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Muestra

Miedo, mujer y crítica

Annette Messager resume en el IVAM dos décadas de creación que se mueve entre lo monumental y lo íntimo, lo poético y lo político, y lo púdico y lo público

Miedo, mujer y crítica

Miedo, mujer y crítica

Annette Messager recordaba ayer en el IVAM que en el mayo del 68 se ofreció para dibujar y pintar carteles que expresaran las reivindicaciones de los jóvenes, pero sus compañeros la rechazaron porque eso era cosa de hombres. Pese a todo, la artista francesa -de la que el museo valenciano condensa desde hoy 20 años de producción a través de la muestra «Púdico-público»-, considera que algunos aspectos de aquella pequeña revolución que cumple medio siglo siguen presentes hoy en movimientos como el feminismo. También cree que algunos de los mensajes que ella no pudo pintar -como el celebérrimo «prohibido prohibir»- contrastan con el miedo y la represión a sí mismo que atenazan al ser humano del presente. «Pero el arte sigue siendo un ámbito para ejercer la libertad», aseguraba ayer la artista en la presentación de su obra.

Los dos principios que se desprenden de estas declaraciones -la actitud crítica y el marcado feminismo-, son, junto a su capacidad para bucear en la mente humana, la naturaleza que mueve la obra de Messager, tal como explicaba ayer el director del museo y comisario de la exposición, José Miguel García Cortés. En «Les interdictions en 2014», la primera de las instalaciones que observa el espectador al entrar en la Galería 1 del IVAM, la artista ha recopilado decenas de prohibiciones. «Hoy esta prohibido envejecer y pronto estará incluso prohibido morirse», asevera.

En la siguiente sala, ocupada por «Motion/Emotion» vestidos, juguetes y plásticos bailan una especie de «danza macabra» impulsada por ventiladores. «Nos recuerda que estamos en esta vida y no dejamos de movernos, pero sabemos cómo vamos a terminar. Cuanto más se envejece, más queremos movernos para luchar contra el destino», relata Messager.

En la vital, atrevida y menstrual «Habitación de los úteros» cientos de matrices forman calaveras, hacen peinetas o se transforman en ramas de flores venenosas. «Conocemos mal el interior de nuestro cuerpo porque le tenemos miedo. Yo dibujo para domesticar ese miedo», explicaba la autora. A través de estos úteros en papel pintado y de las esculturas y dibujos reunidos en la habitación, Messager denuncia el sexismo, el racismo, la homofobia y ese «mundo que se cierra» al cuerpo, al placer y al amor.

El «Homenaje a las costureras» -o «pequeñas manos», como se les llama en francés de forma despectiva- es, en palabras de la propia autora, «la obra más sencilla que he hecho en mi vida. Por una vez he sido minimalista». Ya en la sala del fondo espera «Sous-vent» («Sotavento»), la más grande de las instalaciones de la exposición. Un gran velo negro se levanta y se agita dejando entrever un mundo subterráneo de grandes y pequeños objetos y formas anatómicas. Monumentalidad e intimismo, una de esas dicotomías -lo poético y lo político, la risa y el espanto, lo púdico y lo público- en las que se mueve la obra de Messager.

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