El Consell prepara una nueva resolución centrada en las pruebas de selectividad para aumentar la garantía sobre la igualdad de oportunidades del alumnado. Se trata de la normativa que indica cómo pueden adaptarse las Pruebas de Acceso a la Universidad (PAU) para que el alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo las realice en igualdad de condiciones que el resto.

Una resolución conjunta de las conselleries de Universidades y Educación indica el trato que deben recibir los estudiantes con sordera, visión reducida, problemas de movilidad o dislexia, entre otros, para que los exámenes les resulten accesibles: no se trata de modificar el contenido ni su nivel, sino, por ejemplo, la presentación o el tiempo para que puedan completarlos. El borrador, que ya se ha presentado a la Mesa Sectorial de Educación, actualiza las instrucciones ya existentes y las adapta al nuevo modelo de inclusión educativa que ha impulsado el departamento de Campanar este curso, con las Unidades de Orientación Educativa (UOE) como referentes.

El Consell tiene intención de que esta normativa esté en vigor ya para la próxima selectividad, que será del 7 al 9 de junio. «Con esta resolución actualizamos, clarificamos, sintetizamos y agilizamos los procedimientos para solicitar los diferentes tipos de adaptaciones según las necesidades de cada alumno o alumna», explican desde Educación.

Momento de transición

El texto sobre la mesa recuerda que el acceso a la universidad «representa uno de los momentos de transición más significativos» para el estudiantado, por lo que se «debe tener en cuenta la situación de las personas con necesidades específicas de apoyo educativo», eliminando las barreras pero «sin renunciar a los principios de mérito y capacidad».

Cualquier persona que cumpla los requisitos habituales para presentarse a la selectividad puede solicitar su adaptación, siendo indispensable que durante el curso ya haya contado con apoyos en el aula para seguir las clases. De hecho, se especifica que el apoyo educativo debe haber estado presente «durante las enseñanzas cursadas y estar acreditado en el expediente académico del alumnado», a no ser que sea una causa sobrevenida.

Así, el borrador detalla que estas adaptaciones se pueden dar por discapacidades —auditiva, visual o motriz—; trastornos —del espectro autista (TEA), déficit de atención (TDAH), o asociados a alguna causa orgánico o fisiológica—; así como a estudiantes con dificultades específicas del aprendizaje, que deberán argumentarse con informes educativos, médicos o psicológicos.

Por esto, las adaptaciones individuales pueden ser de diferentes tipos, y se estudian caso por caso. Por ejemplo, de acceso físico al recinto para las personas con movilidad reducida; o de accesibilidad cognitiva; o en el formato de los exámenes (la fuente o el tamaño de las letras, o en Braille); así como la lectura en voz alta de los enunciados. En otros casos, se autoriza el acompañamiento de una persona de apoyo (como una intérprete de signos).

Antes de las PAU, las solicitudes de adaptación serán validadas por una subcomisión de la Comisión Gestora, integrada por representantes de las universidades, de la inspección educativa y de la dirección general de Inclusión.

Así, el departamento de Orientación del centro en el que estudie el alumno debe elaborar un informe sociopsicopedagógico que, posteriormente, las UEO (externas a los colegios e institutos) y esta subcomisión estudiarán para dar su visto bueno. Este informe detallará qué condiciones requiere el alumno, mediante la certificación del grado de discapacidad; informes médicos, clínicos o psicológicos; y documentación académica.

El formato aplicado en pandemia se mantiene hasta 2023

Las convocatorias de la selectividad del actual 2021-22 y la del 2022-23 mantendrán el mismo formato que se implantó los dos cursos pasados a causa de la pandemia, según un borrador reciente enviado por el Ministerio de Educación a los gobiernos autonómicos y al Consejo Escolar de Estado. Por lo tanto, las pruebas darán mayor libertad al alumnado para poder escoger las preguntas que responden, en lugar del modelo previo a la pandemia en el que había una doble opción y debían contestar todas las preguntas de una de ellas.