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Entrevista

Luz Casal: "No quiero avergonzarme de lo que hago"

"Sigo siendo una rockera porque el rock es una actitud. Me gustan las guitarras, la insolencia y hacer las cosas porque me da la gana"

Luz Casal: "No quiero avergonzarme de lo que hago"

La entrevista tiene lugar en la coctelería de un hotel del centro de València con el hilo musical a un volumen bastante elevado. Por suerte para ella, no suena ninguno de sus éxitos.

P Tengo la impresión de que usted siempre ha querido hacer música para todos los públicos sin dejar de arriesgar. ¿Le ha salido?

R Nunca he tenido ninguna premisa. De los objetivos que he tenido musicalmente, el más elevado es hacer aquello que me interesa, y que me motiva y que me resulta indispensable. Luego hay reacciones que se me escapan, pero cualquier público me resulta interesante, no soy radical. No tengo la pretensión de tener un público que sea como yo, eso me resulta arrogante. Yo en la música estoy, a parte de para expresarme de manera íntima y compartir inquietudes con la gente, para ver si me sigo interesando a mi misma como música y como cantante. Y por eso me arriesgo a hacer aventuras un poco extremas.

P Entre disco y disco suyo suelen pasar unos cuantos años. ¿Le gustan poco las prisas?

R Dejo pasar un tiempo porque no lo sé hacer de otra manera. Yo no doy una canción por acabada hasta que sé que no la puedo mejorar más. Puedo estar años, pero no me importa. Si acaso, compito conmigo mismo.

P ¿Y es usted una competencia difícil?

R Sí, supongo que sí, supongo que no quiero avergonzarme de lo que hago y eso me obliga a pensar: ¿Esto me refleja? ¿Esto voy a ser capaz de cantarlo dentro de 15 años? ¿Esta melodía me produce cosas? ¿Sus cuatro notas tienen sentido?

P ¿Y cómo se siente cuando canta en directo temas de los 80 como «Rufino»? ¿Le gustan o son concesiones al público?

R Sin duda, «Rufino» es una concesión al público. Pero yo es que tengo un alto sentido de la importancia del público. Seguro que el repertorio no va a satisfacer al 100 % a la gente, pero no hacer las canciones que son populares, queridas, que tienen una historia para mucha gente, sería un poco un fiasco. En el caso de «Rufino», yo ya no soy la adolescente que canta en esa canción, pero a nivel interpretativo tiene el desafío de meterte en la película y de una manera breve sentir lo que describes.

P En los 80 actuó de forma paralela a la «Movida». ¿Comparte el revisionismo al que se somete ahora a esa época?

R Supongo que es natural. De esa época han quedado muchísimas cosas. No tanto musicales, no son tantos los que han permanecido más allá de Santiago Auserón o Fangoria, pero sí fue un momento importante socialmente. Y culturalmente, destacaría más la pintura o el cine.

P ¿Sin el punto de inflexión que fueron para usted el éxito de las canciones que Almodóvar incluyó en «Tacones lejanos», cree que con los años se habría quedado como un mero producto nostálgico como ya lo son algunos de sus compañeros de generación?

R Siempre he ido a mi bola. Cuando se ha tratado de encasillarme siempre ha sobrado algo o faltado algo, nunca he pertenecido a un determinado grupo. Las canciones de la película hicieron ver que yo podía cantar cosas más allá de lo que había cantado en los cinco primero álbumes...

P Bueno, yo recuerdo «Eres tú», de su primer disco, que es un baladón.

R Sí, es un baladón. Fue la primera canción de amor que escribí desde el punto de vista personal. Pero las canciones de la película de Almodóvar, sobre todo «Piensa en mí», fueron tan populares que de alguna manera me dieron la oportunidad de meterme en géneros como el bolero. Y además me quitaron un poco de pudor, el no pensar que no voy a hacer algo porque a lo mejor no gusta. Si esas dos canciones hubieran pasado desapercibidas a lo mejor la gente no hubiera hecho esa distinción de «ya no eres tan rockera como antes» que he tenido que oír tantas y tantas veces.

P ¿Usted se sigue sintiendo rockera pese a que el rock pesa cada vez menos en sus discos?

R Siempre puedes soltar la «boutade» esa de Keith Richards de «el rock soy yo». O también puedes pensar como yo que el rock es una actitud. Me gustan las guitarras, la insolencia y el hacer las cosas porque me da la gana. No sé si la palabra «inconformista» sería la correcta, pero sigo estando más cerca de eso que de la música urbana actual.

P Elvis no perdió la condición del «Rey del rock» pese a que sus últimos discos estaban llenos de baladas.

R Sí, a él nunca se le cuestionó. Pero yo creo que está en la actitud. Robert Plant, cuando hace el disco «bluegrass» con Alison Krauss, nunca deja de ser el cantante de Led Zeppelin. Al final tienes que ir más allá de lo que has hecho. Yo ya no puedo hacer una canción como «Eres tú», tendría que ponerle otras palabras, tener otro elemento diferente o más arriesgado. Y esa es mi tarea, no me conformo con lo primero aunque a veces es lo más interesante.

P ¿Se siente sola como solista? ¿Ha echado de menos ser parte de una banda?

R Sí. Para que te hagas una idea de esa necesidad, el batería lleva conmigo 25 años y el bajista cerca de 20. En directo tengo ese respaldo, pero a la hora de componer o de plantear los giros de la carrera, estoy sola.

P En el último disco, «Que corra el aire», hace una versión de Mari Trini. ¿Se siente en la misma línea de cantantes fuertes pero con fondo conmovedor como ella o Mina o Dalila?

R Claro. Esos tres nombres para mí son referentes. Yo hace años sentí que le debía a Mari Trini un homenaje importante, por sus canciones y por ser una mujer que le tocó vivir en un tiempo que había que echarle pelotas.

P ¿Qué siente si ahora en este hilo musical que estamos escuchando sonase de repente «Piensa en mí» o alguna otra canción suya?

R No me gusta mucho escucharme. No puedo dejar de hacerlo, ni de analizarme, pero me es muy embarazoso, como si de repente me quedara en pelotas.

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