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Congreso Nacional de Ingenieros Agrónomos en València

Nacho Díez Torrijos: “Una ciudad verde es mucho más que plantar árboles”

El ingeniero agrónomo, urbanista y paisajista defiende una planificación del territorio que permita combatir el calor, prevenir inundaciones y proteger los espacios naturales

Nacho Díez Torrijos.

Nacho Díez Torrijos. / ED

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J.M. Bort

J.M. Bort

València

La infraestructura verde ya no consiste en plantar árboles para decorar las ciudades. Es una herramienta para combatir el calor, gestionar el agua y reducir la vulnerabilidad del territorio ante fenómenos extremos. Así lo defiende Nacho Díez Torrijos, doctor ingeniero agrónomo, profesor de la Universitat Politècnica de València (UPV) y fundador del estudio Cercle, especializado en planificación territorial y arquitectura del paisaje. Participante en el Congreso Nacional de Ingenieros Agrónomos que se celebra esta semana en València, reivindica una nueva manera de entender el urbanismo: «Hemos pasado de una jardinería de ornato, para decorar la ciudad, a entender que el verde forma parte de los sistemas básicos que la sustentan».

La dana de octubre de 2024 puso de manifiesto las consecuencias de la ocupación del territorio y la necesidad de revisar cómo se planifican los municipios. Para Díez Torrijos, la clave está en anticiparse a los riesgos y recuperar el espacio que necesitan los sistemas naturales. «Seguimos queriendo definir una infraestructura verde estratégica que nos permita anticiparnos a los eventos extremos, sobre todo en los territorios más vulnerables, como los ríos y la costa», explica. La planificación, sostiene, debe dejar de ser una respuesta a las catástrofes para convertirse en una herramienta preventiva.

Proyecto de regeneración paisajística del entorno de la Estación del Cabanyal, premio nacional en 2025.

Proyecto de regeneración paisajística del entorno de la Estación del Cabanyal, premio nacional en 2025. / ED

Ese cambio de mentalidad también resulta imprescindible para afrontar las altas temperaturas. La sombra de los árboles ayuda, pero no basta con multiplicar las plantaciones si el suelo sigue siendo una superficie impermeable que acumula calor e impide la infiltración del agua. «Los árboles nos ayudan a liberar a las ciudades del calor, pero también es muy importante entender que ese intercambio de energía tiene que ver con lo que sucede en el suelo», señala. Por eso, en proyectos como la intervención paisajística del entorno de la estación del Cabanyal, su equipo apostó por ampliar las superficies permeables y facilitar la infiltración. La actuación recibió en 2025 el Premio Nacional Alhambra al mejor proyecto de infraestructura verde.

La huerta que necesita agricultores

La planificación territorial también condiciona el futuro de la Huerta de València, un paisaje histórico que debe afrontar la presión urbanística sin perder su función productiva. Díez Torrijos conoce el proceso desde dentro: comenzó a redactar el plan de protección en 2005 y continuó trabajando en él hasta su aprobación, en 2018. Después participó en el desarrollo del plan agrario. «En 2008, en plena crisis financiera y con mucha presión urbanística, la urgencia era estabilizar y asegurar el suelo agrario», recuerda.

La protección del terreno, sin embargo, no garantiza por sí sola la continuidad de la actividad agrícola. El ingeniero destaca que, durante cuatro años, la huerta contó con fondos propios para gestionar y reconocer los servicios ambientales que prestan los agricultores al área metropolitana de València. Su experiencia ilustra una de las contradicciones de la planificación: preservar un paisaje exige algo más que impedir que se construya sobre él. También requiere que pueda seguir siendo económicamente viable.

Pérez Galdós: ¿para quién es la ciudad?

Una de las intervenciones urbanas en las que ha participado Cercle permite trasladar ese debate a la vida cotidiana. El proyecto de reurbanización de las avenidas Pérez Galdós y Giorgeta, redactado junto a GECIVAL bajo la propuesta Raíces, plantea una transformación del espacio público que confronta dos necesidades: la de quienes viven en la avenida y la de quienes la utilizan para desplazarse. «Es un proyecto que confronta dos visiones de la ciudad: la visión del que vive y la visión del que pasa», resume Díez Torrijos. «El que vive quiere un espacio de calidad y el que pasa precisa agilidad. El reto era compatibilizar eso». La intervención reduce un carril por sentido, amplía las aceras, incorpora un carril bici y prevé casi 700 árboles y más de 20.000 arbustos a lo largo de 2,2 kilómetros. Un hito para la ciudad de València.

