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Gonzalo Giner: "Una novela sobre València va a caer, eso lo tengo claro"

"La bruma verde" conciencia antes que denuncia sobre los abusos en el Congo

«Una novela sobre València va a caer, eso lo tengo claro»

«Una novela sobre València va a caer, eso lo tengo claro»

Fascinado por la belleza del Congo, Gonzalo Giner ahondó en la historia y en la actualidad del país africano para escribir «La bruma verde», la obra galardonada con el Premio de novela Fernando Lara 2020 que ahora publica Planeta. La séptima novela de Giner mezcla aventuras y amor con tintes de «ecothriller» a través de un secuestro.

Madrileño con raíces valencianas.

Diríamos que tengo ocho apellidos valencianos porque mi abuelo, mi bisabuelo, mi tatarabuelo... todos eran valencianos. Procedo de una familia muy numerosa y somos muchos los Giner. Mi tío, por ejemplo, fue Vicente Giner Boira y mi abuelo fue procurador del Tribunal de las Aguas de València, de los que daban cobertura legal externa a las sentencias del Tribunal de las Aguas.

Pues de ahí puede extraer una buena historia para su próxima novela.

La estaba preparando... Tengo mucha documentación y libros de historia de València de mi tío que me traje para poder estudiarlos y ponerme a ello, lo que pasa es que entre medias, me asaltó esta historia de África que me revolucionó, pero tengo una cita pendiente. Una novela de València va a caer, eso lo tengo claro.

Hasta que llegue ese momento, hablemos de «La bruma verde». Planeta lo define como un «thriller ecológico».

O ecothriller que es aún más sofisticado. La novela tiene una parte de recorrido vertiginoso y de asesinatos y otra serie de cosas por lo que podría decirse que es un thriller pero yo la catalogaría de aventura donde el componente ecológico está muy presente en la trama.

¿Cómo se gesta «La bruma verde»?

Hace tres años conocí a una persona que estaba trabajando en el Congo y me contó su aventura, sus problemas y sus frustraciones. Al escucharla, se me revolvieron las tripas en el sentido de que ahí había una historia preciosa que contar. Empecé a leer sobre la situación actual del Congo y, cuando lo tuve claro, escribí esta historia que es muy bonita pero también muy dura. Un relato que genera contradicciones porque hablamos de unos de los paraísos más hermosos de la tierra pero, a la vez, un lugar violento y corrupto.

Pasan los siglos y, lamentablemente, África sigue siendo explotada.

Explotada por occidente en general porque antes era Europa quién se aprovechaba y ahora es China, Rusia, Estados Unidos, Canadá y otros países los que la están expoliando. Yo lo que conozco es el Congo y mi conclusión es que su pecado es que es muy grande y el gobierno no llega a casi nada ya que la mayor parte del territorio es selva y no se puede acceder y, a lo mucho que no llegan, llegan las mafias de los mineros, los milicianos, los matones o empresas sin escrúpulos y se establecen allí. Es una barbaridad ...

¿Qué buscaba con esta historia?

Que la gente haga la maleta conmigo y durante los días que lea el libro, tenga una experiencia sensorial muy potente ya que va a respirar y oler selva, ver cómo se mueve un clan de chimpancés y luego están los personajes que tienen unas vidas muy potentes y unas personalidades muy adictivas.

La novela conciencia antes que denuncia.

Desde luego que sí. En esta novela hay varias visiones; una de ellas es la occidental, la clásica, de la que he intentado huir. El personaje principal es africano, y eso es novedoso, y el otro personaje es el de una mujer española con éxito, hecha a sí misma con todo lo que lleva detrás de sacrificio brutal y de tener que demostrar mucho más que los demás, pero que llega a un país como ese y empieza a preguntarse que está pasando allí y quiere buscar soluciones.

¿Busca, como una de las protagonistas, que el lector se replantee el sentido de la vida?

No sé si tanto. Cuando ahondas en los personajes de una novela y ellos te van contando cosas y experiencias vitales, la tentación es identificarte con alguno de ellos pero no sé, quizás no era mi primer objetivo. Lo que sí buscaba era que el lector disfrutara mucho de la lectura y que se enamorara de personajes como Bineka que llega a vivir con chimpancés y que, por su debilidad física y fortaleza interior, es con el que más creo se empatiza.

Usted vendió miles de libros y alcanzó la popularidad con «El sanador de caballos», ¿qué cree que le aportará ahora el ganar el Premio Fernando Lara?

Te cuento primero por qué me presenté. Esta novela se sale mucho de mi registro habitual y cuando la terminé me daba un poco de pavor. Le planteé a mi editora que me gustaría presentarla a un premio porque veía que, de ganar, se abriría mucho más la posibilidad de tener lectores que no son los que podíamos decir míos. Y ese fue el motivo. Si no hubiera ganado, seguramente, también lo hubiera editado la editorial pero bueno... un buen día me llamó Fernando Delgado y me dio la gran noticia de que por unanimidad el jurado me daba el premio.

Le debe reconfortar saber que, en este nuevo registro, también conquista al lector.

Desde luego que sí. Soy un recién llegado y no me puedo quejar porque soy veterinario y publiqué con 58 años. Es verdad que un reconocimiento de este etilo viene a ser un respaldarazo a la decisión de embarcarte también en las letras. Lo que pasa es que, en un año como este, no se saborea igual y todo se empaña un poco porque está siendo un año horroroso para todos y me siento un poco raro sintiéndome alegre.

La pandemia le impedirá tener contacto directo con los lectores.

Y eso me duele. A penas he firmado novelas. Pero hay tanta gente en ese país que lo ha pasado y lo esta pasando tan mal que esto es lo de menos.

¿La próxima novela será sobre el Tribunal de las Aguas o tiene otra en mente?

Más que una idea tengo una obligación. Antes habrá otra porque tengo un compromiso con un amigo de León que, enfermó de coronavirus y le dije que, cuando saliera de ello, haría una historia de su pueblo, en Cantabria. Se lo prometí y lo voy a cumplir. La del Tribunal de la Aguas también la haré.

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