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El verano indio

Frank Sinatra grabó con Duke Ellington «Indian Summer».

Frank Sinatra grabó con Duke Ellington «Indian Summer». Fernando Soriano

Dicen que existen otras latitudes en las que se puede apreciar claramente el paso de las estaciones. Sitios donde te vistes decentemente a final de agosto y se adivina la crudeza del invierno por venir en cuanto pasa Todos los Santos. Por eso, en esta ciudad donde tenemos un verano que dura ocho meses y el resto del año se debate entre la primavera traidora y el otoño seco y soleado, se hace realmente difícil entender fenómenos climatológicos como el veranillo de san Miguel o del Membrillo. Consiste en un breve reprise del tiempo estival que debería suceder por estas fechas, según el celebérrimo Calendario Zaragozano.

En Norteamérica se conoce como Indian Summer. Frank Sinatra y Duke Ellington le dedicaron juntos una melancólica canción en la que sale retratado como el revés oscuro del verano feliz, esa engañosa parte del otoño en la que todavía luce el sol pero que trae consigo la decepción de los sueños incumplidos y de los romances veraniegos, que mueren por definición con la caída de las primeras hojas. La mismísima hija del ruiseñor de Hoboken, Nancy, también cantó sobre esta curiosidad meteorológica con Lee Hazelwood, cómplice de sus mejores momentos artísticos, en una versión de «L’Eté indien», original de Joe Dassin. El francés explica perfectamente el invento, evocando con su profunda voz la playa otoñal y un amanecer manchado por la sangre del amor asesinado por el calendario. La pareja norteamericana, por su parte, adapta la letra al inglés y le añade sexo y unos brillantes arreglos de teclado que te hacen envidiar a su desdichado protagonista.

Más contundente sonaba «Indian summer» de los galeses Manic Street Preachers, pero también más críptica, con su mensaje de seguir adelante sorteando cualquier dificultad impuesta por lo humano o lo divino, buscando un rayo de sol en medio de la tormenta. La de The Doors era lánguida, cálida y musicalmente muy similar a «The End». Con el mismo título, los Stereophonics recuerdan un romance breve pero intenso, lleno de pasión, priva y farlopa, ardiente bajo el sol septembrino y ahogado por las lluvias de noviembre. Sobre estos días que corren, Van Morrison compuso una canción para su magnífico disco «Down the road», preciosa con su paseo entre los sauces hacia la eternidad, antes de que lleguen los gélidos vientos invernales.

De todas las composiciones dedicadas al veranillo de san Miguel mi favorita es la de los Beat Happening, pero en la versión de Luna, grupo por el que siento especial debilidad. En la densa atmósfera de este medio tiempo con rasgos melódicos infantiles convive la tristeza que produce la separación de los amantes con los candorosos juegos callejeros de los niños, o un picnic con bayas silvestres, torrijas bañadas en melaza y un manjar tan típico de Estados Unidos como el propio verano indio: el baked Alaska. Se trata de una especie de pastel relleno de helado que se cubre con un merengue para evitar que se derrita al meterlo en el horno. Esta receta, que ofrece frío y calor a la vez, podría ser la metáfora perfecta para nuestro episodio atmosférico-musical.

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