Obras en la avenida Pérez Galdós de València.

Obras en la avenida Pérez Galdós de València. / Fernando Bustamante / Fernando Bustamante

Para el ingeniero, la actuación supone una oportunidad para redistribuir el espacio urbano, tradicionalmente dominado por el tráfico. «Si seguimos midiendo la superficie, el coche sigue ocupando más espacio. Es un proyecto de reequilibrar los espacios y de darle importancia al verde», afirma. Pero queda pendiente una cuestión de fondo: el futuro del túnel, cuya transformación considera una decisión políticamente complicada. «Nosotros, como técnicos, queríamos aprovechar el espacio al máximo posible».

El Turia, un parque sin hoja de ruta

La transformación de Pérez Galdós conecta con otra de las preocupaciones del especialista: qué hacemos con los espacios verdes una vez inaugurados. Díez Torrijos ha participado en la elaboración del plan de gestión del Jardín del Turia, uno de los grandes espacios públicos de València, y considera que su éxito como lugar de encuentro no debe ocultar los problemas de planificación.

«Es un parque muy valorado por la población, pero sigue sin hoja de ruta desde que se creó», advierte. A su juicio, el antiguo cauce ha ido incorporando usos e incluso edificaciones sin una estrategia global que preserve todas sus funciones. «La estrategia es renaturalizar, porque, aunque lo usa la ciudad, es un cauce que debe seguir siendo un espacio de infiltración y drenaje». El riesgo, sostiene, es desaprovechar los servicios ambientales que puede prestar un espacio de estas características en una gran ciudad.

Menos hormigón donde más riesgo existe

La prevención de inundaciones exige también revisar dónde se construye. En el debate sobre la ocupación del territorio, Díez Torrijos insiste en la necesidad de evitar nuevas edificaciones en zonas especialmente vulnerables y de asumir que las decisiones urbanísticas tienen consecuencias a largo plazo para las administraciones y la ciudadanía.

Díez Torrijos reivindica la función de los instrumentos de protección territorial y recuerda el papel que desempeñó el Plan de Acción Territorial de Infraestructura Verde del Litoral (PATIVEL), que protegía 7.500 hectáreas de costa

«Cuando se evita construir en lugares muy vulnerables, se está tomando una decisión importante», señala. El problema, añade, es que los costes de gestionar las consecuencias de una catástrofe suelen recaer después en las administraciones públicas, aunque las decisiones que aumentaron la exposición al riesgo se tomaran mucho antes. De ahí su defensa de una mayor corresponsabilidad.

La misma lógica se aplica al litoral, donde la ocupación de espacios expuestos a temporales y al aumento del nivel del mar plantea nuevos interrogantes. Díez Torrijos reivindica la función de los instrumentos de protección territorial y recuerda el papel que desempeñó el Plan de Acción Territorial de Infraestructura Verde del Litoral (PATIVEL), que protegía 7.500 hectáreas de costa. «Edificar en primera línea de costa es exponer a las personas a un riesgo importante», sostiene.

La naturaleza también necesita planificación

Para el ingeniero, la infraestructura verde no puede limitarse a una suma de parques, árboles y jardines. Requiere espacio, mantenimiento y una visión que conecte los diferentes elementos del territorio. También exige implicar a quienes viven en él. Como ejemplo, cita el proyecto de regeneración del río Sot en Sot de Chera, desarrollado con participación de vecinos, Ayuntamiento, Confederación Hidrográfica del Júcar y un equipo técnico de la UPV.

«Los proyectos que llegan subvencionados han de contar con los vecinos. Son proyectos que la gente hace suyos», explica. Esa participación ayuda a que las intervenciones se entiendan y se mantengan en el tiempo.

El reto, concluye, es incorporar esta mirada a la manera de diseñar las ciudades y ordenar el territorio. Desde la UPV, donde coordina el Máster Universitario en Paisaje y Urbanismo, trabaja también para formar a profesionales capaces de integrar estas disciplinas. Porque, frente a la tentación de considerar el verde un complemento estético, su planteamiento es otro: la infraestructura verde no es el adorno de la ciudad, sino parte de la infraestructura que permite que funcione.

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