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Los retos de Enguita en el IVAM

La gestora, exdirectora de Bombas Gens, defiende «trabajar más la proximidad y también la globalidad»

Nuria Enguita, directora
del IVAM.  levante-emv

Nuria Enguita, directora del IVAM. levante-emv

La directora del Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM), Nuria Enguita, cumple sus primeros cien días en el cargo y defiende la necesidad de «recuperar la presencia de los museos en la sociedad», en un momento además como el actual en el que, asegura, el movimiento de los barrios y la ciudad cuidadora es fundamental.

Enguita, licenciada en Historia y Teoría del Arte y experta en arte contemporáneo, vuelve 22 años después al lugar donde inició su trayectoria profesional como conservadora del museo y que ha marcado sus posteriores trabajos, entre ellos en la dirección artística de la Fundación Antoni Tàpies de Barcelona y de Bombas Gens en València, con la sensación de asumir un «reto muy importante»: consolidar su internacionalización y vertebración territorial.

«El mundo ha evolucionado, se ha ensanchado, se ha hecho más pequeño pero también más grande», reflexiona Enguita, «cuestiones que han ocurrido en los últimos 30 años y que están en este museo y en nuestras vidas».

De sus inicios en el IVAM de la mano de Vicent Todolí, que fue después director de la Tate Modern de Londres, y de Carmen Alborch, rememora que era el momento de efervescencia ante el impulso de un museo nuevo y considera que «el pasado hay que tenerlo siempre en cuenta, porque no podemos pensar el presente ni mirar al futuro sin el pasado».

A su juicio, hay que recuperar la presencia que tenía el museo en sus inicios, que sea «una referencia» y ocupe un lugar importante en la estructura de la sociedad, y para ello apuesta por «trabajar más la proximidad y también la globalidad».

La pandemia, añade, plantea además nuevos retos y «si hace un año se hablaba de agotamiento, ahora hay una verdadera crisis que ha cambiado nuestra mente completamente».

En cuanto a la gestión de los museos, Enguita defiende que son lugares seguros «porque tradicionalmente se ha venido a contemplar y se puede venir solo», y considera que hay que potenciar también el entorno virtual porque la crisis sanitaria ha demostrado que «la conversación, el pensamiento y el debate sobre el arte puede ser telemáticos» y crear relaciones muy interesantes y cercanas.

La crisis sanitaria, agrega, ha sacado de nuevo a la luz la importancia de lo local, del movimiento de los barrios, de «la ciudad cuidadora y la ciudad de los quince minutos» y de ir hacia la sostenibilidad. «Los museos que están posicionados localmente ahora mismo tienen una gran ventaja, mientras que los que han dependido de la movilidad global han sufrido más la crisis», asegura Enguita.

El movimiento «doble»

Nuria Enguita plantea un «movimiento doble», cercano y lejano, local y global; también, la necesidad de «ser específico, aportando algo más, en su colección, en su forma de trabajar, y creo que el IVAM siempre lo ha sido», señala. Así lo demuestran sus fondos, que se han convertido en fundamentales y en un referente internacional para exposiciones de ciertos autores y épocas, y ahí está la conjunción entre lo «internacional y local», asevera.

Enguita rehuye del concepto de las ciudades «franquicia» de los grandes museos internacionales. «El IVAM no puede ser ni debe ser una franquicia porque tiene una identidad propia en la Comunitat y tenemos que contar un relato que no es el del Reina Sofía, que es un museo nacional», y trabajar en «nodos».

Preguntada sobre el hecho de que siga habiendo tan poca presencia de mujeres en la dirección de grandes museos, nacionales e internacionales, señala que no deja de ser un reflejo de la sociedad. En las artistas y el desarrollo de su carrera artística «es mucho más evidente», lamenta.

Ahora bien, asegura que, como en su caso, las oportunidades de llegar a cargos de responsabilidad en espacios culturales son ahora las mismas, en la presentación a concursos y en los jurados, donde hay «cierta paridad». «Pero no soy tan ingenua, todavía hay mucho camino para hacer, lo llevamos en la piel y costará mucho tiempo cambiar», concluye.

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