar a escolares.

De sector masculinizado también sabe Yolanda Albert, de BdB Analpa, una empresa de materiales de construcción en Olocau. "Hay que trabajar mucho para que te respeten como al resto y que sepan que se puede liderar en femenino", señaló.

Mientras, Maria Dolores Ferrando fundó Oli Oli en Requena para producir aceite de oliva ecológico 100 %. En menos de 10 años han conseguido 40 premios nacionales e internacionales. "Por edad me tendría que haber jubilado el año pasado, pero por mentalidad no", bromeó, y subrayó que cualquier mujer ama de casa ya es una empresaria por todas las cosas que debe gestionar. "Cuando me reúno con representantes del sector primario es donde hay más hombres. Vas a reuniones donde la mujer solo acompaña, nosotras mismas a veces nos ponemos esos techos porque reproducimos los patrones que hemos visto", señaló Ferrando.

Como ella, Ana Ferrer Balaguer fundó junto a su marido La Zanzonía, una empresa de embutidos con un aire fresco que nació fruto de la crisis económica de 2008 en Chelva. Costó dar el paso más todavía en el entorno rural, una opción que no se plantea habitualmente. "Se necesitan las mismas habilidades para llevarlo a cabo que en la ciudad", señala Ferrer, incluso la necesidad de innovar y darle la vuelta a los productos como en su caso, ya que hacen embutidos para vegetarianos.

En el caso de Maria Teresa Carrascosa, propietaria del restaurante Setaygües en Siete Aguas, destacó que la cocina parece que es intrínseca a la mujer. Sin embargo, pese a cocinar cada día en casa, "lanzarse a comercializar esa comida es difícil; si tienes alguien que te acompañe, no tanto", asegura.

Ella reivindica la cuchara valenciana y productos locales como los que trabaja Virginia Espinosa, de Javalturia, dedicados a la truficultura. Ella es ingeniera forestal y se mudó a Aras de los Olmos para estar más cerca de la naturaleza, que terminó por convertir en su negocio. Con la producción, recolección y distribución de la trufa en el Alto Túria ha encontrado su modo de vida y quiere que con el reconocimiento que les brinda la diputación sirva para que otras mujeres vean que "sí se puede" emprender en el interior.

Todas ellas y sus historias han quedado recogidas en un documental impulsado por Fademur y a cargo de Laura Motas y María Bernabeu, quienes junto a la diputada del área de Igualdad, Eli García, moderaron el evento.

8% de directivas

También participaron cuatro representantes de las asociaciones que velan por los derechos de las mujeres en el entorno rural, como Mireia Vidal, de Coordinadora de Campesinas - PV. Fue ella quien dio alas a lo que Clementina Domingo había dejado entrever: "Estamos en un tercio de explotaciones agrarias pero no figuramos en casi ninguna. Nuestro trabajo se concibe como una extensión, un apoyo a la familia cuando realmente trabajamos y llevamos nuestras empresas adelante, porque somos nosotras las que seguimos cuidando de rebaños, familias, bosques y pueblos", apuntó Vidal. Fue en el mismo sentido que la intervención de Regina Campos, presidenta de Fademur-CV, quien incidió en lo desaparecidas que las mujeres están de los órganos de poder: en las cooperativas alimentarias trabajan aproximadamente un 50 % de hombres y mujeres; en cuanto a sus socios, el 25 % de ellos son mujeres, pero en los órganos de decisión solo el 8 % lo son. Solo un 3 % de las cooperativas valencianas son mujeres.

De hecho, subrayó que en 2011 se aprobó la Ley de Explotaciones de Titularidad Compartida y desde entonces solo se han inscrito 770 en toda España. En la C. Valenciana son 17; 13 en Castelló, y 2 en Alicante y en València, como apuntó Isabel Navarro, del área de la Dona de la Unió de Llauradors.

También intervino Marián Corbí, presidenta de Avamfar en Ava-Asaja, quien recriminó lo alejada que está la Administración de los pueblos.

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